miércoles, 10 de mayo de 2023

La sacristía de la parroquia de Aculco

No sé por qué motivo -quizá por simple distracción- había dejado de describir en este blog los espacios del antiguo convento franciscano de Aculco, cuando me había propuesto ir mostrándolos con cierta periodicidad hasta formar un recorrido completo por ese edificio. Quisiera retomar esa serie, hablándoles esta vez de la sacristía, que se ubica al lado de la epístola del templo (es decir, del lado derecho) y paralela a la Sala de Profundis, que precisamente se interpone entra aquella y el claustro. El siguiente croquis muestra claramente su ubicación.

La sacristía es el lugar del templo donde los sacerdotes se revisten con las ropas litúrgicas y donde se guardan los ornamentos y otros objetos necesarios para celebrar la misa, como son las hostias sin consagrar, el vino, cálices y otros vasos sagrados, velas, etcétera. Por eso lo habitual es que la sacristía se ubique en un salón cercano al altar. El sacristán es el empleado encargado de mantener en orden la sacristía.

Viejos papeles de esta iglesia de Aculco hacían distinción entre la "sacristía vieja" y la "sacristía nueva" en el siglo XVIII, pero es difícil saber si esta última correspondía ya a la actual. Lo cierto es que aquella sacristía vieja debió ser la que se utilizaba cuando los franciscanos habitaban todavía el convento (edificada en 1708 y descrita como "de costilla", lo que parece referirse a la forma de su bóveda), mientras que la "nueva" sería una construcción realizada después de que se erigió la parroquia de Aculco en 1759. Dado que ambas sacristías coexistieron al mismo tiempo y no hay indicios de que la antigua haya sido demolida, me pregunto si el salón que he identificado como Sala de Profundis del convento habrá sido esa sacristía vieja.

En mi opinión, la sacristía actual de la parroquia de San Jerónimo Aculco data en su mayor parte precisamente de la segunda mitad del siglo XVIII, pero habría sido modificada hacia 1843-1848, cuando en el templo se realizaron la obras de edificación de la bóveda y cúpula. Así lo muestran ciertos detalles, como sus ventanas y la portada de cantera extrañamente oculta tras una alacena.

La sacristía se desplanta sobre un rectángulo de unos cuatro y medio o cinco metros de ancho por nueve o diez de largo en dirección norte-sur. En sus lados cortos, sendas entradas enmarcadas en cantera permiten acceder desde el presbiterio de la iglesia y desde el curato. Al lado oriente se abre un par de ventanas que miran a la antigua huerta, mientras que el lado poniente, salvo por la exigua entrada a la alacena a la que me referí antes, es ciego.

En el lado sur, a la izquierda del acceso hacia el convento, se encuentra el sacrarium: un lavamanos en que se limpian los vasos sagrados y que tiene salida directamente a tierra, con el fin de que cualquier partícula de la hostia o gotas del vino consagrados no se mezclen con el drenaje común. En la pared oriente se encuentra una alacena cubierta con un bonito par de puertas entableradas antiguas que seguramente servía para guardar copones, cálices, navetas, acetres, incensarios y otros vasos sagrados.

La sacristía está cubierta por un par de bóvedas de arista, separadas por un arco toral de cantera. A lo largo de la imposta corre una cornisa con resaltes justo donde se apoya ese arco. La molduración de la cornisa es de orden toscano.

Como mobiliario propio de este espacio hay que destacar la gran cajonera de madera con cerraduras de bronce en que se guardan las vestiduras sacerdotales. Ocupa poco más de la mitad del muro poniente, al que se encuentra adosada. Una cajonera más sencilla y pequeña, pero también de cierta edad, se encuentra al otro extremo del salón. Encima dela cajonera grande se suele colocar un par de atriles neoclásicos de calamina. Arriba, en el muro, se encuentra el magnífico cuadro de La Última Cena de Miguel Cabrera, joya de este espacio y de todo el inmueble. Al centro de la sacristía debió existir una gran mesa como era habitual, pero la que hay ahora es moderna y sin valor alguno. Subsiste sin embargo sobre ella un hermosísimo Cristo antiguo, quizá del siglo XIX.

