domingo, 18 de mayo de 2014

La remodelación del Teatro Municipal

Entre los temas que dejé de comentar durante mi ausencia de este blog está la remodelación del Teatro Municipal, llevada a cabo en 2012, a fines de la administración encabezada por el presidente municipal Marcos Sosa Alcántara.

Este inmueble forma parte del conjunto de la actual Casa de la Cultura -la antigua escuela Venustiano Carranza edificada en 1947- y en su origen fue concebido para cumplir al mismo tiempo una doble función: auditorio de la propia institución educativa y teatro-cine para el público en general. Adosado al costado oriente de la escuela, su fachada principal mira a la calle del Pípila, una vía secundaria pero con gran valor patrimonial, especialmente en ese tramo. Su autor fue el ingeniero Armodio de Valle Arizpe, hermano del famoso cronista de la ciudad de México, Artemio de Valle Arizpe, y constructor de numerosas obras públicas en el Estado de México, como el Monumento a la Bandera en la ciudad de Toluca. Aunque aquel monumento lo construyó en 1941 en un sobrio estilo Art Déco, para el edificio aculquense eligió sabiamente un estilo neocolonial con reminiscencias barrocas y materiales propios de la arquitectura tradicional del lugar, como la piedra blanca y la cantera rosa.

El teatro naturalmente sobresalía por su altura respecto de los inmuebles vecinos, todos de una sola planta, y por encima de la propia escuela. El ingeniero De Valle Arizpe, antes que intentar disimular su elevación, la hizo resaltar aún más con una bella cornisa de piedra blanca con perfil mixtilíneo que corona su azotea por los cuatro costados. Por el contrario, su fachada se ejecutó con gran simplicidad y, más allá de los resaltes de los tres arcos que enmarcaban el acceso principal y dos ventanas a sus lados, no mostraba ornamentación alguna. Algo raro si se compara con la fachada de la escuela, con ventanas enmarcadas en cantera blanca y un gran acceso de cantera rosa que evoca las formas del siglo XVIII. Personalmente, siempre me pareció que había algo de inconcluso en ella, como si los recursos destinados a su construcción se hubieran agotado antes de poder darle un acabado más digno.

Su interior, más que simple, resultaba pobre: la entrada enrejada daba acceso a un pequeño vestíbulo al que se abrían dos puertas por las que se entraba al salón principal, que en suave declive llegaba hasta el proscenio; más allá de alguna molduración en los canecillos simulados en las vigas de concreto, el sitio carecía de toda ornamentación.

La remodelación efectuada en 2012 incluyó tanto el exterior como el interior del teatro. En su fachada principal, los resaltes de concreto fueron sustituidos por otros de cantera laminada que siguen el mismo trazo que tuvieron aquellos: tres arcos rebajados apoyados en pilastras-jambas sobre un pedestal ligeramente más ancho y moldurado. Por encima del acceso principal se colocó un escudo municipal también de cantera, orlado con la leyenda "TEATRO MUNICIPAL H. AYUNTAMIENTO 2009-2012". A sus lados, sobre la clave de los arcos que cobijan las ventanas, se colocaron sendos faroles de agradable factura. La reja del acceso principal también fue renovada, agregándole mayor ornamentación y, principalmente, un gran escudo nacional de lámina calada al centro de la composición.

En el vestíbulo, los accesos al salón fueron enmarcados también con cantera laminada, lo mismo que la entrada a los baños. Se les colocaron puertas de madera entablerada y labrados con formas florales. Una placa de cantera con el escudo municipal y el logotipo del CONACULTA conmemora aquí mismo la "rehabilitación" del teatro en octubre de 2012.

Al interior del salón principal, los páneles de madera de los muros, antes cubiertos de pintura blanca, fueron retocados y se les dio color de madera oscura. Se colocó nueva iluminación con lámparas colgantes y se colocaron balaustres de madera a las escaleras que acceden al proscenio. El arco de éste fue forrado también en madera. Se conservaron las viejas butacas de la década de 1940. El piso fue cambiado por losetas de cerámica comercial.

