martes, 26 de abril de 2011

Los cuatro padres Basurto

Para mi tío Manuel Arciniega Basurto.**


Aunque hoy ya casi nadie lo recuerde, hubo tiempos en que los aculquenses recibían, sobre todo de sus vecinos acambayenses y polotitlecos, el sobrenombre de "mochos", esto es, una manera peyorativa de referirse a los muy devotos. En efecto, Aculco fue una población piadosa, rica en vocaciones sacerdotales y religiosas auténticas -de esas que aún entre los no creyentes producen respeto y admiración-, aunque también abundó en hipocresías de viejas beatas, religiosidad mal comprendida, superstición y casi hasta idolatría.

Lamentablemente, en el afán de eliminar estas últimas actitudes se barrió casi con todas las demás y hoy en día Aculco es pobre hasta en tradición religiosa. Díganlo si no las conmemoraciones de la Semana Santa, en las que nunca se sabe si saldrán las imágenes de la parroquia o será un viacrucis viviente, si la procesión se limitará al atrio o irá por las calles del pueblo, si la crucifixión se representará en el mercado, el panteón, el atrio parroquial o en algún nuevo sitio elegido por el párroco en turno. Acaso lo único que permanece medianamente inmutable son los xhitas, la traslación de las imágenes de los pueblos y comunidades a la parroquia, las ceremonias con las banderas cerradas llenas de pétalos que se abren fuera del templo en la misa de resurrección, y las chirimías y tambores, pero todo ello ya en franca decadencia. No le falta razón a mi perogrullesco hermano cuando afirma que en este pueblo "cada año cambiamos nuestras tradiciones"...

Pero regresemos al motivo de este post. Una de las familias que en mayor medida contribuyeron a que los aculquenses fueran calificados de mochos fue, sin duda alguna, la de los Basurto. Desde tiempos coloniales y hasta nuestros días, no han faltado entre los miembros y descendientes de esa familia las vocaciones religiosas, aunque fue quizá ello mismo contribuyó a que, poco a poco, el apellido fuera perdiendo importancia tanto cualitativa como cuantitativa y llegara casi a desaparecer. Contrariamente, las ramas de Basurtos de Nopala, San Juan del Río y Polotitlán, originadas en el propio Aculco y separadas desde mediados del siglo XIX, prosperaron y son todavía numerosas aunque no llegaron a destacar precisamente por su devoción; por el contrario, engendraron a personajes como el execrable coronel nopalteco Artemio Basurto.

Cuatro fueron los Basurto que en el siglo XIX y primeros años del XX destacaron de alguna manera en el estado clerical que abrazaron, ya como regulares o como sacerdotes seculares. Aunque mucho falta para tener una biografía completa de ellos, los datos que aquí aportamos seguramente servirán a los lectores de este blog Aculco, lo que fue y lo que es para conocer más de estos aculquenses de otros tiempos.


NICANOR BASURTO

Nicanor debe haber nacido en Aculco en los últimos años del siglo XVIII o primeros del XIX. Su vocación religiosa fue tardía, ya que primero se dedicó a la agricultura y al comercio e incluso contrajo matrimonio con María Felipa Sánchez, de quien nacieron sus cinco hijos: Mariana, Paula, Nicolás, un par de Franciscos y las gemelas Juana Justiniana Ygnacia de la Trinidad y Hermenegilda de Jesús María.

Nicanor enviudó hacia 1846 y tres años después se ordenó sacerdote (Archivo General de Notarías, Notario Joaquín Vigueras, Acta 37336, f. 2633, 1849). Este tiempo tan breve en que logró convertirse en sacerdote parece indicar que ya contaba con algunos estudios en el seminario, o quizás con cierta formación en Derecho. Después de su ingreso al clero continuó con algunos de sus negocios, en particular con una tienda instalada en 1860 en sociedad con su yerno Luis de la Vega (casado con Ygnacia) en la ciudad de San Juan del Río (Archivo General de Notarías, Notario José María Guerrero, Acta 90660, 1860, f. 1294).