La sacristía fue el sitio donde tradicionalmente se colgaron los retratos de los antiguos párrocos, de los que quedan seis. En tiempos relativamente recientes, se concentraton también aquí la mayor parte de las pinturas que se hallaban en otras partes del viejo convento.

Desmerece algo en esta sacristía su piso de pasta ajedrezado en blanco y negro de la década de 1950. No sé si el piso original era de madera como el del templo, o de ladrillo, como el resto de las dependencias del convento.

Hacia el exterior, la sacristía sólo tiene fachada hacia el oriente. Es de piedra blanca aparente, con tres contrafuertes del mismo material. Esta fachada se prolonga hacia la izquierda en una composición parecida, pero que se nota inconclusa. Malamente, esta prolongación de la fachada fue cubierta por una aborrecible construcción reciente, que en tiempos de mayor cuidado al patrimonio de Aculco deberá ser demolida. En el contrafuerte del extremo izquierdo de la fachada se incrusta el canal de cantera con ménsula que desagua la bóveda, pero que ahora, a causa de aquella misma construcción moderna, tiene un tubo de pvc en la boca para desviar los escurrimientos. Las ventanas se cubren con rejas del siglo XIX, adornadas con nudos de plomo.

Hace no muchos años y con muy mal criterio, se abrió un agujero en la bóveda de la sacristía para pasar una cuerda y tocar desde ella la campana que se encuentra a un lado de la cúpula de la iglesia. Esta cuerda puede verse en alguna de las fotografías que incluyo aquí.

viernes, 5 de mayo de 2023

El Querétaro aculquense, el Aculco queretano

Todos sabemos que el municipio de Aculco tiene una frontera bastante larga con los muncipios de Amealco y San Juan del Río del estado de Querétaro, cercana a los 30 kilómetros de longitud. Incluso podemos advertir en el mapa que, en la zona de San Pedro Denxhi, el territorio aculquense se adentra en tierras queretanas por casi siete kilómetros, como una península rodeada por profundas barrancas. Sin embargo, este trazo es relativamente reciente, tanto así que la última modificación a los límites estatales ocurrió apenas hace unos veinticinco años.

Pero hace mucho más tiempo, antes de la independencia de México, una gran extensión de tierras ahora pertenecientes a Querétaro formó parte efectivamente de la jurisdicción de Aculco. Los pueblos ahora amealcenses de San Ildefonso Tultepec, Santiago Mexquititlán, San Pedro Tenango, San José Ithó, así como las haciendas de Santa Clara del Apartadero, Vaquería y San Nicolás de la Torre, dependían en lo religioso del convento de Aculco y en lo civil se les gobernaba desde esta misma cabecera (1). Incluso el pueblo de Santa María Amealco y el vecino de San Juan Dehedó, que formaban parte de la parroquia de san Juan del Río, habían intentado unirse a Aculco en 1724 (2).

Sin embargo, en el año de 1755 el arzobispo Manuel Rubio y Salinas creó la nueva parroquia de Santa María Amealco y para ello tomó lo mismo pueblos pertenecientes a San Juan del Río que otros más que formaban parte de la vicaría de Aculco. Fue así que los los poblados que mencioné antes dejaron de estar relacionados en su administración religiosa con Aculco (3). Luego, en 1820 y en plena Guerra de Independencia, el virrey Juan Ruiz de Apodaca ordenó que esos mismos poblados se segregaran también en lo civil de Aculco y se anexaran a Amealco, con la intención de reducir el territorio de la subdelegación de Huichapan "por informes siniestros que se le hicieron", seguramente relacionados con la rebelión insurgente (4). Aunque todas estas tierras continuaban siendo parte de la misma Intendencia de México, dentro de ella Amealco estaba sujeto al corregimiento de Querétaro, mientras que Aculco era parte de la subdelegación de Huichapan. Esto determinó que en los años posteriores a la independencia, al establecerse la nueva división política federal en 1824 y crearse el estado de Querétaro, las tierras separadas de Aculco quedaran además en un estado distinto al de su antigua cabecera.

