sábado, 9 de agosto de 2014

Reporte del avance de obra en la restauración de la parroquia

El pasado 7 de agosto, el arquitecto Lázaro González Frutis, responsable de las obras de restauración que se realizan actualmente en la parroquia de Aculco, me envió un reporte del avance de estos trabajos. Aunque breve y sucinto, resulta muy interesante para conocer la forma en la que se está llevando a cabo esta restauración, así como los problemas a los que su equipo se ha enfrentado a lo largo del proceso. Para que los aculquenses tengan acceso a este reporte, me permito transcribirlo incluyendo las fotografías que aparecen en él, así como algunas que yo mismo tomé hace pocas semanas.

Como siempre, agradezco al arquitecto González Frutis su permanente disposición para informarme de esta obra.

REPORTE FOTOGRÁFICO DEL AVANCE DE OBRA DE LA RESTAURACIÓN DE LA FACHADA PRINCIPAL Y CONSOLIDACIÓN ESTRUCTURAL DEL PRESBITERIO, MUROS LATERALES NORTE Y SUR DEL TEMPLO DE SAN JERONIMO, EN ACULCO DE ESPINOZA, ESTADO DE MEXICO.

Al inicio del proyecto, se inició la preparación de los insumos que se iban a utilizar en la obra, tales como la cal en piedra, arena de río, y baba de nopal. Para apagar la cal se adecuo en la parte norte del predio una artesa, donde alguna vez se ubicó la capilla de la tercera orden, y se cubrió con plástico transparente calibre 600, con el propósito de evitar la infiltración de las aguas pluviales. Esta fue cribada mediante malla de mosquitero, para evitar que las “palomas” se aglutinaran con los aplanados, teniendo sumo cuidado de que el nivel de la cal, estuviera siempre bajo el agua. La arena fue extraída del rio Ñado, el cual está cerca de la población y fue colocada sobre plástico para evitar su contaminación, una vez que fue asoleada, se cribó en malla de mosquitero para el repellado y la arena fina fue cribada con bolsa de mandado.

El plan de trabajo planteado al inicio del proyecto cambio al observar las condiciones de estabilidad estructural en el paramento exterior del presbiterio, en donde se observaban grietas importantes ocasionadas probablemente, por movimientos telúricos. Por lo anterior, las labores de intervención se concentraron en este frente de trabajo, debido a la urgente necesidad de recuperar su capacidad de trabajo, realizando para ello el siguiente procedimiento:

Una vez que se terminó de colocar el sistema de andamiaje a la altura requerida, se procedió a retirar el material base suelto en los labios de las grietas, (piedra rosa de cantera) y/o su capacidad de trabajo, a base de cincel fino y maceta, teniendo sumo cuidado de no afectar sus elementos colindantes. Sin embargo cuando se retiraron las piedras de cantera, se localizaron grandes oquedades en los muros que casi atravesaban todo su espesor (aproximadamente 1. 20 cm), por lo que la realización de los trabajos, tardaron más de los previsto.

Para consolidar el núcleo, se retiró todo el material suelto de las oquedades, tanto en el sentido vertical como horizontal, posteriormente se reintegró el material base (piedra local de cantera), teniendo sumo cuidado de entrelazar las piezas, asentadas a base de cal apagada en obra, arena de rio en proporción 1:1 y la suficiente baba de nopal hasta lograr maleabilidad y de rellenar las oquedades a base de fragmentos de piedra de cantera y de lechada de cal arena.

Este mismo sistema de inyección se llevó a cabo en las grietas localizadas en el paramento exterior del muro norte, en donde también se localizó un arbusto de medianas dimensiones. Cabe mencionar que al descubrir las grietas se pudo cotejar su verdadera forma y magnitud, las cuales fueron de mayores dimensiones de lo que inicialmente se habían observado, por lo cual, los trabajos se postergaron más de lo que inicialmente se había planeado.