Casi toda la vida de Nicanor se desarrolló precisamente en aquella ciudad queretana, que fue en la que se casó y en la que nacieron la mayoría de sus hijos. A pesar de ello conservó en propiedad en Aculco una enorme casa situada entre las calles del Águila y del Calvario (después Juárez y Manuel del Mazo). Parece ser que fue en esta casa (conocida también como la "Casa de Ejercicios") donde fue aposentado entre el 14 de mayo y el 29 de junio de 1859 el sacerdote catalán José María de Vilaseca, miembro de la Congregación de la Misión que se convertiría en fundador a su vez de los misioneros josefinos en México (cuya labor consistía en re-evangelizar a través de misiones celebradas en los pueblos y ciudades). En aquella ocasión, el padre Vilaseca escribió:

"Aunque alojados en una casa abandonada desde muchos años atrás, porque se le creía infestada por espíritus malvados, estuvimos perfectamente tranquilos por ese lado. Un suceso notable señaló esta misión: habíamos acostumbrado en todas nuestras misiones a plantar una gran cruz en una plaza pública, para recordar a la gente el bien recibido y para que la vista de este monumento fuera como una predicación continua que recordara a todos los buenos propósitos que habían hecho. Un arquitecto había entonces trazado esta cruz sobre un gran bloque de piedra dura y compacta. Desde que se le dieron los primeros golpes de martillo en uno de sus brazos para desprenderla, la cruz entera salió espontáneamente del lecho de piedra en que se le había dibujado" (Annales de la Congregation de la Mission, vol. 25, París, 1860, p. 500).



Portada de piedra que sobrevive en lo que fue la casa del padre Nicanor Basurto.

Los misioneros que participaron en esta evento fueron los padres Pascual, Alabau, Recoder, Learreta, el propio Vilaseca, "el catequista Basurto" (que se llamaba Francisco Basurto, seguramente aculquense o polotitleco y pariente de todos los Basurto aquí mencionados, llegó a ordenarse diácono entre los vicentinos pero luego los dejó debido a la falta de un "clima adecuado para un sólido arraigo" de la orden - Vicente de Dios, Historia de la familia Vicentina en Mexico: 1844-1994 (1993), pp. 147 y 179) y el hermano Tornill. La casa que habitaron fué cedida poco después al Ayuntamiento de Aculco, que había quedado sin sede tras venderse en algún momento indeterminado de la primera mitad del siglo XIX las viejas casas de cabildo. El licenciado Nicolás Basurto, hijo del padre Nicanor, formalizó la cesión en 1875 y desde entonces hasta la casi total destrucción de este histórico edificio en 1947 sirvió como Palacio Municipal, como ya hemos comentado más ampliamente en otro post. La visita de los vicentinos a Aculco no fue enteramente pacífica: una noche, saliendo del sermón de la misión, se presentaron algunos hombres en la plaza "insultando a los misioneros y amenazando al pueblo, los persiguieron, hirieon a uno y los demás huyeron" (Vicente de Dios, Historia de la familia Vicentina en Mexico: 1844-1994 (1993), p. 176). Algo así podía esperarse dada la turbulencia de los tiempos. El párroco de Aculco, el bachiller Eusebio García, con anterioridad había solicitado la misión al padre Sanz, visitador vicentino. De hecho la misión se había aceptado en agosto del año anterior (1858), e incluso se había nombrado al personal que asistiría, pero por prudencia, dadas las condiciones de la Guerra de Reforma, se habían dejado las cosas para un mejor momento (Ramón Aguilera Murguía, JOSE MARIA VILASECA AGUILERA, INFANCIA, JUVENTUD Y SU ETAPA VICENTINA, tesis, UIA, 2018, p. 102).

Vista general de la esquina sobreviviente, ya muy dañada, de la casa del padre Nicanor Basurto.

Fue Nicolás, nacido en 1840, el hijo más destacado de Nicanor y su nombre aparece con frecuencia entre los vecinos más notables de San Juan del Río. Él casó en 1866 con Josefa Basurto Díaz (la endogamia era otra característica familiar) y fueron padres de María Basurto Basurto, celebrada por su bella voz de soprano (Rafael Ayala Echávarri, San Juan del Río: geografía e historia, México, 1971, p. 209). El 28 de abril de 1866, el emperador Maximiliano nombró al licenciado Nicolás Basurto como Abogado Defensor de los Pobres en el Tribunal Superior de México (AGN. Despachos, vol. 2, exp. 105).


MODESTO BASURTO


A partir de sus misiones celebradas en Aculco, el padre Vilaseca estableció una fuerte amistad con la familia Basurto. No sólo con la inmediata a Nicanor, sino aún con las ramas establecidas en Polotitlán y San Juan del Río. De ello es muestra una carta suya, escrita en 1862, cuando se encontraba en camino hacia San Juan del Río y recordaba la "destrucción de numerosas enemistades inveteradas" en la misión llevada a cabo en Polotitlán del 13 de marzo al 24 de mayo de 1859:

“... a la vista de Polotitlán me acuerdo de uno de los días más hermosos de mi vida... Sus pobladores San Juan Bautista, Blanco, los Polo, los Basurto y los Garfias me hacen pensar en esta feliz paz que Dios, por medio de la Misión, ha restablecido allí entre los habitantes" (Annales de la Congregation de la Mission, vol. 27, París, 1862, p. 70-71).