Con esta separación, Aculco perdió los pueblos con mayor presencia otomí en su territorio, como se puede comprobar aún hoy en día. Esa zona es a lo que nos referimos al hablar de un "Querétaro aculquense": tierras y comunidades que por más de 200 años fueron aculquenses, y con las que el municipio comparte historia y cultura. Y aunque al cabo del tiempo de uno y otro lado de la nueva frontera prácticamente se olvidó su anterior pertenencia, lo cierto es que Aculco mantuvo por necesidad una fuerte relación con el nuevo estado de Querétaro, especialmente con San Juan del Río, con el que se comunicaba a través del Camino Real de Tierra Adentro. Porque hacia el Estado de México, sólo el camino que llevaba a Jilotepec era relativamente de fácil tránsito, y el viaje hacia la capital estatal, Toluca, difícil, tardado y accidentado, por lo que los vecinos de nuestro pueblo preferían evitarlo.

Esta cercanísima relación entre Aculco y San Juan del Río llevó a que en 1856, cuando se discutía la nueva Constitución que habría de regir al país por las siguientes seis décadas, el diputado Ignacio Reyes propusiera de plano que nuestro municipio se incorporara al estado de Querétaro. La mayoría de los constituyentes de la comisión de división territorial rechazó esta idea, pues según ellos Aculco estaría en una condición más precaria ya que su nueva cabecera de partido (San Juan del Río) quedaría más retirada que la anterior (Jilotepec), lo que "entorpecería considerablemente la administración judicial y la política". Con todo, algunos diputados (el propio Ignacio Reyes, José María Mata, Rosas, Francisco Zarco, Auza, Rojas, Ignacio Ramírez y López) emitieron un voto particular, que defendía la idea de esa agregación:

Si una buena y acertada división territorial se ha de calcar sobre las bases del interés común, de la posición geográfica y de la homogeneidad de elementos, debe pertenecer a Querétaro no sólo la muy reducida y pobre municipalidad de la que se trata [Aculco], sino la parte interesante conocida con el nombre de Mezquital: todo esto con Querétaro debiera formar un estado, porque la naturaleza, el interés, la comodidad recíproca e identidad de elementos los unen; pero pues no se trata de esto, no es oportuno tampoco encargarse ahora de los adelantos materiales, de la fuerza política y social que vendrían en pos de esta unión a Huichapan, a Ixmiquilpan, a Tecozautla, a Alfajayucan, Zimapán, San Juan del Río y a Querétaro. Sólo sí nos ocuparemos brevemente de las ventajas que trae a Aculco su anexión a Querétaro.

La muncipalidad de Aculco nombre se compone del pueblo desl mismo nombre, del naciente de Polotitlán, de cuatro o seis congregaciones de indígenas, y de algunas haciendas y rancherías que tiene un censo de ocho a nieve mil habitantes sobre un terreno frío e inmediato al distrito de San Juan del estado de Querétaro. Pertenecen en lo judicial a Jilotepec, distante siete u ocho leguas sobre un camino montañoso y difícil, y en lo político a la villa de Tula, a dieciocho o veinte leguas. Unidos a Querétaro, quedarán agregados indefectiblemente a San Juan del Río, de cuya ciudad distan muy poco, y por un camino carretero y fácil de practicarse en pocas horas. Allí hallarán a la prefectura para sus asuntos administrativos y al juzgado de primera instancia para los judiciales. Y allí por último encontrarán las comodidades que no les pueden ofrecer Tula ni Jilotepec.

Sus relaciones de tráfico y mercantiles, ya de la gente que se llama de razón, y ya de la indñigena, son con San Juan del Río, más bien que con las cabeceras de distrito y partido a que ahora pertenecen. Sus relaciones sociales son más activas seguramente en San Juan del Río, en donde muchos vecinos de Aculco y Polotitlán tienen casas, que en Tula y Jilotepec. La buena administración de estos pueblos y la analogía que existe de sus elementos de subsistencia con los de san Juan del Río piden su agregación a Querétaro. Hay, además, otro motivo: esos pueblos son hoy imperceptibles en el gran mapa del Estado de México; se pierden en él como se pierde una sombra pequeña, débil y opaca, colocada en uno de los ángulos de un cuadro de colosales dimensiones. Perteneciendo a Querétaro se harán visibles, se harán notables, no serán sombra. Comenzarán a figurar en una escala que no se presentará unidos a México y sus hijos, especialmente los que reciban educación, ocuparán los puestos del estado con más prontitud y facilidad que en el de México. (5)

No valieron sin embargo estos argumentos para crear un "Aculco queretano" y el municipio se mantuvo dentro del Estado de México. Más aún: cuando en 1869 se creó el estado de Hidalgo, efectivamente los municipios de la región del Mezquital se separaron de aquél para integrar la nueva entidad, pero Aculco (que todavía entonces incluía a Polotitlán) quedó también fuera de ella, justamente en su límite.

