Los historiadores y cronistas de Aculco no han sido especialmente diligentes en la tarea de investigar las vidas de quienes forjaron la historia del municipio o de aquellos que, nacidos aquí, participaron en escenarios más amplios de la historia de México. Es una falta de la que, en cierta medida, también me considero responsable, pues sólo en años recientes me he preocupado por escribir perfiles verdaderamente biográficos de esos personajes. Antes los dejaba aparecer y desaparecer en mis libros sin preocuparme demasiado por saber quiénes eran en realidad, más allá de los datos indispensables para la narración.
El fruto de ese esfuerzo que todavía podemos llamar incipiente puede encontrarse en este mismo blog en textos como Los insurgentes de Aculco; Blas Guller, el penúltimo administrador jesuita de Arroyozarco; José Carbajal García, el sindicalista de Chalco que nació en Aculco; Un aviador aculquense: el general Manuel Bravo Ruiz; Los primeros franciscanos en Aculco; Don Antonio Magos Bárcena y Cornejo, cacique otomí de Aculco; Don Antonio Martínez Infante: el cura alegre, generoso... y escandaloso; José Riverón Mondragón: el único general aculquense en la Revolución; El bachiller don Luis José Carrillo y Troncoso, cura de Aculco (1753-1830); Don Gumersindo Mendoza: un aculquense olvidado, entre varios otros.
Pero, justamente, como decía al principio, quedan todavía muchas biografías de aculquenses notables por escribir. Y peor aún: de muchos de ellos ha desaparecido casi todo recuerdo, de modo que mencionarlos provoca hoy auténtica sorpresa. Resulta significativo que, hace algunas décadas, cuando el gobierno municipal decidió bautizar algunas calles que carecían de nombre con el de personajes aculquenses, la mayoría se dedicó a individuos de épocas muy recientes y, con perdón de sus familiares, varios sin mérito alguno. Fue como si Aculco hubiera olvidado por completo quiénes eran los hombres y mujeres que construyeron su historia.
Por eso quiero hablar hoy de un revolucionario aculquense que fue el primero en ocupar una curul en la Cámara de Diputados federal y que, sin embargo, ha sido casi borrado de la memoria colectiva. Me refiero a Isauro Castillo Garrido.
Isauro Castillo Garrido nació a las 11 de la mañana del 24 de enero de 1881 en la hacienda de Arroyozarco. Sus padres fueron don Federico Castillo, que por entonces tenía 24 años y trabajaba como tejedor en la fábrica de casimires de aquella finca, y Felipa Garrido de 18 años. Sobre don Federico Castillo ya he escrito antes y pueden encontrar la información aquí. Don Federico procuró que sus vástagos tuvieran buena educación y mejores perspectivas, por lo que varios de ellos emigraron a la Ciudad de México. Fue el caso de Isauro, quien se dedicó al comercio en la capital y estableció su domicilio en la Primera Calle del Relox no. 9 (hoy República de Argentina).
El 19 de octubre de 1905, Isauro contrajo matrimonio con Alfonsina Lazcano, de 21 años, hija natural de Genoveva Lazcano. En su partida de matrimonio religioso, celebrado en la iglesia de San Miguel el 5 de noviembre del mismo año por el padre Modesto Basurto (aculquense también), Alfonsina aparece sin embargo con el apellido Domínguez, que era el de su padre Pedro ya difunto, y como hija legítima. Isauro y Alfonsina tuvieron por lo menos dos hijos nacidos en la Ciudad de México, Rubén (1906) y Eugenia (1910). Al nacer esta última, tenían su domicilio den la Tercera calle de Degollado número 43, en la colonia Guerrero. En 1916 tuvieron un tercer hijo, Alfonso, nacido en Chalchicomula, Puebla. Alfonso, por cierto, murió muy joven, en 1938, debido a una tifoidea.