Incluso, al llegar a San Juan del Río, continúa escribiendo Vilaseca, "M. Basurto vino, como habitualmente, a decirnos que su casa era la nuestra". Más allá de esta amistad, uno de los frutos de estas misiones fue la incorporación de las vocaciones religiosas locales a su fundación. Así, sólo tres años después de establecido el Colegio Clerical de San José en 1872, atendido por los josefinos, sentó plaza en él Modesto Basurto Guisa, quien a sus catorce años de edad iniciaba lo que sería una interesantísima carrera religiosa.


Modesto, nacido en Aculco el 15 de junio de 1861, era hijo de José María Leocadio Francisco de Paula Basurto (nacido en Aculco en 1822, presidente municipal en 1864) y de Gertrudis Guisa. Curiosamente, al ser nieto de José Gregorio Basurto y Gertrudis Cuevas (padres de Leocadio), su tronco familiar resulta ser el mismo del ya mencionado coronel Artemio Basurto, famoso por su crueldad y carácter sanguinario.



La credencial de diputado de Artemio Basurto.









A pesar de haber estudiado con los josefinos (y posiblemente haber recibido las órdenes menores en el seno de la orden), se ordenó como sacerdote del clero secular en 1884. Recibió su primera parroquia como cura encargado de Culhuacán en 1889 y pasó después a las de Tlalpan, Metepec, Calimaya, San Pablo, San Cosme, San Miguel (éstas tres últimas en la capital del país) y en 1906 fue nombrado canónigo honorario de la Catedral Metropolitana.





Pero más allá de su labor puramente sacerdotal, Modesto gustaba de escribir y sus crónicas de la segunda peregrinación mexicana a Roma y primera a Tierra Santa fueron publicadas entre 1897 y 1898 por el periódico El Tiempo, de Victoriano Agüeros. Estos artículos fueron recopilados más tarde en el volumen titulado Cartas y ligeros apuntes sobre un viaje a Roma y Tierra Santa (México, Tipografía Guadalupana, 1908).


Curiosamente, el padre Modesto, siendo cura de Tlalpan, fue objeto de una de las crónicas del famoso escritor Ángel del Campo Micrós, quien en el artículo "Tiene razón el padre Basurto", aparecido en El Universal el 21 de mayo de 1896, justifica los regaños del sacerdote a su feligresía por la falta de compostura que se observaba en su parroquia durante las celebraciones litúrgicas:

¡Con razón nuestro buen amigo Basurto se ve precisado a poner en la pared las reglas elementales de educación religiosa que los fieles no acatan! Tiene razón: los católicos son necios y son inconvenientes en un templo; lo declaran plaza pública y poco falta para que lo sea: hay puestos de estampas, música callejera, actitudes de paseo y risas de día de campo. Tiene razón D. Modesto Basurto en recordarles la cartilla; ya que el grupo es intransigente y fanático, que se conduzca como debe".


No sabemos casi nada del padre Basurto después de la Revolución, aunque es seguro que seguía vivo en 1929, en plena persecución callista, cuando escribíó a su sobrina Mercedes Arciniega en respuesta a sus lamentos por la difícil situación que se vivía en Aculco:

“Deploro en el alma las necesidades de ese mi pueblo, tan querido para mi; las hago mías, y cumpliré con su encargo de pedirle a Dios el remedio de ellas. Que después de haber soportado hasta aquí tan dura prueba, solo Dios sabe lo que todavía tengamos que sufrir, porque el Señor no se aplaca, ni quiere, porque no se quita la causa que ha provocado su indignación divina, que es el pecado; antes por el contrario, las costumbres se pervierten cada día, la inmoralidad es un lujo, los crímenes se multiplican, la Fe se debilita, y no se teme al Señor ni se le aplaca. ¿A dónde iremos a parar?” (Carta del Pbro. Modesto Basurto Guisa a la srita Mercedes Arciniega. Ms. México, Enero 20 de 1929).



Parece ser que el padre Modesto Basurto fue sepultado en el Panteón del Tepeyac. Sus padres, en cambio, reposan en Aculco, en el único sepulcro que se conserva en el cementerio del atrio parroquial, al pie de la torre del templo.