Tal como habían argumentando los diputados constituyentes de 1856, las relaciones de Aculco en todos los aspectos, salvo los judiciales y políticos que eran obligatorios, siguieron siendo mayormente con San Juan del Río. Más todavía después de 1896, cuando el ferrocarril Cazadero-Solís enlazó las tierras aculquenses con la estación sanjuanense de la hacienda de Cazadero, del Ferrocarril Central Mexicano, desde la cual se podía viajar fácilmente a las ciudades de San Juan del Río y a Querétaro.

En el Congreso Constituyente de 1916-1917, el estado de Querétaro insistió en sus pretensiones territoriales sobre los municipios limítrofes del Estado de México. Esta vez se trataba ya no sólo de Aculco, sino de todo el distrito de Jilotepec: los municipios de Jilotepec, Aculco, Acambay Polotitlán, Soyaniquilpan, Timilpan, Chapa de Mota y Villa del Carbón. Los argumentos de los diputados constituyentes queretanos sonaban sin embargo más egoístas que en 1856: se quejaban sobre todo de la poca extensión territorial de su estado y de la falta de tierras cultivables, mientras que a las entidades vecinas les sobraban territorio y recursos. La respuesta del Congreso fue otra vez negativa, pero, además, algunos diputados jacobinos aprovecharon para fustigar a los queretanos por su religiosidad. El diputado Marcelino Dávalos, por ejemplo, dijo en la tribuna que si el Estado de Querétaro tenía una corta área, él mismo tenía la culpa, pues "toda la tiene invertida en iglesias; que las derrumbe para sembrar”. Un colega suyo afirmó que los queretanos, en vez de dedicarse a la producción, se dedicaban a enriquecer a la Iglesia, y que la mayoría de los habitantes de la entidad “rezan en vez de trabajar y se sienten satisfechos en su pobreza”. Un diputado guanajuatense señaló que la propuesta de anexión le parecía una broma de Día de los Inocentes(6).

Y si en el ámbito civil Querétaro tuvo este interés tan serio por incorporar al municipio de Aculco a su territorio, en lo religioso no lo fue menos. Cuando en 1804 y 1805 el cabildo de Querétaro solicitó al rey de España la fundación de un obispado con sede en esa ciudad, incluyó en el territorio propuesto para esta nueva diócesis a la Villa de León, San Miguel El Grande (hoy de Allende), San Luis de la Paz, los minerales de Maconí y El Doctor, Cadereyta, San Juan del Río, Jerécuaro, Salvatierra, Celaya, la ciudad de Querétaro y, precisamente, Aculco, que entonces pertenecía al Arzobispado de México (7). La diócesis de Querétaro se erigiría sólo hasta 1863, pero sin Aculco. Aculco, por su parte, pasaría en 1950 al obispado (luego arzobispado) de Toluca y en 1984 al obispado de Atlacomulco.

En 1928 cesó el servicio del Ferrocarril Cazadero-Solís y se levantaron las vías. Aculco cayó entonces en gran aislamiento, pues la estación de tren más próxima, la de Dañú, Hidalgo, distaba 28 kilómetros del pueblo y las carreteras de la época eran terribles para el tránsito de automóviles. Este repentino aislamiento fue en cierta medida lo que empujó a los habitantes del municipio a volver la cara hacia el Estado de México, actitud que se reforzaría después de 1950, cuando la Carretera Panamericana lo enlazó de manera más eficiente con Toluca, la capital del estado.