Una vez concluidos los trabajos de estabilización en las grietas, se procedió a intervenir la fachada principal del templo, colocando primeramente el sistema de andamiaje, hasta alcanzar la altura del imafronte. Posteriormente se procedió a eliminar toda presencia de hongos, líquenes y microorganismos a base de un cepillado en seco con escobeta de raíz, teniendo sumo cuidado de no afectar la superficie con el tallado. Posteriormente se procedió a lavar la superficie a base de una solución de agua con jabón de chía, tal como se nos especificó en la licencia del INAH Estado de México, especialmente en las manchas oscuras y microorganismos en donde no se hubieran eliminado. Asimismo, se tuvo especial cuidado en limpiar las tapas de las molduras horizontales que dividen los cuerpos, ya que es estos elementos se acumulaba residuos de polvo, basura y de microorganismos.

Posteriormente se procedió a liberar las juntas que habían perdido su capacidad de trabajo, o que eran demasiado anchas, a base de cincel fino y maceta con golpes rasantes y teniendo sumo cuidado de no afectar la estabilidad del inmueble.

Al mismo tiempo que fueron realizados los trabajos de estabilización estructural en el presbiterio, muros laterales norte y sur se trabajó en el extradós de la cubierta de la planta alta del portal de peregrinos. Los daños que presentaban el extradós de la bóveda catalana, consistían en una fractura longitudinal ocasionada probablemente por los asentamientos del terreno. Para intervenir este grave deterioro primero se realizó la liberación de los ladrillos que se encontraban fracturados, a base de cincel fino y maceta a base de golpes rasantes, teniendo cuidado de no afectar su estabilidad estructural. Posteriormente se liberó parte del relleno que había perdido su capacidad de trabajo, para posteriormente reintegrarlo a base de cal apagada en obra, fragmentos de tezontle, residuos de cal y la suficiente baba de nopal, para lograr su maleabilidad adecuada.

Finalmente se reintegró el ladrillo de barro rojo recocido con en el área donde antes existió la grieta longitudinal, debidamente tratado a base de una solución hidrofugante de wackker 290, con aromina natural en proporción 1:13.

A T E N T A M E N T E :

MTRO. EN ARQ. LAZARO GONZALEZ FRUTIS

RESPONSABLE DE LOS TRABAJOS

Av. Álvaro Obregón No. 230 Int. 13 Col. Roma Norte, Delegación Cuauhtémoc, México, D. F. Tel. (01 55) 5912 5062 Cel. 55 4494 6610

ACTUALIZACIÓN: 25 de agosto de 2014.

Algunas fotografías más de la obra. Las primeras son del propio Lázaro Gonzáles Frutis:

 

Y éstas son de mi primo Octavio:

domingo, 3 de agosto de 2014

La otra alberca

Seguramente muchos de los lectores de este blog recordarán que hace quizá unos ocho o nueve años fue derribado cierto tramo de una barda de piedra blanca de la calle Corregidora, justo en el sitio que cierra la brevísima calle de Comonfort. El Ayuntamiento pretendía, se dijo entonces, construir en ese sitio el nuevo mercado público, pues los propietarios de aquellas tierras estaban dispuestos a donar una parte de ellas al municipio. Al cabo, el nuevo mercado no fue construido allí, sino aledaño al anterior, en un sitio sin duda más adecuado, donde fue inaugurado por el gobernador Enrique Peña Nieto en mayo de 2007.

Pero la barda derribada en la calle Corregidora se quedó así, con completa negligencia, hasta hace apenas unos meses cuando finalmente fue repuesta. A pesar del mal aspecto que daba al transitar por ese punto, sobre todo por haberse convertido el terreno inmediato en excusado y basurero durante esa larga temporada en que careció de barda, la vista libre de obstáculos hasta el río resultaba sin duda agradable desde un poco más lejos, desde lo alto de la calle Comonfort. Y, para quienes con curiosidad se acercaron por ahí, brindó además la poco frecuente oportunidad de mirar lo que queda de un inmueble casi desconocido: la alberca que con fines recreativos construyó don Evodio Ángeles a principios de la década de 1950.

Hay que recordar que en ese entonces la alberca pública, la principal, guardaba todavía su aspecto antiguo, es decir, se trataba aún del rústico depósito de agua de tiempos coloniales cavado directamente en la roca, en el que crecían plantas acuáticas y medraban tortugas, pequeños peces y acociles, como puede verse en este post. Don Evodio excavó la suya de forma muy parecida a aquélla, aunque ciertamente de dimensiones menores, aprovechando el solar en que se encontraba uno de los muchos "baños" que existieron sobre la calle Corregidora. El agua provenía de los mismos manantiales que surtían a la alberca municipal, pues sus excedentes corrían por una acequia a través de los baños que se prolongaba por la calle de La Arena (hoy Matamoros) hasta más allá del puente Colorado.