No he podido averiguar todavía cuándo y por qué motivos se unió a la Revolución, aunque es seguro que su expediente se encuentre en el archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Lo cierto es que en 1915 ya participaba en ella (probablemente por ello su hijo Alfonso nació en Chalchicomula) y hacia el final del movimiento armado había alcanzado el grado de capitán, como parte del 19o regimiento de caballería con matriz en Polotitlán y destacamentado en Jilotepec. Por lo visto, su ocupación militar no fue obstáculo para que mantuviera su comercio (o quizá incluso le ayudó), pues en septiembre de 1916 seguía comerciando en su tienda de la Tercera Calle de Mesones número 80 con arroz, azúcar, harina americana y del país, pastas para sopa de Morelia y trementina, algunos de estos artículos al por mayor.
En 1918 decidió contender por la diputación federal del distrito 10 del Estado de México para el periodo 1918-1920 y la votación le favoreció, pues recibió 2,019 sufragios contra los de 1,573 de su contendiente, Daniel Basurto. Sin embargo, Basurto elevó una protesta pues Castillo había infringido la ley: se hallaba en servicio activo en el Ejército al momento de la elección, lo que violaba la fracción I del artículo 43, en consonancia con la fracción IV del artículo 75 de la Constitución recientemente promulgada.
El caso se discutió en el Congreso. No era el único en esa situación, por cierto, pues otros como el general Rafael Cárdenas se hallaban en parecido conflicto. Los diputados expusieron diversas posturas, que mostraban las dificultades del paso del orden militar de la Revolución hacia un nuevo orden civil, que en realidad tardaría en concretarse todavía tres décadas. El diputado Manlio Fabio Altamirano, por ejemplo, habló a favor del capitán aculquense:
Se dice que el señor Castillo Garrido no puede ser diputado porque era militar en servicio activo; pero yo creo que los constituyentes, cuando dictaron este artículo, tuvieron en consideración que muchos militares, olvidándose de los deberes y de las obligaciones de todo ciudadano, se valen del rifle que traen en la mano y de las fuerzas de que disponen, así como el temor que infunden al pueblo, para fraguar una elección a su favor. Por consiguiente, yo mismo sentiría cierta duda acerca de la elección del señor Castillo Garrido, si en lugar de haber ido él sólo con su pecho sano y con su frente muy alta, a hacer su propaganda en ese Distrito Electoral, hubiera ido como jefe de la guarnición, con cientos o miles de hombres a su mando; entonces sí hubiera yo podido creer que por medio de esos hombres, que por medio del terror, él podía haber ejercido sobre sus conciudadanos, alguna presión hubiera podido imponerse a la voluntad de ellos, para traer así una credencial; pero el C. Castillo Garrido fue sólo, fue únicamente atenido al voto del pueblo, que lo llamó a la elección fue atenido únicamente a sus propias fuerzas y a sus propias alcances; no votó un solo soldado a su favor. Por consecuencia, ¿dónde puede haber la causa de nulidad que se llama presión, para nulificar la credencial del señor Castillo Garrido?
La comisión del Congreso encargada de dictaminar la elección opinó en contra, pues "aunque el C. Castillo Garrido no tenía mando de fuerza en el Distrito Electoral de que se trata, la ley, a este respecto, es terminante. La Comisión ha consultado los debates del Constituyente sobre el particular, y encontró que la mira de los legisladores fue incapacitar a todo militar para el cargo de diputado, tan sólo por el hecho de estar en servicio activo", por lo que determinó la nulidad. Sin embargo, y "acatando esta Comisión el sentir de la honorable Asamblea" (lo que se puede traducir como las presiones de los congresistas), el diputado secretario sometió a aprobación un dictamen distinto, que declaró válida la elección. Así llegó Isauro Castillo Garrido a su primer periodo como diputado federal en septiembre de 1918 como parte de la XXVIII Legislatura.