Hoy en día, muchos aculquenses acuden cotidianamente a Amealco, a San Juan del Río o a la ciudad de Querétaro por razones de educación, trabajo o comercio. Sin embargo, las ligas de Aculco con el estado de México se han reforzado mucho a lo largo del tiempo, por lo que la vieja aspiración queretana de anexarse a nuestro municipio es ya únicamente una anécdota curiosa, que probablemente no encontraría eco en nuestros días.

 

NOTAS

(1) Fray Agustín de Vetancurt. Chronica de la provincia del Santo Evangelio de México, México, imprenta de doña María de Benavides, 1697, p. 87.

(2) Rodolfo Aguirre Salvador. Un clero en transición : población clerical, cambio parroquial y política eclesiástica en el arzobispado de México, 1700-1749, México, UNAM, 2013, p. 163.

(3) Rafael Ayala Echávarri. San Juan del Río, historia y geografía, San Juan del Río, Gobierno del Estado de Querétaro, 2006, p. 82.

(4) Una carta en la que el Ayuntamiento de Aculco protesta por esta segregación existe en el Archivo Histórico Municipal de Aculco.

(5) Francisco Zarco. Historia del Congreso extraordinario constituyente de 1856 y 1857, México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1857, p. 725 y 726.

(6) Carolina Hernández Parra. Querétaro en el Congreso Constituyente 1916-1917, México, INEHRM, p. 98-102.

(7) José Félix Zavala, "Historia de la Iglesia en la actual Diócesis De Querétaro" en línea, fecha de consulta: 4 de mayo de 2023, disponible en https://eloficiodehistoriar.com.mx/2021/01/02/historia-de-la-iglesia-en-la-actual-diocesis-de-queretaro/

miércoles, 3 de mayo de 2023

Quince años del blog "Aculco, lo que fue y lo que es"

Hace ya quince años, en mayo de 2008, comencé a escribir este blog Aculco, lo que fue y lo que es. Al principio, buscaba sobre todo denunciar aquí la destrucción del patrimonio arquitectónico aculquense, que por aquellas fechas alcanzó niveles de verdadera alarma cuando, por ejemplo, prácticamente se demolieron los viejos lavaderos públicos para hacerlos de nuevo. Pero, poco a poco, los temas fueron variando para incluir textos sobre sitios y construcciones que no se hallaban especialmente amenazados, para publicar leyendas, crónicas y relatos, para mostrar viejas fotografías, para difundir pequeños ensayos históricos, para aportar detalles de la vida del viejo Aculco que no tienen cabida en un libro y, en fin, para mostrar algo de la profundidad cultural de nuestro pueblo y municipio.

En estos años he publicado ya 452 entradas, lo que representa un promedio de 30 publicaciones por año, es decir, un texto nuevo cada semana y media. No podría decir que ha sido una labor ininterrumpida, pues de marzo de 2012 a noviembre de 2013 decidí dejar de lado el blog, convencido -entre muchas otras razones- de que era una pérdida de tiempo. Pero retorné a él y ahora creo que ha sido útil y lo seguirá siendo. Un número cada vez mayor de lectores, los numerosos mensajes que recibo cada vez que se arma una polémica, me demuestran que Aculco, lo que fue y lo que es ha calado hondo en la opinión pública de Aculco y que los comentarios que aquí se vierten son muchas veces atendidos.

En estos quince años, por otra parte, el blog se ha convertido además en el mayor esfuerzo sostenido de difusión de la historia, el patrimonio y la cultura de Aculco. Porque, si bien en el pasado existieron algunos periódicos y revistas locales que se ocuparon de estos temas, todos, desafortunadamente, han tenido muy corta vida. A lograr esta continuidad ha contribuido por supuesto el formato electrónico y también el que no exista una frecuencia establecida para las publicaciones, lo que me ha permitido escribir aquí acomodando los tiempos a los de mis otras ocupaciones.

Al principio, prácticamente sin seguidores, sentía que escribía al vacío en este blog. Poco a poco, sin embargo, aparecieron los visitantes asiduos (muchos de ellos críticos), luego la página de Facebook me permitió formar una comunidad mayor y hoy sé que entre los más de seis mil seguidores hay muchos que esperan con ansias la siguiente publicación de Aculco, lo que fue y lo que es. La difusión del blog a través de la página de Facebook "Aculco, Estado de México" (a la que agradezco que me permita tener esa ventana de difusión) permite un alcance todavía mayor, gracias a sus 20 mil seguidores. A todos ellos les agradezco que sean mis lectores y les pido me disculpen por los errores u otras fallas en estos textos.