El propietario agregó una novedad con la que no contaba la vieja alberca: una serie de vestidores construidos en la misma piedra blanca, ubicados en todo el costado norte de la misma.

Parece ser que nunca llegó a concluirse por completo esta otra alberca, y mucho menos a ofrecer servicio al público mediante una cuota, como era intención de don Evodio. Quizá ello se debió a que tenía la gran desventaja de que la alberca municipal era gratuita y que la nueva no ofrecía en realidad grandes novedades. Es más, por su poca anchura y al encontrarse inmediata a la gran barda de piedra blanca de la calle Corregidora, es muy probable que pasara buena parte del día a la sombra, sobre todo por la declinación al sur del sol en los días más fríos del año. Y, por añadidura, en 1954 don Alfonso Díaz de la Vega reconstruyó la alberca principal de manera nada modesta, dándole las dimensiones y aspecto actual, contra lo que no cabía ya competencia.

Así pues, la alberca de don Evodio quedó prácticamente en el abandono desde hace más de medio siglo. El agua estancada, los grandes árboles creciendo desordenadamente, tepozanes rompiendo los muros, cuartos destechados y caídos, botellas, basura y grafiti dan testimonio de esta incuria. Es una verdadera lástima que sea así, no sólo porque se trata de un testimonio material, aunque indirecto, del aspecto que tuvo la alberca antigua (y que de haber conservado la convertiría en atractivo histórico único), sino por su propio valor como uno de los componentes más interesantes del importante sistema de almacenamiento, uso y conducción hidráulica del viejo Aculco.

domingo, 20 de julio de 2014

Contra rayos y tormentas

En estos días de lluvia abundante, de rayos y alguna granizada, posiblemente varios lectores de este blog se habrán llevado un susto por algún trueno repentino, aunque después el miedo termine en risa. Pero si bien hoy sabemos cómo hacer menos probable el recibir un rayo, todavía son muchas las personas que mueren cada año por esta causa, especialmente en el campo donde no hay pararrayos, donde la única protección contra la lluvia suelen ser los árboles y donde, con descuido, no falta quien decida utilizar una pala o un pico en medio de una tormenta eléctrica.

Tal vez los padres o abuelos de algunos de ustedes les contaron acerca de algunos rayos que cayeron en el centro de Aculco hace muchos años. Por ejemplo, aquél que cayó en el gran fresno del atrio de la parroquia y dejó su huella en la corteza, aunque el árbol no sufrió mayor daño y siguió frondoso hasta que en 1985 lo derribó el viento dejando sólo el muñón que existe hoy. Pero en tiempos mucho más antiguos, estamos hablando de la época virreinal, las tormentas, rayos y truenos que las acompañaban eran causa de verdadero terror entre la población.(0) Fray Juan Agustín de Morfi, viajero que pasó por tierras aculquenses en 1777, escribió sobre esto cuando visitó la cercana hacienda de Arroyozarco:

Observé que el adorno de la sala se componía de las imágenes de aquellos santos que veneramos por abogados contra los rayos, pregunté y se me dijo que el lugar padecía este trabajo con frecuencia, y que pocos días antes habían muerto cuatro personas a su impulso. (1)

Lo interesante aquí es que tales "imágenes" (con mayor exactitud, pinturas) de las que habló Morfi se conservan todavía, colocadas actualmente en los muros de la parroquia de Arroyozarco, antes capilla de Nuestra Señora de Loreto, y resultan además, por ciertos elementos de su iconografía, excepcionales en esta región.

Se trata de una serie de cuatro óleos que muestran, sobre un fondo de cielo cubierto de nubes, las efigies a medio cuerpo de otros tantos santos, bajo las que se encuentra en una tarja o cartucho una escena de su vida, dentro de un óvalo con un enmarcamiento barroco. El único de ellos que lleva una filacteria que permite identificar directamente al personaje es san Donato Mártir, pero los atributos de los otros, sumados a dichas escenas particulares, permiten identificarlos con bastante facilidad: santa María Magdalena, Santa Bárbara y San Isidro Labrador. Por sus características formales, se puede establecer que estas obra pertenecen al siglo XVIII, posiblemente al tercer cuarto de esta centuria. Me parece a mí que son obra de un pintor de buen pincel cuya firma aparece en el óleo de San Donato (que no he podido interpretar)**, al parecer un seguidor de Miguel Cabrera o José de Ibarra que no alcanza la maestría de estos artistas. Pese a ello son pinturas muy estimables, tanto por su trazo como por su colorido y composición.