Probablemente se debió estudiar más la intervención en un inmueble como éste, obra de uno de los constructores más importantes del Estado de México a lo largo de cuatro décadas. Sin embargo, desde el punto de vista estético el resultado es muy agradable gracias al color de la cantera, su colocación cuidadosa y el reemplazo de elementos sin gran valor -barandillas, pisos, lámparas, puertas- por otros más acordes con la arquitectura neocolonial del edificio. La nueva reja, cuyo escudo nacional me parece evoca los viejos teatros de pueblo construidos durante el Porfiriato, en años cercanos al centenario de la Independencia, es también una curiosa muestra de arte popular, naïf, realizada con herramientas industriales, que a mí en lo personal me gusta. Sin duda, el nuevo aspecto del Teatro Municipal de Aculco es un acierto.

sábado, 10 de mayo de 2014

Un fallido Monumento a la Madre

A mediados del año de 1945, por iniciativa de don Mateo Espinosa -hermano de don Ignacio, el accionista del ingenio de San Cristóbal que se convertiría en epónimo de la cabecera municipal- se realizó una solemne ceremonia de colocación de la primera piedra de lo que habría de ser un Monumento a la Madre. El proyecto y estudio le habían costado, según palabras del propio don Mateo, entre 300 y 500 pesos, y los había realizado "el arquitecto Contreras". Quizá se refería Carlos Contreras, afamado urbanista que ya para esos años se había retirado del servicio público -en que se desempeñó brillantemente- y ejercía de forma privada.

La celebración del Día de las Madres había iniciado en nuestro país el 10 de mayo de 1921, por iniciativa del director del periódico Excélsior, Rafael Alducin, y tuvo una gran aceptación que se fue extendiendo paulatinamente desde la ciudad de México hacia todo el país. Años después, en 1944, bajo el gobierno del presidente Manuel Ávila Camacho, se decidió construir un Monumento a la Madre en la capital de la República, que sería inaugurado el 10 de mayo de 1949 por su sucesor, el presidente Miguel Alemán. Naturalmente, la iniciativa se replicó en muchas de las ciudades de México en aquella década y las siguientes; en el caso particular de Aculco, parece haber sido uno de los primeros esfuerzos, sobre todo tratándose de un municipio pequeño, por contar con un monumento de esta índole.

El punto escogido para el monumento se ubicaba en lado sur del atrio de la parroquia. Mas no a todos parecía aquél el mejor sitio para levantarlo. Ya en junio de ese mismo año don Napoleón Lara escribió a don Mateo Espinosa para comentarle el costado oriente de la Plaza de la Constitución podría ser un lugar más adecuado. Opinaba que no era conveniente edificar el monumento en lo que todavía entonces era un cementerio, entre lápidas, cruces y construcciones funerarias de todo tipo. La opinión del párroco Pbro. Emilio Reyes era la misma.

Con todo, don Mateo no cambió de opinión. Argumentó que, habiendo consultado con el arquitecto Contreras, creía mejor fincar en el atrio por haberse efectuado allí la ceremonia de colocación de la primera piedra y por ser un lugar donde podía tenérsele mayor respeto, veneración y cuidado a la construcción. Decía además que en la vía pública no faltarían “... irreverencias, muchachos traviesos y gentes sin escrúpulos y sin cultura que, saliéndose de los límites de la moral y del orden no guardarán el culto que merece una obra que debe considerarse como muy sagrada”. Proponía que en el lugar de la Plaza de la Constitución señalado por don Napoleón se levantara un monumento de carácter oficial, pues el sitio era más conveniente para esto.

Decidida así la realización del proyecto en el emplazamiento original, se convocó a un concurso público para seleccionar las palabras dedicadas a la Madre que habrían de grabarse en el monumento. Los premios ofrecidos eran, además del natural orgullo por haber propuesto la mejor frase, 50 pesos para el primer lugar y 20 para el segundo. Una carta anexa a la convocatoria, que fue enviada a todos los aculquenses residentes fuera del municipio, decía así:

México D.F. a 5 de Julio de 1945

Sr. N.

Apreciable conterráneo:

Habiéndose principiado a construir el monumento que se erigirá a la MADRE en el atrio de la Parroquia de nuestro querido Aculco, se ha convocado a los hijos de dicho pueblo existentes allí y a los radicados fuera, para que participen en el Concurso de la frase o pensamiento que deberá inscribirse en el pedestal de la estatua, grabado en bajo relieve y suscrito con el nombre de la persona que emita la mejor idea según el fallo del Jurado a que la misma convocatoria se refiere; me permito dirigirme a usted conociendo de antemano los dotes intelectuales, facilidad de palabras que posee, etc., invitándolo muy atentamente a tomar parte en este concurso, sujeto a las bases relativas a la convocatoria adjunta, esperando que gustoso acepte usted por tratarse de un motivo sublime sobre todos los demás. Por lo tanto, espero que con la debida anticipación remita usted su pensamiento a la siguiente dirección:

Sr. Pbro. Emilio Reyes M.