Espero que Aculco, lo que fue y lo que es pueda continuar durante mucho tiempo más y se convierta también él mismo en parte del patrimonio cultural de Aculco. Creo que el formato de blog, apoyado para su difusión en Facebook, es el que mejor me permite expresar y mostrar todo lo que quiero, de modo que se mantendrá así. Quizá en algún momento decida recopilar algunos de estos textos en un libro, pero en términos generales prefiero que quien entre aquí encuentre cosas originales que no hallará en otros lados.

Finalmente, quisera conocer la opinión de todos ustedes. ¿Qué les ha gustado más del blog?, ¿qué les disgusta?, ¿qué temas deberían incluirse aquí?

sábado, 29 de abril de 2023

La muy mala "restauración" de una casa: Plaza de la Constitución no. 7

Hace algunas semanas critiqué en estas mismas páginas el inicio de ciertas obras en la casa de la esquina de la avenida Manuel del Mazo y Plaza de la Constitución, conocida antiguamente como Casa del Volcán, por el nombre de la tienda que existió en sus accesorias, "El Volcán de Orizaba". Las obras, realizadas en la segunda planta de este inmueble catalogado como monumento histórico por el INAH, afectaban la segunda planta del edificio, así como la fachada posterior que da hacia el sur, a la calle de Allende. Esta intervención se advertía desde el comienzo como impropia: en las fotografías que me enviaron en aquellos días, se observaba, tras el retiro de toda la cubierta de viga y teja, la colocación sobre el muro de una pesada cadena de varilla y concreto, así como la completa destrucción de la fachada sur.

El INAH realizó una visita de inspección el jueves 23 de febrero. No conozco con detalle los resultados de ella, pero fue evidente que se intentó rectificar algunos de estos entuertos: la cadena de cemento y varilla fue retirada y se reemplazó con un recrecimiento más adecuado de piedra blanca, y la fachada demolida se reconstruyó en con sillares de piedra blanca, aunque con técnica moderna, confinada con castillos y trabes de concreto y aplanada con cemento. Ahora mismo se han colocado ya la nuevas vigas de madera de la cubierta y seguramente en los próximos días se procedará a restituir el tejado, esperemos que con las tejas antiguas.

Sin embargo, el resultado de las modificaciones llevadas a cabo en esta casa dista mucho de ser correcto desde el punto de vista de la restauración arquitectónica. Más aún, tratándose de un edificio histórico catalogado. Para empezar, nada a mi parecer justificaba la demolición de su fachada sur. Me dicen que el propietario argumentó que existía algún daño en la estructura, pero para mí no había evidencias de tal problema, por lo menos al exterior. Fue más bien el deseo de ampliar los accesos de la planta baja y extender la planta alta, creo yo, los que llevaron a que se destruyera esta parte original del edificio. Además, el balcón que existió en este sitio fue reconstruido con dimensiones y ubicación distintas al original. Vaya, que ni siquiera su repisón de cantera antiguo se intentó recuperar y el que luce ahora es completamente nuevo.

Por otra parte, el recrecimiento de los muros de la planta alta, que seguramente se realizó para que este espacio fuera más aprovechable, extrañamente se hizo alterando la geometría de la cubierta a dos aguas, de manera que ahora el tejado en su falda oriente tiene menor pendiente que en su fachada opuesta, cuando antes tenían la misma. Así, el muro que antes formaba un hastial simétrico hacia la Plaza de la Constitución, es ahora asimétrico. En el lado opuesto, hacia la calle de Allende, el hastial de hecho perdió prácticamente su forma triangular.

Pero todavía may más: adosado al costado poniente de esta segunda planta, en lo que fue el patio y ahora es un apretado y caótico conjunto de construcciones modernas, se construyó una estructura de concreto quizá con el fin de una nueva escalera para acceder a la segunda planta. Se trata de un agregado desproporcionado que asoma hacia la plaza y altera definitivamente los niveles de construcción. Sospecho que pronto lo veremos además coronado con un tinaco, para mayor daño estético al propio inmueble y al entorno.