Castillo Garrido formó parte de la Comisión Segunda de Guerra. Además, se ocupó muy particularmente de atender asuntos de su distrito electoral, es decir, de la región de Jilotepec, sobre todo conflictos por tierras y aguas. Por ejemplo, una solicitud en noviembre de 1920 a la Secretaría de Agricultura y Fomento para el aprovechamiento de las aguas del manantial "El Quinte", cercano a Soyaniquilpan, para la generación de fuerza motriz con fines industriales. Se recuerdan también sus contribuciones "utilitarias a la ciencia", como escribe Andrés Moreno Nieto en su tesis "La botánica en la Dirección de Estudios Biológicos (1915-1926)":
El diputado representante del Estado de México, Isauro Castillo Garrido, sostuvo en una de sus iniciativas al Congreso en el año 1920 que si no desaparecía la DEB al menos debía reducir sus gastos y actividades “a lo que lógicamente le corresponde”. ¿A qué se refería el diputado con estas actividades lógicas? Suponemos que la opinión del legislador respondió a una visión pragmática y utilitaria de la ciencia en la cual los aspectos teóricos sin aplicación directa representaban un gasto innecesario. La biología era considerada una disciplina auxiliar de la medicina para propósitos sanitarios, no para especulaciones que podían prestarse costosas a reflexiones metafísicas.
Castillo Garrido era un legislador que presentó varias iniciativas para el aprovechamiento de los ríos, la fauna y la minería, es decir, un político adepto a la aplicación pragmática de toda institución científica o dispositivo tecnológico en aras de la industrialización. Al respecto, en 1920 el Congreso de la Unión y la Secretaría de Agricultura y Fomento insistieron en la utilidad del arroyo de “El Xhote” en el pueblo de San Francisco, Estado de México, para generar fuerza motriz.²⁰³ Pareciera que se estaba construyendo una visión utilitaria de la ciencia mexicana en la cual la DEB era inoperante para solucionar algunas de las necesidades más importantes del país en el siglo XX.
En 1920, Isauro resultó nuevamente electo a la Cámara de Diputados, esta vez por el Distrito 11 del Estado de México. En esta legislatura, la XXIX, el aculquense estuvo entre los diputados que suscribieron la injusta iniciativa para borrar del recinto de la Cámara el nombre de Agustín de Iturbide y sustituirlo por el de Belisario Domínguez, en septiembre de 1921, centenario de la Consumación de la Independencia de la que Iturbide fue artífice.
Sin embargo, parece ser que Castillo Garrido no no simpatizaba con el nuevo Gobierno de la República, establecido tras la caída y asesinato de Venustiano Carranza en mayo de 1920 con Adolfo de la Huerta como presidente interino y Álvaro Obregón como presidente constitucional a partir de diciembre de aquel año. De hecho, en 1921 tomó partido en las elecciones del Estado de México a favor del general Andrés Castro contra el obregonista Abundio Gómez. Gómez obtuvo la victoria y Castillo Garrido se vio implicado en el conflicto postelectoral, denunciando las acciones violentas de los gomistas. En la Cámara, sus adversarios llegaron a burlarse de su vehemencia, como lo hizo el diputado Vizcarra en la sesión del 7 de septiembre de 1921:
Días antes, meses antes, ya el señor Castillo Garrido, el valiente señor Castillo Garrido, ya había dirigido una misiva, que se publicó, a uno de sus amigos en Villa del Carbón y que más o menor decía esto: O triunfa el general Castro o nos levantamos en armas, y el señor Castillo Garrido no se ha levantado en armas y ya véis ustedes.... (Risas. Voces: ¡Ya véis vosotros!) Yo no me admiro de que el señor se levante en armas cuando se verifica una imposición, pero sí me admiro de que sin consultar la opinión, de que sin consultar la opinión del pueblo y de que antes de saber los últimos detalles de la elección del Estado de México, se ofrezca levantarse en armas si no resulta el capricho de uno; es de lo que me admiro y no de otra cosa, compañero.
