El pueblo de San Joaquín Coscomatepec se encuentra unos ocho kilómetros al oriente de la cabecera municipal de Aculco, poco más allá de la comunidad de El Tixhiñú. Es una población rural de asentamiento disperso, aunque sus principales edificios -la capilla, la escuela primaria, la secundaria, el telebachillerato y el Centro de Salud del IMSS-Bienestar- se concentran en su zona central. No existen, sin embargo, calles ni manzanas de trazo ortogonal, banquetas o una plaza central. Con todo y esta anarquía, al acercarse al pueblo llama la atención el camino cubierto de losas de cantera que se desprende de la carretera y, sobre todo, la preciosa capilla que, desde un altozano, domina el caserío, recortada contra el oscuro telón de fondo del cerro de Ñadó.
Esta capilla —ornamentada con cantera labrada, muestra del oficio de numerosos vecinos del pueblo— no es, como muchas otras que hemos reseñado aquí, una construcción del periodo virreinal, sino una obra moderna de estilo neocolonial que en nada desmerece frente a los antiguos templos de los demás pueblos del municipio de Aculco. Por el contrario, constituye un bello ejemplo de lo que puede hacerse cuando el buen gusto se acompaña del conocimiento de la tradición arquitectónica local.
Pero antes de visitar el templo hagamos un poco de historia para conocer el origen de este poblado.
San Joaquín Coscomatepec no aparece en las nóminas de pueblos pertenecientes a la doctrina de San Gerónimo Aculco durante los siglos XVII y XVIII. Lo mismo ocurre con su vecino, el muy cercano pueblo de San Antonio. Ambos aparecen con ese carácter, en cambio, casi sorpresivamente en la documentación del siglo XIX.
Esta ausencia me llevó a pensar, en un primer momento, que quizá tuvieron su origen en rancherías formadas dentro de los límites de alguna propiedad rural y que sólo tardíamente, acaso ya en el siglo XIX, adquirieron la categoría de pueblos. Su esporádica presencia en los libros sacramentales -a veces el primero como "rancho de San Joaquín"- parecía reforzar esta hipótesis. Pero su historia resulta ser un poco más compleja.
Un documento de 1706 parece arrojar luz sobre su verdadero origen. Aquel año, en el curso de un pleito relacionado con las tierras comunales de San Ildefonso Tultepec -pueblo entonces dependiente de Aculco y hoy perteneciente a Amealco-, el indio principal Juan Nicolás, quien declaró como testigo mediante intérprete porque sólo hablaba otomí, afirmó
haber visto de pocos años a esta parte, que los naturales de este dicho pueblo de San lldefonso, los más que vivían dentro de él se han salido a poblar a largas distancias, como por la parte del norte; tienen poblado y labrado muchas sementeras que hasta donde han labrado habrá de dicho pueblo como legua y media; y que por La parte del sur: entremedio de un rancho del dicho don Lucas Magos en el puesto que llaman La Mesilla se han poblado y labrado mucha tierra que habrá de distancia deste pueblo como una gran legua. Y que por las la parte de dicho rancho que es el paraje que dichos naturales nombran San Antonio, donde también se han poblado y labrado, que habrá de distancia dos leguas largas; y que por la parte del oriente de este dicho pueblo tienen poblado y labrado más de legua y media de distancia que es donde en su lengua otomí [sic pro náhuatl] se llaman el Cuescomate; siéndole preguntado que si sabía que el haberse poblado en grandes distancias de este dicho pueblo los dichos naturales eran pueblos aparte y tenían mercedes particulares: dijo que no lo sabe, que lo que ellos lean dicho a este testigo que por el derecho del dicho su pueblo los habían poblado y labrado (1).
La coincidencia de los topónimos San Antonio y Cuescomate, situados al oriente de San Ildefonso, con los actuales pueblos de San Antonio y San Joaquín Coscomatepec que están en la misma dirección; su poblamiento relativamente tardío, y la irregularidad de su fundación -que explicaría que tardaran en aparecer plenamente registrados- me llevan a concluir que se trata, en efecto, de los mismos asentamientos.