Por todo lo anterior -y por más que las obras se hallan realizado bajo permisos municipales y con licencia del INAH, como seguramente se hicieron-, considero que han sido mucho más dañinas que benéficas para el inmueble. Éste ha perdido parte de su originalidad, se ha alterado su perfil original y con ello ha disminuido su valor histórico. Esta obra es así una mancha más al ya muy manchado patrimonio arquitectónico de Aculco y un muy mal ejemplo de intervención en una casa antigua

Por cierto, un detalle que yo ya daba por perdido, pero que afortunadamente fue recolocado en su sitio, es la placa antigua con el nombre de la calle de Allende. Esta señalética en cantera data del siglo XIX y es parte del patrimonio de Aculco, pero en muchos casos no ha sido respetado. Así ocurrió, por ejemplo, cuando hace unos años se demolió la barda de la esquina de la calle de Riva Palacio con Abasolo.

martes, 4 de abril de 2023

Aculco en el "Atlas de los quesos mexicanos genuinos"

En 2014, el Colegio de Postgraduados de la Universidad Autónoma de Chapingo publicó el Atlas de los quesos mexicanos genuinos. Se trata de una obra colectiva de Abraham Villegas de Gante, Fernando Cervantes Escoto, Alfredo Cesín Vargas, Angélica Espinosa Ortega, Arturo Hernández Montes, Armando Santos Moreno y Ángel Roberto Martínez Campos realizada con enfoque científico (de hecho fue arbitrada por pares académicos), pero su edición fue más allá al darle un diseño atractivo e incluir fotografías que ilustran la producción de los quesos mexicanos y el medio del que proviene cada variedad. Dada la fama que tiene nuestro pueblo en la producción quesera, naturalmente no podía quedar fuera de un libro de este tipo.

Pero, para empezar, ¿a qué se refieren los autores con el término "queso genuino"? Lo responden en las primeras páginas de la obra: Un queso genuino artesanal incorpora elementos vinculados a diferentes recursos que se pueden encontrar en el territorio donde se produce, como los siguientes:

• Un saber-hacer tradicional, patrimonializado en el sentido de que se transmite dentro de una comunidad “localizada”. Este saber-hacer puede generar propiedades organolépticas (es decir, percepctibles por los sentidos) específicas.

• Una reputación vinculada a una región reconocida como productora de un queso particular, con determinada calidad (sensorial y/o identitaria), la cual torna intransferible al saber-hacer, territorializándolo.

• Una calidad de leche y de microflora láctica vinculada con los recursos naturales y con un saber-hacer ganadero. En conjunto con esas prácticas se origina una serie de otros bienes que tienen características patrimoniales: paisajes, cultura, organización social, etcétera.

• Una cultura de producción y uso del queso. Saberes relacionales que permiten el buen funcionamiento de la cadena productiva.

Dos fueron los quesos de Aculco elegidos por los autores para incluirlos como quesos genuinos en el atlas: el queso tipo oaxaca y el queso molido. Aunque incluyeron también el queso ranchero, lo hicieron con la variedad que se produce en Jilotepec. Les comparto aquí las páginas que hablan de estos productos.

 

QUESO TIPO OAXACA DE ACULCO, ESTADO DE MÉXICO

Como vemos aquí, la conclusión sobre el queso tipo Oaxaca de Aculco no es muy halagadora: "Este producto no es completamente artesanal y sí muy heterogéneo en su elaboración. Entre queserías y al interior de cada una existe variabilidad en el proceso, como por ejemplo en lo que respecta a la materia prima, al no exigir las características adecuadas de la leche, la cual generalmente presenta adulteraciones, lo que provoca que haya variación en la concentración de los sólidos útiles (proteína y grasa). Esto contribuye también a obtener características diferentes en cada proceso".

Vayamos ahora al queso molido de Aculco.