El cuadro de San Donato lo muestra vestido a la romana, con el subarmalis y la loriga propias de un militar, pues según la tradición este mártir del siglo II había sido soldado de la Legión Fulminata (fulminata en latín significa relámpago). Lleva las manos en actitud de orar, la vista dirigida al cielo, del que descienden dos querubines con los atributos del martirio: la corona y las palmas. La escena menor lo muestra de pie, con la diestra hacia un cielo tormentoso del que caen rayos. Descubierto el sepulcro de san Donato en las catacumbas de Roma en el siglo XVII, sus reliquias fueron trasladas con gran solemnidad a Münstereifel, Alemania, el 30 de junio de 1652, día en que se colocó la primera piedra del colegio jesuita de la ciudad. Desde entonces fue un santo especialmente venerado por los jesuitas y por ello no es raro encontrar su imagen en Arroyozarco, que como sabemos perteneció al Fondo Piadoso de las Californias bajo administración de la Compañía de Jesús. Un curioso relato del que no he podido encontrar más que la versión en alemán (y por ello ofrezco disculpas por adelantado si me equivoco en algún detalle) narra que el día de la traslación de las reliquias se formó una terrible tormenta sobre Münstereifel y el sacerdote celebrante se encomendó al propio san Donato. Entonces cayó un rayo sobre él que lo dejó maltrecho y medio quemado, especialmente en los pies y el pecho, pero salvó la vida. Así quedó establecido como abogado contra las descargas eléctricas.

El óleo de San Donato me parece a mí el de mejor calidad entre todos. Dado que es aparentemente el único firmado, veo posible que se deba al pincel del maestro pintor y los otros a los oficiales de su taller. O incluso pudo precederles mucho en el tiempo y quizá fue pintado como obra independiente. Su composición deriva directamente de modelos pictóricos de Europa noroccidental, como el que mostramos arriba, que se encuentra en Zwevegem, Bélgica, difundidos a través de grabados. Nótese en las imágenes anteriores las grandes semejanzas en la actitud y aspecto del santo, los ángeles y atributos que portan, así como la filacteria y la cartela en la parte inferior. Incluso las águilas en el último grabado. Resulta evidente que el modelo de San Donato sirvió no sólo para pintar el cuadro arroyozarqueño, sino que también influyó en la composición del resto de la serie.

La imagen de Santa Bárbara la representa con corona, pues esta virgen y mártir era hija de Dióscoro, rey que gobernaba en la región de Nicomedia en Asia Menor. Lleva en la mano derecha la palma del martirio y dirige la vista hacia lo alto, de donde descienden dos ángeles que llevan un cáliz, atributo de la santa que representa su conversión al cristianismo. En la escena de la parte inferior se representa su martirio, con la torre donde su padre la encerró (que tiene tres ventanas que ella mandó abrir para representar a la Trinidad) y a este mismo degollándola. Después de asesinarla, cuenta la leyenda, un rayo mató al padre. Por esa razón se convirtió en protectora contra ese tipo de muerte y seguramente muchos de ustedes habrán escuchado la jaculatoria que dice santa Bárbara doncella, líbranos del rayo y de la centella, o alguna de sus variantes.

San Isidro Labrador está retratado con ropa renacentista (aunque el santo vivió en la Edad Media, en el siglo XI), con jubón acuchillado, gorguera discreta y capa. Tiene tras él una aguijada, instrumento que servía para azuzar a los bueyes que tiraban del arado y que revela su ocupación de labrador. El ángel al que dirige la mirada no lleva atributos. En la escena menor se observa al santo en actitud de orar, de rodillas en una roca, viendo a un par de ángeles que conducen una yunta en su lugar (lo que sucedía, según la tradición, cuando san Isidro visitaba las iglesias de Madrid, su tierra natal). Por ello se convirtió en patrono de los agricultores y por extensión del campo, de los animales de labor, y de las lluvias buenas y malas. Todos conocemos la invocación contra las tormentas que reza san Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol.