Aculco, Méx.

A fin de que sea recibida a tiempo de concursar antes de cerradas las inscripciones el día 31 de este mes de julio.

Doy a usted cumplidas gracias y me repito con respeto muy humilde servidor.

Mateo Espinosa.

Las obras comenzaron y para ello fue traída una buena cantidad de sillares antiguos de cantera naranja del molino de la hacienda de Arroyozarco. Se construyó con ellos una especie de podio o pedestal y por encima el desplante del monumento que, por lo poco que puede apreciarse en las escasas fotografías que quedaron de él, parece haber tenido planta triangular. Sin embargo, por razones que desconozco, el monumento no llegó a concluirse y sus sillares estuvieron abandonados en el atrio por casi una década. Luego, hacia 1955, fueron llevados a la Plaza de Toros Garrido-Varela, cuando se llevó a cabo la construcción del lienzo charro anexo a ella. Allí se les utilizó para levantar la barda que separaba la corraleta del partidero, y continúan en aquel lugar, aunque por la construcción de una segunda corraleta en 1985 ya no son visibles desde las tribunas. Los cimientos del Monumento a la Madre acabaron de desaparecer cuando los padres agustinos convirtieron el antiguo cementerio del atrio en jardín, hacia 1959.

domingo, 4 de mayo de 2014

Como era y donde estaba: restaurar el kiosco

En el campo de la restauración arquitectónica existen filosofías muy distintas sobre el alcance que debe tener una obra con ese carácter. No es éste un espacio para profundizar en dichas ideas, pero en términos muy generales diremos que existen dos tendencias principales: la primera, entiende la restauración como la conservación del edificio con la mínima intervención posible, respetando la huella que el tiempo ha dejado en él, evitando incluso la reposición de los elementos que se hayan perdido; cuando la reposición es inevitable por razones estructurales, estéticas o funcionales, se hace dejando siempre en claro que se trata de una incorporación que no era parte de la obra original (llegando a utilizar formas y materiales actuales). La segunda tendencia, en el extremo opuesto, a la que podríamos llamar historicista, y consiste en recuperar las formas de un edificio aunque estas se hayan perdido tiempo atrás, procurando con ello una "lectura" integral del inmueble.

Por supuesto, los defensores de ambas filosofías atacan frecuentemente a la opuesta: los primeros son criticados como "fetichistas de las piedras" o "amantes de la ruina"; los segundos, de "creadores de obras de fantasía". Para mí, la restauración arquitectónica debe quedar a una justa distancia entre ambas y es con gran frecuencia el propio edificio quien calladamente indica de qué manera debe emprenderse su preservación y rehabilitación.

"Com'era e dov'era" -"como estaba y donde estaba", en italiano- es una frase comúnmente aplicada a las restauraciones (o, si el edificio se ha perdido por completo, francas reconstrucciones) historicistas y se remonta a la reedificación del campanario de la basílica de San Marcos de Venecia que se derrumbó en 1912. Los funcionarios que decidieron su reedificación quisieron que ésta se realizara en el mismo sitio donde se había levantado el viejo campanile y que reprodujera exactamente su aspecto original. Esta idea, en realidad, se aplica con mucha frecuencia en las restauraciones aunque normalmente en detalles de poco calado: reconstruir una balaustrada, un pilar, una cornisa, una ventana, de la que se conocen todas características. A gran escala sucede pocas veces en la actualidad. Es el caso de algunos edificios alemanes destruidos durante la Segunda Guerra Mundial y del teatro La Fenice, también en Venecia, consumido por el fuego en 1996, reconstruido y abierto nuevamente al público en 2003.

Uno de los edificios de Aculco que necesita urgentemente una restauración y al que me parece sería válido aplicarle el "com'era e dov'era" es el kiosco de la Plaza de la Constitución, cuya historia ya hemos tratado antes aquí. De la construcción original de 1889 se conserva sólo el pedestal de cantera rosa, con muchas de sus piedras corroídas ya por la humedad procedente de los jardines aledaños y del propio subsuelo, ya que bajo él existe un pozo. De todas ellas se conocen exactamente sus formas y ornamentación, y tienen además función estructural, por lo que quizá deberían ser reemplazadas por piedras sanas, salvo las que contienen alguna inscripción. Sin embargo, lo que supondría un reto mucho más ambicioso sería la recuperación del aspecto original del antiguo templete, desaparecido en la década de 1950 ó 60, del que no se conserva más que un puñado de fotografías pero suficientemente detalladas como para considerar que esto es posible.