 

QUESO MOLIDO DE ACULCO, ESTADO DE MÉXICO

Las conclusiones aquí son mucho mejores: "El queso molido es un producto artesanal por su proceso; se elabora en una zona específica, es decir, es típico de la comunidad de Aculco. Se produce en baja escala, lo que contrasta con otros de mayor demanda. No obstante lo anterior, el queso molido es un producto reconocido y valorado por su proceso, vínculo con el territorio, y características fisicoquímicas y sensoriales; esto lo convierten en un producto con potencial de diferenciación y con ciertas ventajas en el mercado".

Para quien quiera conocer completo el Atlas de los quesos mexicanos genuinos, lo puede descargar desde esta liga.<>

viernes, 31 de marzo de 2023

Fragmentos de la historia otomí de Aculco

A lo largo de los tres siglos del virreinato, se escribieron en Aculco innumerables documentos en lengua otomí adaptada al alfabeto latino. Desafortunadamente no muchos sobrevivieron en el pueblo hasta nuestros días. El principal corpus de esta clase lo conforman los libros sacramentales de la parroquia de san Jerónimo, que entre 1606 y 1640 utilizaron casi excluivamente esa lengua. Los documentos del cabildo indígena, que debieron formar un acervo aún más amplio, temporalmente más extenso y mucho más variado en sus temas, escrito también en otomí, se perdieron desafortunadamente antes de 1819, lo que nos privó de conocer con más detalle la vida civil del pueblo en aquellos siglos.

Sin embargo, hay un tercer acervo de papeles otomíes de Aculco, poco conocido y menos estudiado. Se trata de los documentos que por azares del destino terminaron en el Archivo General de la Nación (AGN) formando parte principalmente de expedientes relacionados con pleitos de tierras, todos ellos del siglo XVIII. No son ciertamente abundantes, menos de una decena de documentos distintos, pero guardan sin duda muchos detalles de la historia aculquense hasta ahora ignorados. La gran dificultad para sacar provecho de ellos es la propia lengua en que se hallan escritos, pues el otomí de tiempos coloniales es complicado y los hablantes actuales tienen problemas para comprenderlo.

Pero el acervo existe y en el futuro alguien podrá entenderlo, no tengo dudas de ello. Además, gracias al Repositorio Filológico Mesoamericano podemos consultarlo ya en línea, con imágenes digitalizadas y mejoradas para facilitar la lectura. Ahí aparecen estos papeles perfectamente catalogados y lo que les muestro aquí son simplemente las ligas para accder a ellos.

 

1. Petición de tierras por María Juana (1707)

Para ver el documento completo, pincha aquí.

 

2. Documentos que presentan información y pruebas respecto al pleito que sigue el pueblo de Santa Ana Motlahata [Matlavat] (1760)

Para ver el documento completo, pincha aquí.

 

3. Petición que presenta la comunidad de Santa Ana Motlahata [Matlavat] (1776)

Para ver el documento completo, pincha aquí.

 

4. Amparo de posesión que otorgan las autoridades, amparando la entrega de tierras que se hizo con la testificación de Benito Gabriel (1774)

Para ver el documento completo, pincha aquí.

 

5. Información que rinde Benito Gabriel sobre la nulidad de una posesión y el amparo que solicitan las autoridades (1773)

Si quieres ver el documento completo, pincha aquí.

 

6. Petición presentada por Matías de los Ángeles (1770)

Si quieres ver el documento completo pincha aquí.

 

7. Certificado de la información presentada por Benito Gabriel (1774)

Si quieres ver el documento completo pincha aquí.

 

8. Posesión con la información que rinde Benito Gabriel y Mateo Gerónimo de una tierra a Salvador Pablo (1773)

Si quieres ver el documento completo pincha aquí.

 

9. Dos posesiones de tierras, una a favor de Mateo Gerónimo y otra para Manuel Bartolomé (1773)

Si quieres ver el documento completo pincha aquí.

 

Hasta aquí los documentos del AGN que el Repositorio Filológico Mesoamericano pone a disposición de todos los que quieran adentrarse en este pasado en gran medida desconocido de Aculco, su raíz primera, su raíz otomí. Seguramente podré aprovecharlos, aunque muy limitadamente por mi escasísimo conocimiento del otomí. Pero quizá entre los lectores del blog existe algún verdadero hablante de esta lengua que quiera y pueda vencer la barrera del idioma y de los siglos para develarnos ese pasado. Ojalá sea así.