Finalmente, santa María Magdalena está pintada como una mujer joven, con el pelo suelto, la mano derecha sobre el pecho y la izquierda sosteniendo un vaso de perfume. Esto porque, recordemos, a la Magdalena se le relacionó desde la Edad Media con la mujer anónima que según los Evangelios ungió los pies de Jesús con perfume y los enjugó con sus cabellos. Tanto los atributos que porta el querubín en la parte superior -un cráneo y una disciplina- como la escena incluida en el cartucho provienen no del Nuevo Testamento, sino de relatos posteriores, en particular de La Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine, escrita en el siglo XIII. Narra esta recopilación de vidas y milagros de santos que, después de ser expulsada de Judea junto con otros discípulos de Cristo y de arribar milagrosamente a Marsella, la Magdalena se retiró a la cueva de La Sainte-Baume, donde llevó una vida de penitencia los siguientes 33 años. Así pues, la pintura de Arroyozarco nos la muestra en su vida como eremita: arrodillada a la entrada de la cueva, con unas rocas al frente donde se ven una calavera, un libro y un crucifijo. Al fondo se esboza apenas un hermoso paisaje con montañas y árboles. La inclusión de María Magdalena en este ciclo de pinturas de santos abogados contra rayos y tormentas es un poco más difícil de justificar; sin embargo, no faltan relatos de milagros en que la intercesión de esta santa libró a sus devotos de tempestades, en particular las marinas. Tal fue el que cuenta Isidoro de Gelves en su Historia de la conversión de María Magdalena:

[El cardenal Francisco Barberini] viéndose precisado a salir de Roma después de la muerte de Urbano VIII, para huir de la persecución que se suscitó contra los de su casa, se embarcó de noche en un barco de pescadores; pero habiéndose levantado una furiosa tempestad, y conociendo los marineros que el naufragio era evidente, recurrieron a su Eminencia [...] porque el naufragio era inevitable, si el Señor no aplacaba la tormenta. Al oír este prelado la relación que le hacían los marineros del peligro que los amenazaba, lleno de fe y confianza sacó un relicario que era de su tío Urbano VIII, donde traía uno de los dedos de santa María Magdalena. Y metiéndolo en el mar, pedía a esta incomparable santa que intercediese por ellos [...]. Apenas concluyó esta oración, cuando cesó la tempestad repentinamente. (2)

Hasta aquí, la serie llama la atención por reunir bajo una composición semejante a santos a los que rara vez se les ve juntos, incluso alguno como san Donato que creo es muy poco representado en el arte español y novohispano. Pero su relación con la protección contra los rayos podría calificarse de débil en los casos de san Isidro y santa María Magdalena, y casi me atrevería a decir que forzada más por las palabras de Morfi que por la tradición. Pero hay en cada uno de estos cuadros un par de elementos que todavía no he mencionado y que resultan definitivos: las águilas que sostienen las tarjas y que llevan cada una en una de sus garras un haz de rayos flamígeros.

Se trata de una representación cuyo origen se encuentra en el mundo grecolatino, pues el águila simbolizaba a Zeus (Júpiter para los romanos) y los rayos o a veces flechas ígneasque reúne en un haz en su garra, representan los rayos con los que el dios castigaba a los hombres. En las monedas antiguas con frecuencia aparecía un águila con tales características. Esta representación pagana pasó a la Europa cristiana representando tanto el poder y la justicia de Dios como los de los monarcas:

El águila fue asociada, en los textos de la Antigüedad, a Zeus-Jú­piter como su atribu­to; en otras ocasiones inclu­so identificándose con él. Zeus había recibido los rayos de los cíclopes al liberarlos del Tártaro, obteniendo así el dominio sobre el cielo y sobre los dioses y los hombres como rey. Ambos atribu­tos del dios, el águila y los rayos, servían para identificarle. El águila, además, según Plinio, era la única ave que jamás había sido aniquilada por los rayos y por tanto la única que podría portar las armas de Jú­piter. (3)