Aquí reproducimos una de las mejores y más antiguas fotografías del kiosco original. Fue tomada entre 1901 y 1903. Aunque no se alcanza a ver el pedestal de cantera debido a las plantas que crecían desordenadamente, el templete aparece en todo su esplendor. Por sus líneas generales puede adscribirse a la ornamentación victoriana popular en madera (folk victorian) que tenía gran éxito en Estados Unidos en la época de su construcción, en particular en el sur de ese país. Sus detalles -ajenos por cierto a la tradición aculquense y por ello únicos en nuestro pueblo- parecen copiados de un porche de Savannah o de un gazebo en Charleston.

Sus delgadas columnas, coronadas por un capitelito o trozo de arquitrabe, sostenían unos arquillos calados con profusa ornamentación en las enjutas. En cada pilar colgaba un farol hacia el interior del kiosco. Sobre todo ello, una cubierta de zinc con una pequeña esfera en la cúspide y aleros rematados por gabletes muy apaisados, con adornos torneados en las esquinas. Si algún defecto debe señalársele a este kiosco es su poca altura, que le restaba elegancia.

El actual templete carece de todo valor arquitectónico. Fue una solución demasiado tosca para cubrir la fea estructura de concreto que había reemplazado a la original. Conociendo exactamente cómo era ésta, ¿no valdría la pena intentar reconstruirla?

domingo, 27 de abril de 2014

La desolación: capilla de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Más que capilla, la señora María de Lourdes Mondragón de Lara se refería a ella como su "oratorio". No sé si era por hacer alguna distinción acerca de su uso privado -excepto en la festividad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el 27 de junio, en que se celebraba misa- o quizá como una remembranza de los oratorios de raigambre otomí que de fijo se sabe existieron en el pueblo de Aculco en siglos pasados y de los cuales subsiste una apreciable cantidad en su término municipal, especialmente en las localidades de San Pedro Denxhi y La Concepción. Lo cierto es que este pequeño templo no es tan antiguo como aquellos: se construyó en los primeros años de la década de 1970 por devoción de aquella dama, mi abuela paterna, en lo que por entonces eran las afueras del pueblo.

Ubicada en un solar aledaño al Lienzo Charro Garrido-Varela, sobre la calle Manuel del Mazo, no tenía entonces varias de las características arquitectónicas que hoy la distinguen: aunque los muros son los mismos de entonces, tenía originalmente un techo plano de vigas de madera y ladrillo colocado en "petatillo". Sobre la portada, un par de espadañas mixtilíneas albergaban sendas campanas. La puerta de tableros y madera torneada se conserva.

Fue a mediados de la década de 1990 cuando su dueña decidió terminar con las goteras que abrumaban su techumbre, causadas principalmente por la mala calidad de las vigas y su poca capacidad portante en el vano que cubrían, lo que provocó que se curvaran. Así, un arquitecto que por entonces laboraba en el Ayuntamiento (cuyo nombre no recuerdo, pero averiguaré), realizó el proyecto de reconstrucción que le dio su actual apariencia: la cubierta fue sustituida por un techo de concreto a dos aguas; sobre el tejaroz de la portada se agregó un nicho de piedra blanca con repisón de cantera rosa; se retiraron las espadañas y se construyó una torre con un campanario de dos cuerpos, guardapolvo de piedra, molduras y cornisas de ladrillo aparente, vanos de medio punto y columnillas de concreto en los ángulos, que emulan las de la torre de la parroquia. Creo recordar que esta torre no alcanzó los nueve metros que señalaban los planos. Tampoco se le agregaron las columnas de piedra que flanquearían la portada entre los dos contrafuertes.

Al concluirse la reconstrucción, mi abuela tuvo la idea de dejar abierta permanentemente la capilla, aprovechando que los cuartos adjuntos estaban siendo habitados. Lamentablemente el oratorio tuvo una visita poco piadosa que robó un par de adornos de altar que yo le había obsequiado y alguna otra cosa. Naturalmente, la capilla se volvió a cerrar excepto en su día de fiesta.