Así, San Antonio y Cuescomate o Coscomatepec habrían surgido a fines del siglo XVII o principios del XVIII, cuando indígenas de San Ildefonso se establecieron sin autorización en tierras pertenecientes al cacique Lucas Magos Bárcena y Cornejo. Por razones que desconocemos, los habitantes de aquel pueblo parecen haberse lanzado entonces a poblar y cultivar éstos y otros parajes alejados de su lugar de origen. De ahí que San Antonio y Cuescomate existieran desde entonces como poblaciones de facto -en otro testimonio se les denomina "puestos", acaso precisamente para evitar llamarlos pueblos-, aunque su reconocimiento jurídico como tales no llegara, al parecer, sino hasta el siglo XIX.
Por cierto, en aquellos primeros años todavía no aparece la advocación de San Joaquín unida al nombre de Cuescomate. Seguramente la tomó del rancho en cuyas tierras o inmediaciones se había establecido y del cual acabaría separándose, pues esa propiedad privada, llamada precisamente rancho de San Joaquín, continuó existiendo junto al pueblo hasta la época de la reforma agraria del siglo XX. La historia tuvo un giro irónico: en 1915 los habitantes de San Joaquín solicitaron la "restitución" de sus tierras presuntamente usurpadas por aquel rancho, cuando todo parece indicar que el origen remoto del pueblo se encontraba en la ocupación ilegal de tierras que originalmente habían pertenecido a esa propiedad (2).
Sobre la etimología de su nombre indígena, Coscomatepec es una palabra de origen náhuatl y deriva de cuezcomatl, "troje" o "granero para guardar maíz", y tepec, "en el cerro" o "cerro de". Puede traducirse, por tanto, como "en el cerro del cuezcomate" o "cerro de la troje".
Hecho este rodeo por la historia, volvamos por fin a la capilla.
Mientras que su vecino, el pueblo de San Antonio, posee una preciosa y modesta capilla antigua, San Joaquín, si es que la tuvo, no la conserva. San Joaquín no conserva ninguna, si es que alguna vez la tuvo. Su templo actual, levantado por el maestro de obra Anacleto Mondragón, comenzó a construirse en 1987 y fue concluido en 1999. La lápida que recuerda estas obras habla, sin embargo, de una "reconstrucción", aunque desconozco las características y la antigüedad del edificio anterior. La fachada de este nuevo templo mira hacia el noroeste, rumbo hacia el que se extiende su atrio al que se accede a través de un sencillo arco de cantera rosa. El edificio, aunque pequeño, consta de tres naves separadas por columnas toscanas recubiertas de cantera rosa. Las naves laterales con cubierta de losa de concreto plana y la central, más elevada, con una bóveda del mismo material. Las separa Su cabecera es recta y sobre el presbiterio se levanta una cúpula sobre tambor, que se apoya en pilares toscanos en lugar de columnas, sobre los que se despliega también el arco con casetones de aire neoclásico en el intradós.
El exterior de la capilla lo define la combinación de cantera labrada blanca y rosa en todas sus fachadas y ornamentos. Así, por ejemplo, la fachada principal se levanta sobre una escalinata de cinco gradas, consta de un solo cuerpo y un remate, y en ella, sobre un fondo de cantera blanca irregular concertada destacan los adornos en cantera rosa. Estos adornos son, en el cuerpo bajo, la portada central cerrada por un arco moldurado de medio punto sobre jambas entableradas con capitel toscano, y las laterales, algo más angostas, con jambas idénticas a la central de hecho unidas a ésta por su capitel, un poco más bajas y con cerramiento curvo muy rebajado. En éstas portadas laterales, además, por encima del capitel las jambas se prolongan hasta alcanzar una cornisa sostenida por un par de ménsulas lisas, mismo motivo que se repite encima al llegar a la cornisa corrida de este primer cuerpo, adornada con dentículos.
El remate de la fachada es un cuerpo exento y elevado, mixtilíneo, que se le vanta sólo sobre la portada central, con un ojo de buey también mixtilíneo al centro, rematado en cruz y con dos pináculos a media altura. A sus lkados, sobre cada una de las portadas laterales, hay una hornacina con su venera en cantera blanca, terminadas en una moldura rectilínea, que albergan dos imágenes: San Judas Tadeo del lado del Evangelio y la Virgen de Guadalupe del lado de la epístola, labradas ambas en cantera naranja claro.