J. TRINIDAD BASURTO

Foto de grupo de los mimebros de la segunda peregrinación mexicana a Roma y primera a Tierra Santa, entre los que se encuentran los padres Modesto y Trinidad Basurto.

Aunque según Mario Colín nació en la ciudad de Tula, Hidalgo, en 1862 (lo que a mí me parece poco probable), su liga familiar con los Basurto aculquenses la aclara en cierta medida él mismo, al referirse al padre Modesto Basurto como "tío" en uno de sus escritos, aunque eran estrictamente contemporáneos. En su juventud ingresó al Colegio de San Joaquín. Se ordenó sacerdote en 1882 y sirvió en varias parroquias, entre ellas las de Metepec, Calimaya y de Regina, ésta en la ciudad de México. Se desempeñó como también capellán del Hospital Concepción Béistegui. Fue muy cercano a los arzobispos Pelagio Antonio de Labastida y Próspero María Alarcón, e incluso acompañó a este último en su viaje a Roma para participar en el Concilio Plenario Americano, en abril de 1899. Ya para entonces había recibido el título de monseñor, debido a su nombramiento como Misionero Apostólico ad honorem realizado por el Papa León XIII.


Su talento literario, narrativo e histórico, aunque compartido con su tío Modesto, era muy superio al de éste. Prueba de ello es la obra titulado Recuerdo de mi viaje, publicada en tres volúmenes de unas 400 páginas, que se refiere al mismo viaje a Roma y Tierra Santa sobre el que Modesto Basurto escribió un libro, pero que resulta mucho más interesante, mejor ilustrado, más extenso y más profundo.


Su obra más conocida, empero, es El Arzobispado de México, publicada en 1901, en la que no sólo profundizó en la historia eclesiástica general de la principal diócesis del país y sus arzobispos, sino en la de cada una de sus parroquias, incluyendo información estadística, vías de comunicacíón y transporte, etc.




JOSÉ MARÍA BASURTO


Vista la cercanía del padre Vilaseca con los Basurto, resultó casi natural que cuando el aculquense José María Basurto (hijo de Cayetano Basurto y Cresencia González, nacido hacia 1878) decidió seguir la carrera sacerdotal, lo hiciera precisamente en el seno de la orden josefina a partir de 1897. Su ordenación se llevó a cabo en Roma, el 19 de diciembre de 1903 y al día siguiente cantó en esa misma ciudad, en la Basílica de San Pedro, su primera misa.



José María destacó en esta congregación regular por sus grandes virtudes, especialmente en el desempeño de cargos ligados a la aplicación de los principios del catolicismo social impulsados por el papa León XIII con su encíclica Rerum Novarum (1891), que se orientaban a detener la "descristianización de las masas trabajadoras". Así, José María participó en la fundación de los "Centros Recreatorios Católicos", nombrados después "Recreatorios de San Tarcisio", con el objetivo de "proporcionar diversiones honestas y morales a las familias verdaderamente católicas, especialmente a los niños y a los artesanos". Llegó incluso a ser el director de estos centros.


En 1910 murió el padre Vilaseca y estalló la Revolución Mexicana. En el curso de ésta, en el año de 1914, las cuatro casas de formación de los josefinos fueron ocupadas por las tropas. Algunos de los misioneros se escondieron y otros, como el propio superior, padre José María Troncoso, tuvieron que exiliarse fuera de nuestro país. José María Basurto se trasladó a su pueblo natal junto con algunos jóvenes seminaristas josefinos, de los que era maestro, buscando alejarse del riesgo de ser hostigados e incluso aprehendidos. Así, en la casa de sus padres, ubicada en la Plaza de la Constitución no. 12 de Aculco, quedó establecido por algún tiempo un seminario clandestino. Pero para mala suerte suya, cuenta una curiosa anécdota, mientras paseaba un día con su grupo de seminaristas por el pueblo, arribó un destacamento de soldados federales que se percató -a pesar de no portar sus hábitos- de que se trataba de religiosos. El comandante de aquella fuerza ordenó que se les detuviera y fueran llevados a su presencia, amenazando con fusilarlos.


Al llegar al improvisado cuartel, la sorpresa y el miedo de José María Basurto subieron de grado al darse cuenta de que aquel oficial era un viejo compañero del seminario, que no sólo había renunciado a la carrera eclesiástica sino que había adquirido fama de comecuras. El militar reconoció también enseguida a Basurto, pero antes que desquitarse con ese testigo de su devoción juvenil, ordenó que liberaran inmediatamente al grupillo y le expresó que él era uno de los pocos compañeros de estudios de quienes guardaba un buen recuerdo.