Mi abuela murió hace casi una década. No sé si en la capilla se celebra misa todavía alguna vez. Hace poco caminé frente a ella y, aunque se le ha construido un nuevo muro de piedra y colocado una reja para impedir el paso, la capilla y su entorno inmediato me parecieron la imagen pura del abandono: aplanados carcomidos por la humedad, habitaciones sin techo a sus costados, yerbajos creciendo en su entrada, montones de piedra, la hornacina vacía, una zanja mal cubierta que atraviesa el terreno y, a sus espaldas y en el terreno vecino, las ominosas cubiertas metálicas que nos hablan de un Aculco muy distinto a aquél de hace 40 años, cuando fue edificada. Los nubarrones que cubrían el cielo acompañaban bien mis recuerdos de ese Aculco que fue y ya no es. Tal vez debería cambiársele el nombre a la capilla por el de "Nuestra Señora de la Desolación".

 

ACTUALIZACIÓN, 16 DE FEBRERO DE 2023:

Este mes, en el terreno donde se encuentra la capilla del Perpetuo Socorro, se ha abierto un bar a cielo abierto bautizado como "El Aguaje". Para ello, los anexos de la capilla han sido reparados, se les pintó con vulgares colorines y al templo se le dio también una mano, aunque el tributo que tuvo que pagar por ello es el de tener su torre iluminada con luces que cambian de color como si fuera un burdel. Pobre de mi abuela, volvería a morir si viera su capilla convertida en esto.

Malditos sean quienes contraviniendo sus deseos dejaron esta capilla sin culto y abierta al lucro.

lunes, 21 de abril de 2014

Tras la Semana Santa: el recuento de los daños

Para la actualización cotidiana de este blog normalmente tengo ya, a medio escribir, varios textos sobre temas históricos o patrimoniales de nuestro municipio que esperan a que consiga una buena imagen ilustrativa, averigüe un dato que todavía se me escapa o consulte con algún aculquense que conozca del tema, para evitar los errores naturales en alguien que poco vivió de los, digamos, "tiempos históricos de Aculco". Pocas veces, en realidad, el tema de mis publicaciones se refiere a cosas que están ocurriendo u ocurrieron recientemente, pero suelen ser estos los textos más leídos, difundidos, elogiados y denigrados, supongo que precisamente por tratar de asuntos actuales y por dar a los "comentaristas" (que no chismosos) del pueblo, material suficiente para dirigir sus ataques contra un servidor o contra los responsables de los actos que mi blog critica. Este es precisamente un texto de tal naturaleza.

Desde hace varios años, durante la Semana Santa, se ha venido acostumbrando colocar una gran carpa frente a la fachada de la parroquia de Aculco, con el fin de proteger del sol y de la lluvia a quienes acuden a los oficios que se celebran en esos días. Más allá del inconveniente para los turistas al no poderse admirar en su integridad la bella fachada del templo y la portería del convento, este hecho no tendría mayor importancia, ya que se trata de una instalación temporal y creo sin duda alguna que las celebraciones tienen más importancia que el ocio pues no debemos olvidar que se trata de un recinto religioso. Pero lo verdaderamente exasperante es que para armar esa carpa se tenga que dañar este edificio, el monumento histórico más importante de un pueblo que es parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Las fotos que tomé en estos días son suficientemente claras: se observan cables atados a los remates neoclásicos de los accesos norte y sur al atrio y, en este último, la caída de uno de ellos a causa de estos improvisados lazos. El remate yace ahora abandonado en un prado y seguramente tardarán en reponerlo. Cuando lo hagan -casi creo adivinarlo- será reemplazado por una pieza nueva sin valor histórico y fabricada a máquina, que costará algunos miles de pesos. ¿Apostamos..?

Pero, desafortunadamente, no ha sido éste el único daño causado al templo: el pretil de ladrillo que corona el portal de peregrinos, restaurado hace apenas unos años, ha perdido a causa de las cuerdas que sostienen la carpa algunas de sus piezas y ahora luce como una dentadura chimuela. Aquí supongo que una apresurada reparación, sin ningún criterio que siga las reglas de la restauración, "bastará" para arreglar, a los ojos de casi todos, el desaguisado. Pero, ¿quién lo sabe? A veces este tipo de cosas jamás se arreglan. Más de una vez lo hemos visto por estas tierras.

En fin, que la Semana Santa no tiene saldo blanco, por lo menos en lo que respecta al patrimonio edificado de Aculco, al que de nada le sirven, en verdad, sus denominaciones de "Pueblo con Encanto" y "Patrimonio Cultural de la Humanidad".

ACTUALIZACIÓN, 24 de abril de 2014: Este día la Secretaria de Turismo del Estado de México visitó a Aculco junto con personal del INAH y, de acuerdo a lo que informó en Twitter, dicha institución autorizó la restauración de los daños aquí mostrados. ¡Enhorabuena!