A los lados de la fachada se levantas las dos torres, sumamente austeras. Su primer cuerpo, ciego y sólo adornado por un par de angelillos, forma parte del plano del primer cuerpo de la fachada y no se distingue de ella. Por encima de la cornisa corrida se yerguen los campanarios con tres cuerpos de mayor a menor casi cúbicos de cantera blanca, con arcos e impostas moldurados del mismo material y cornisas de cantera rosa en el remate de cada cuerpo. Por encima del último cuerpo, un cupulín en forma de linternilla sostiene una cruz, rodeado de cuatro pináculos en los ángulos del cuerpo que lo sostiene. Estas torres, en su simplicidad, son quizá el elemento que mejor se vincula con la arquitectura religiosa local e inmediatamente evocan a la torre de la parroquia de san Gerónimo, o a la de Santa María Nativitas, pese a que estos edificios sólo tienen una torre. La disposición de las torres subraya el carácter horizontal de la fachada.
Las fachadas laterales están también recubiertas de cantera blanca concertada y en cada costado se abren tres ventanas casi cuadradas con cerramiento en arco muy rebajado, repisón y ménsulas por encima y como prolongación de de sus jambas, que sostienen una cornisilla.
La cúpula es quizá su elemento más característico. Apartándose un poco del modelo local de cúpulas hemisféricas sobre tambor cilíndrico de poca altura, ésta se yergue sobre un alto tambor octogonal sobre un tramo de planta rectangular, con ventanas rectangulares enmarcadas en cantera rosa que dan mucha luz al interior. Remata este tambor un entablamento corrido con triglifos en el friso, que marcan el nacimiento de las costillas de cantera rosa rematadas en róleos que marcan la división de la cúpula elíptica en doce gajos. Una linternilla cilíndrica en piedra más gris-amarillenta que blanca, con remate campaniforme que sostiene una cruz, remata el conjunto.
El interior del templo desmerece un poco, no tanto por la ornamentación como por las dimensiones del espacio: las naves alcanzan poca altura, especialmente las laterales, y las cubiertas de simple losa de concreto de éstas lucen demasiado simples y ramplonas, un tanto opresivas, como si la imaginación del arquitecto se hubiera detenido allí. Al presbiterio lo salva de esto la cúpula.
El altar mayor está labrado también en cantera. La parte baja es una mesa sostenida por cuatro arquillos frontales y dos laterales sobre columnas cilíndricas estriadas y rematada en cornisa. Sobre esta mesa se halla un banco que sostiene al centro un nicho aislado con cuatro columnitas de cantera en los ángulos, con arco al frente que alberga el sagrario, con puerta metálica dorada y trabajada. Este sagrario sirve de peana al santo titular, san Joaquín, enmarcado por un nicho muy simple con un par de columnas y un arco casi sobrepuesto. A sus lados, un par de ménsulas de cantera sostienen a la izquierda un crucifijo y a la derecha una imagen de la Virgen de Guadalupe, ambos de pequeño tamaño. Un arco de cantera rosa moldurado envuelve la composición.
Con sus virtudes y defectos, la capilla de San Joaquín Coscomatepec es un buen ejemplo de una construcción contemporánea de líneas tradicionales, perfectamente integrada al paisaje y al entorno cultural e histórico en el que se levanta y, sobre todo, muy hermosa. Su arquitectura recoge una tradición secular sin pretender imitar servilmente los edificios antiguos. Un ejemplo que sobresale en medio de las aberraciones arquitectónicas que abundan entre las capillas modernas del municipio, muchas de las cuales difícilmente podrían calificarse de otra manera que como auténticos horrores de la arquitectura.
Fuentes:
1. AGN, Tierras, vol. 1794, disponible en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:3Q9M-CSDL-J451-Q?view=fullText&keywords=cuescomate%2CAculco&searchForm=advanced&lang=es&groupId=M98L-WBX
2. Aunque la restitución no procedió, en agosto de 1929 el pueblo de San Joaquín obtuvo la dotación de 213 hectáreas, 62 áreas tomadas del rancho del mismo nombre. DOF, 19 de noviembre de 1929.











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