Pero aquella burla tomó otro rostro en los días siguientes, cuando la idea de la sublevación de Castillo Garrido estuvo cerca de convertirse en realidad. El 16 de ese mes, el diario El Demócrata publicó esta nota:
Dio El Demócrata ayer una amplia información sobre el asalto que, a la ciudad de Toluca, preparaban algunos elementos adictos al general Andrés G. Castro, que figuró como candidato al gobierno de esa entidad y fue derrotado por el general Abundio Gómez. Sorprendidos en sus movimientos los presuntos asaltantes, fueron capturados más de treinta de ellos y traídos a esta capital ayer, después de medio día, escoltados por fuerzas de las que se encuentran de destacamente en Cuajimalpa y Santa Fe.
Los sospechosos habían sido advertidos en el tranvía de Tacubaya a Cuajimalpa, por lo que el conductor avisó por teléfono al presidente municipal de este lugar, quien informó a su vez al jefe del destacamento militar. Los soldados se encontraron con los sospechosos en la estación de Contadero, donde, al notar su presencia, corrieron a esconderse entre las milpas. Ahí capturaron a Isidro Castillo Garrido, quien, apenas detenido "quiso ponerse a salvo, y para ello mostró su credencial, por lo que el capitán Hernández lo dejó en libertad". Pero su participación era evidente. "Los llevaba Castillo", señaló en un subtítulo el mismo diario:
Una vez llevados al cuartel de Coajimalpa, estos individuos, según nos manifiesta el capitán Hernández, manifestaron que iban con el diputado Castillo, y que según se les había manifestado, iban a atacar la ciudad de Toluca, para apoderarse del Gobierno e instalar en él al general Castro, que el mismo Castillo les había manifestado que un poco más adelante, tenía más gente para esta empresa, por lo que estaba seguro del éxito. No se les recogieron armas, porque no las tenían, y dijeron que en algún punto cercano a Toluca, les serían entregadas a fin de que se consumaran los planes propuestos por el diputado.
A raíz de este conflicto, Castillo publicó con el Lic. Ángel Alanís Fuentes un libro titulado El Caso Electoral del Estado de México ante la Historia. Él era el autor directo de la primera parte de esta obra, que se centraba en "consideraciones de orden político". Aunque logró mantenerse en su curul, al parecer este suceso significó de alguna manera su debacle política, pues en adelante dejó de sobresalir en la Cámara de Diputados.
A pesar de sus ocupaciones políticas y comerciales en la capital del país, Isauro no perdió por completo el contacto con Aculco. Prueba de ellos es que fue padrino de matrimonio de Martín Basurto y Josefa Morales el 6 de agosto de 1921, cuando era diputado.
El 26 de septiembre de 1922, Castillo Garrido se asoció con Román Meraz para adquirir el rancho El Paraíso y formar la empresa Castillo Garrido y Meraz, con un capital de $ 5,000 pesos. No he hallado información sobre esta empresa ni su destino, pero curiosamente algún problema legal en el que se vio inmiscuida dio pie a una tesis jurisprudencial: "Los miembros de una sociedad, no pueden considerarse corno personas extrañas, en el juicio seguido contra aquélla, sino acaso, como vencidos sin haber sido oído".
Para 1935, Castillo Garrido ya había fallecido. En 1962, su viuda dirigió al presidente López Mateos un memorial en el que solicitaba una pensión por los servicios que Isauro había prestado a la Revolución. Alfonsina murió a su ves el 24 de noviembre de 1968, en la capital del país.
Como pueden ver, esta es una biografía todavía en construcción. Pero no quise dejar por más tiempo en el olvido a este personaje. Por lo menos así, con este texto y datos incompletos, los lectores de Aculco, lo que fue y lo que es podrán tener una ligera idea de quién fue Isauro Castillo Garrido.





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