Así, estas águilas representan al mismo tiempo la protección de Dios -la propia águila que no sufre con los rayos, sentido con el cual se pintó un águila semejante portando el escudo de la arquidiócesis de México en una de las pinturas de Cristóbal de Villapando en la sacristía de la catedral metropolitana- y la justicia divina -las flechas- que supone también el justo castigo:

Nótese, pues, que el águila se apellida armadora de Júpiter, aludiendo a la ficción gentílica, que con rayos en la mano pintaba a este fabuloso Dios, y que los arroja a quien y como quería. Más al águila, o a los que acudían a su amparo, jamás hería. La razón ya la apuntamos, diciendo que el águila llevaba las armas de Júpiter. Más dejando lo fabuloso, el verdadero Dios es Cristo, que con rayos en la mano amenaza al mundo, cuando truena y relampaguea. (4)

En los libros de emblemas, que los artistas de la época solían utilizar para extraer símbolos que incorporaban a sus obras, el águila y los rayos aparecen con relativa frecuencia. Por ejemplo, en las Empresas morales de Juan de Borja se muestra el águila jupiterina dentro de un marco renacentista (que recuerda a los que rodean las escenas menores de las pinturas arroyozarqueñas), con el lema "DIVINAE VINDICTAE", que significa "de la venganza divina", haciendo alusión a la justicia punitiva de Dios. En el sentido de la protección, en la misma obra de Borja aparecen unas alas de águila acompañadas del haz de rayos y la leyenda "PROCVL" que significa "lejos".

Estos emblemas de águilas no dejan ya duda de la intención de la serie pictórica de Arroyozarco: se trata de un conjunto de obras encargadas con la intención explícita de servir a los feligreses para rogar a los santos incluidos en ella su intercesión ante Dios para que los librara de los rayos, vistos como arma de Dios para ejecutar su justicia. Significativamente, la única águila que no lleva el haz de rayos en la garra es la izquierda del óleo de santa Bárbara (la otra del mismo cuadro no es visible por el deterioro), que en cambio dirige su mirada al interior del cartucho, pues ha soltado ya el rayo que castigará al padre de la mártir.

NOTAS

** Las iniciales que parecen ser "F M P" podrían aludir a Francisco Martínez, del que se ha escrito que no era tan original como pintor aunque muy activo y polifacético, fue también ensamblador y dorador, y solicitado retratista, en particular de monjas coronadas.

(0) Hacia fines del siglo XVIII se acostumbraba en Arroyozarco que en época de lluvias un sacerdote recorriera los campos con el administrador de la hacienda para conjurar las tormentas y granizadas. En un caso por demás curioso, don Manuel de Flon, después primer intendente de Puebla y uno de los más feroces enemigos de la insurgencia en 1810 y 1811, escuchó esta explicación en 1786 de boca de del entonces administrador, Alfonso Ramón Barturen, y se burló de ella, diciéndole que eran tonterías supersticiosas ya que eran eventos naturales y no podían evitarse por medio de "encantamientos". Incluso le mostró un aparato eléctrico para subrayar su punto. Lejos de convencerse y notando la aversión de Flon hacia los sacerdotes, por lo que lo denunció a la Inquisición. Taylor, William B., Theater of a Thousand Wonders: A History of Miraculous Images and Shrines in New Spain, Cambridge Latin American Studies, 2016, p. 119. Por otra parte, los libros parroquiales de Aculco conservan el registro de un hombre, Juan Francisco, marido de Victoria Anna, al que mató un rayo mientras estaba en la torre del templo tocando a rogativa las campanas, el 12 de julio de 1707.

(1) Fray Juan Agustín de Morfi. Viaje de indios y diario de Nuevo México, Porrúa, México, 1935, p. 29

(2) Isidoro de Gelves. Historia de la vida de Sta. María Magdalena, Imprenta de Benito Cano, Madrid, 1786, p. 203-205.

(3) Inmaculada Rodríguez Moya, "El llanto del Águila Mexicana: los jeroglíficos de las reales exequias por la reina Bárbara de Braganza en la Catedral de México", en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, vol. XVIII, no. 88, primavera, 2006, México, UNAM, p. 131-132.

(4) Fray Jaime Barón, Remedio universal de todas las necessidades y trabajos: el rosario de Maria Santísima, madre de Dios y de pecadores, Tomo I, Zaragoza, Imprenta Real de Luis de Cueto, 1732, p. 214.