La iglesia de la Sagrada Familia en Santa María la Ribera, donde está enterrado el padre José María Basurto

El padre José María Basurto murió en la ciudad de México y fue enterrado en la cripta de la Iglesia de la Sagrada Familia, de los josefinos, en la colonia Santa María la Ribera de la ciudad de México, donde reposan también su hermana Matilde y su cuñado Cirino María Arciniega. Cuentan que su misa de cuerpo presente convocó a miles de personas que lo conocieron, especialmente obreros y artesanos, muchos de los cuales se acercaban a tocar su cuerpo con cruces y medallas, como si se tratara de un santo.


RECONOCIMIENTO

Es poco comprensible que estos cuatro personajes oriundos de Aculco o con raíces aculquenses no aparezcan nunca en las listas de individuos notables de nuestro municipio. Esto se explica, claro, por la escasa admiración que puede despertar en nuestros tiempos una carrera eclesiástica, o por simple desconocimiento y hasta por el deseo de no aparecer como muy mochos al elogiar a estos sacerdotes. Sin embargo, ellos reúnen sin duda muchos más meritos que otros personajes dudosos de la historia aculquense que han recibido hasta el honor de tener una calle con su nombre. Por ello, es justo recordar, aunque sea en este modesto espacio, a Nicanor Basurto como el benefactor que regaló a Aculco su antiguo Palacio Municipal (y cuyo terreno ocupa actualmente todavía, de de manera parcial, la Casa de la Cultura), a Trinidad y Modesto Basurto como autores de importantes obras escritas, y a José María Basurto, como impulsor de organizaciones obreras católicas.


ACTUALIZACIÓN

Dos fotografías más del padre José María Basurto González, misionero josefino:




** Se lo leí, a sus 97 años, el 4 de octubre de 2011.

domingo, 17 de abril de 2011

San Juan Aculco: el pueblo perdido


Iglesia vieja de San Juan Aculco, despoblada, detalle de un mapa de 1610 del Archivo General de la Nación (mapoteca, cat. 2555).


Hace ya bastantes años, cuando comenzaba a interesarme por la historia de nuestro municipio, una de las primeras cosas que me llamaron la atención al revisar los catálogos del Archivo General de la Nación, fue que en el siglo XVI había existido un pueblo "gemelo" al de San Jerónimo Aculco (actual Aculco de Espinosa, cabecera municipal), que se ubicaba a poca distancia de éste hacia el oriente. De aquel pueblo, llamado San Juan Aculco, parece no haber quedado recuerdo en la memoria local, ni rastros en la toponimia, ni tampoco huella material alguna. Lo único que sobrevive son algunas mercedes de tierras concedidas en lo que fueron sus términos (esto es, en su jurisdicción) y, por fortuna, un antiguo mapa de principios del siglo XVII que permite ubicar con cierta precisión su emplazamiento.


El mapa completo, con la orientación convencional de los puntos cardinales.


Lo primero que debemos hacer para intentar ubicar la zona en un mapa actual, es señalar los accidentes geográficos señalados en él, así como los caminos, poblaciones y otros detalles. Éstos son:

1. "Cerro que llaman de San Martín".
2. "Río que baja de este cerro y entra en el río de San Juan".
3. "Ests camino que va de Gueychiapa (Huichapan) a San Gerónimo Aculco".
4. "Este camino de las recuas que viene de México y va a Zacatecas y otras partes".
5. "Este es el camino real de las carretas que viene de la ciudad de México y va a Guadalajara, Zacatecas y otras partes".
6. "Este río sale de la Laguna de Huapango y va a dar en el de San Juan del Río".
7. "Peñas de este río".
8. "Cerro que llaman de Palmas".



La dificultad inicial del mapa es que ninguno de los puntos fácilmente identificables en la actualidad parece estar en su sitio. Pero si giramos el mapa 90 grados en el sentido de las manecillas del reloj, la ilustración se ajusta más fácilmente a la realidad geográfica. De hecho, una prueba más de que ésta es la correcta orientación del mapa nos la da el propio dibujo que representa a la arruinada iglesia de San Juan Aculco, cuya portada debió abrirse -como era habitual- hacia el poniente. Así, los puntos enlistados arriba se relacionan rápidamente con:

1. El cerro de San Martín.
2. El río de El Rosal.
3. El viejo camino Aculco a Arroyozarco y su prolongación que pasaba por el panteón de este último lugar.
4. El ramal del Camino Real de Tierra Adentro que pasaba por Calpulalpan, actual desviación a la autopista México Querétaro.
5. El ramal del Camino Real del Tierra Adentro que venía de Jilotepec, actual camino a El Azafrán.
6. El Arroyo Zarco.
7. La barranca que en parte ocupa ahora la presa del Molino de Arroyozarco.
8. El cerro de Jurica.

Comparemos ahora el mapa antiguo con una fotografía satelital moderna, ubicando en ambas los puntos señalados. Esta comparación nos permitirá, además, hallar tres puntos nuevos de suma importancia: el emplazamiento de Hotel de Diligencias, del Molino y del vaso de la presita Centenario, construida frente a la casa vieja de la hacienda de Arroyozarco y ya desaparecida (aunque de vez en cuando se encharca).



Esta comparación permite observar que si bien los cerros de San Martín y de Jurica son puntos importantes, lo son como mera referencia, no tanto por su inmediatez a los terrenos dibujados. Hagamos ahora un acercamiento a éstos en el mapa moderno y señalemos en éste y en el de 1610 con distintos colores el curso de los ríos y los caminos que aparecen en el mapa:





Ahora ya es muy fácil ubicar los terrenos en los que se situó el desaparecido pueblo de San Juan Aculco: se trata del llanito aluvial que se extiende entre el Arroyo Zarco y el camino que va a El Azafrán, en algún punto entre el casco de Arroyozarco y la presa de Huapango, a unos 11 kilómetros de la cabecera municipal. Quizá aún subsistan ahí las huellas de sus cimientos aún cuando, por su cercanía con el casco de la hacienda de Arroyozarco, en la que se empleó mucho material de construcción en el siglo XVIII, es posible que la mayor parte de sus piedras hayan sido reutilizadas.


En algún punto de esta llanada se ubicaba el pueblo de San Juan Aculco.


Y, ahora bien, ¿por qué desapareció San Juan Aculco? No lo sabemos de cierto, aunque las evidencias circunstanciales nos permiten esbozar teorías bastante aceptables. Recordemos en primer lugar que a lo largo del siglo XVI la población indígena sufrió una drástica caída demográfica (causada principalmente por las epidemias) que quizá llegó al 90%. Esto llevó a que muchos poblados simplemente desaparecieran y a que otros fueran congregados con los sobrevivientes de otros sitios para facilitar su gobierno y evangelización. Sabemos, por ejemplo, que el pueblo de San Lucas Totolmaloya se despobló hacia 1593 y "se juntó y congregó" con el de San Jerónimo Aculco (AGN, Mercedes; vol. 18; exp. 878; fs. 277r-277v.); aunque, como es evidente, en alguna fecha posterior volvió a poblarse y existe hasta nuestros días. El de San Juan Aculco ya era un "pueblo despoblado" desde finales de 1591 y seguramente se congregó también (Rosa Brambila Paz (coordinadora), La expansión de Jilotepec en el siglo XVI, Secretaría de Cultura / INAH, 2021, p.158). Alguna esperanza tendrían aún en repoblarlo, pues su cabildo (es decir, su gobierno indígena) mantenía su carácter corporativo pese a residir ya en San Jerónimo Aculco en 1610. Así, San Juan Aculco habría sido abandonado y sus pobladores reunidos con San Jerónimo, pueblo en el que, según asegura la Composición de Tierras de 1712, "se congregaron muchos pueblos". Seguramente las autoridades indias de San Juan habrían mantenido su carácter con la esperanza de conservar bajo su dominio las tierras del fundo legal de ese pueblo, pero esto debió ser infructoso a la postre ya que, a fines del siglo XVII, habían pasado definitivamente a poder de la hacienda de Arroyozarco.

Fuentes:

AGN, Tierras, Volumen 3673, Exp. 16.
AGN, Mapoteca cat. 2555.
AGN, Indios, vol. 6, exp. 1014.
AHMA, Composición de Tierras del Pueblo de San Jerónimo Aculco (1712, copia de 1783), Tierras, caja 1, exp. 1.

martes, 12 de abril de 2011

La biblioteca jesuita de Arroyozarco de 1767, versión virtual



A mediados de 1767, los últimos dos religiosos jesuitas que residían en la hacienda de Arroyozarco abandonaron para siempre esta finca, debido al decreto que expulsó a los miembros de su orden de todos los territorios de la monarquía española. Antes de partir, el hermano Blas Guller y el padre Diego Cárcamo entregaron inventariados hasta el mínimo detalle todos los bienes que resguardaban los muros de la hacienda. Entre ellos, se encontraban 55 volúmenes que conformaban una interesante biblioteca, la cual, aunque subisitió todavía por algunos años (de ello dan fe lo sucesivos inventarios levantados hasta que la hacienda fue subastada en 1810), terminó por perderse irremediablemente al cabo del tiempo.

Desde que conocí estos inventarios me pregunté si sería posible volver a reunir ese acervo adquiriendo los volúmenes en librerías de viejo. Este esfuerzo, por supuesto, requeriría años de búsqueda y varias decenas de miles de pesos para adquirir las obras. Pero además, la parquedad con que fueron enumerados estos libros obligaría a decidirse por una u otra edición de las obras, sin poder tener nunca la certeza de haber escogido la correcta. A final de cuentas, aunque lograra reunirse nuevamente la colección, no sería sino una reconstrucción hipotética de la original. Y ello no tendría quizá más valor en los tiempos actuales que el anecdótico o el sentimental.

Sin embargo, la tecnología actual nos da otra oportunidad de emprender esa tarea de manera ciertamente menos concreta (sobre todo para quienes amamos el contacto con el libro físico), pero más rápida, más fácilmente senmendable y perfectibe, más accesible y menos costosa. Así, la biblioteca de Arroyozarco de 1767 en su versión virtual queda aquí disponible en su primera versión (casi podríamos llamarla un borrador) para quien quiera asomarse a las lecturas que tenían los administradores jesuitas de haciendas de campo a mediados del siglo XVIII. Naturalmente, algunas ediciones pueden no ser las correctas, de otras no hemos hallado en las distintas bibliotecas virtuales consultadas ediciones anteriores a la expulsión de 1767, e incluso una obra, a Vida del padre Gaspar Duruzbic, que se encontraba en un volumen manuscrito, creemos que se ha perdido para siempre pues posiblemente se trataba de un inédito. Aún así, por lo menos ahora es posible tomar algunos de aquellos volúmenes, hojearlos en la computadora y hasta llevarlos a casa en una memoria o un CD. Si bien nada en nuestro corazón reemplazará al viejo libro impreso, por lo menos ahora es más sencillo llegar a su contenido.
B
Del Ynventario de la entrega echa al tiempo del extrañamiento por el P. Diego Carcamo a Don Bernardo Ecala Guller de la Hacienda de Arroyozarco perteneciente a las Misiones de California (AGN, Provincias Internas, vol. 213, exp. 15, f. 201-216, 1767)

LIBROS DE VARIAS CLASES

-Diez y seis tomos de cartas edificantes.
Una obra sin duda interesante para los jesuitas que residían en una propiedad vinculada a las misiones de California. La serie de Arroyozarco estaba, al parecer, completa. En internet sólo hemos localizado seis volúmenes:
Cartas edificantes y curiosas, volumen 1.
Cartas edificantes y curiosas, volumen 2.
Cartas edificantes y curiosas, volumen 5.
Cartas edificantes y curiosas, volumen 11.
Cartas edificantes y curiosas, volumen 14.
Cartas edificantes y curiosas, volumen 16.



-Uno de novelas ejemplares.
Las clásicas novelas ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra; Aquí una edición de 1739 notable por sus grabados:
Novelas exemplares.

-Dos de elogios de coadjutores.
Elogios de algunos hermanos coadjutores de la Compañía de Jesús, del padre Juan Antonio de Oviedo S.J. Seguramente se trataba de las dos partes en que se publicó la obra:
Primera parte.
Segunda parte.

-De viaje de Phelipo Quinto.
Una especie de "crónica oficial" del viaje de este príncipe francés, nieto del Rey Sol, que se conviertó en el año de 1700 en rey de España cuando se extinguió la rama española de los Habsburgo:
Succesión de el Rey D. Phelipe V ... en la corona de España : diario de sus viages desde Versalles a Madrid el que executó para su feliz casamiento, jornada a Napoles, a Milan, y a su exercito, successos de la campaña y su buelta [sic] a Madrid

-De desengaños religiosos.
O más bien Desengaño de religiosos, obra piadosa de sor María de la Antigua de la que se puede consultar en línea el manuscrito, así como versiones impresas:
Manuscrito.
Impreso.

-Cuatro tomos del padre Puente.
Parece ser que la subsivisión en tomos y tratados de las Obras espirituales del venerable padre Luis de la Puente, de la Compañía de Jesús no es congruente en las distintas ediciones que tuvo esta obra. De ahí que sea difícil determinar a cuáles de ellos correspondían los cuatro volúmenes arroyozarqueños. Ponemos aquí los que hallamos disponibles en la red:
Tomo Primero
Tomo Quinto
Tratado Cuarto.
Tratado Quinto

-Cuatro dichos de la Corte Santa.
Esta obra constaba de más de los cuatro tomos inventariados, por lo que seguro estaría incompleta en la biblioteca de Arroyozarco:
Tomo I
Tomo II
Tomo IV
Tomo V
Tomo VI
VII

-Uno de Galateo Español.
Se trata de una especie de manual para conducirse bien en los ambientes cortesanos de la época de Felipe II, obra de Lucas Gracián:
Galateo Español



-Uno de Arte de Cocina.
Sería sumamente interesante intentar hallar en este libro algún uso culinario que haya perdurado en esta región:
Arte de cozina, pasteleria, vizcocheria y conservería

-Uno de formulario de Cartas Misivas.
Libro muy popular y práctico, con reediciones hasta el siglo XIX:
Nuevo estilo y formulario de escribir cartas misivas.



-Uno manuscrito vida del Pe. Gazpar Duruzbic.
No he podido hallar huella de esta obra, y ni siquiera el nombre de este jesuita, quizá debido a que la ortografía de su apellido no es la correcta. Dado que esta obra se hallaba en manuscrito pudo ser inédita, y de ser así su pérdida sería la más lamentable de toda esta biblioteca por su carácter ireemplazable.

-Uno mes mariano.
Obra simbólica, de profundo espíritu barroco, escrita por un fraile del convento de la Cruz de Querétaro:
Mes Mariano : Lección mensal Mystico-Panegyrica

-Una vida y milagros de San Ignacio.
Una obra indispensable en una biblioteca jesuita.
Vida, virtudes y milagros de San Ignacio de Loyola.

-Dos comentarios de Phelipo Quinto.
Puede o no tratarse de esta obra, que coincide parcialmente en el nombre y en la división en dos tomos:
Comentarios de la Historia de España e historia de su rey Felipe V, TOMO I.
Comentarios de la Historia de España e historia de su rey Felipe V, TOMO II.

-Uno del padre Falconi.
Las obras espirituales del venerable padre fray Juan de Falconi, de la orden de la Merced:
Padre Falconi

-Uno de Casa de Campo y Pastoril.
Libro de los secretos de agricultura, casa de campo y pastoril, obra también de carácter práctico aunque no sabemos qué tan útil en un clima tan distinto al que conoció su autor, fray Miguel Agustín, prior de la orden de San Juan en la villa de Perpiñán:
Casa de campo y pastoril

-Dos de don Quijote de la Mancha.
Es válido suponer que se trataba de las dos partes de la obra de Cervantes. Aquí, dos ediciones con hermosos grabados:
Primera parte, 1787
Segunda parte, 1723

-Uno de Florilegio Medicinal.
Obra popular y recomendada en las Instrucciones a los hermanos jesuitas administradores de haciendas, con varias ediciones españolas y mexicanas, escrito por un hermano coadjutor jesuita:
Florilegio Medicinal de todas las enfermedades.



-Uno de Madama Fouquet.
Otro libro de carácter práctico sobre medicina, muy difundido en el siglo XVIII:
Madame Fouquet

-Uno del padre Galluzzi.
Este libro circuló en su lengua original, la italiana, en muchas casas jesuitas de España y América. Aquí, en edición romana de 1734 que perteneció al colegio de Alcalá:
Padre Galluzzi

-Uno de vida del padre Ugarte.
Su título completo es Vida y virtudes de el Venerable, y apostólico Padre Juan de Ugarte de la Compañía de Jesús, Missionero de las Islas Californias. El biografiado fue un jesuita de origen hondureño y el autor un jesuita mexicano. Se imprimió en México en 1752 en la imprenta del Colegio de San Ildefonso. Una copia de esta obra se encuentra en la Biblioteca Nacional de México, pero no es posible todavía consultarla en línea.

-Uno Vida del padre Baldinuzi.
El padre Galluzzi o Galucci, cuya biografía aparece también en el inventario, es el autor de esta obra sobre el misionero jesuita italiano.
Vida del venerable siervo de Dios, padre Antonio Baldinucci

-Uno Cristiano instruido en su ley.
Serie de discursos morales y doctrinales, del padre Paolo Segneri, S.J.
Cristiano instruido en su ley

-Uno Reformación Christiana.
Obra del jesuita Francisco de Castro:
Reformación cristiana, así del pecador como del virtuoso

-Uno Retrato Español.
Esta obra nos es todavía desconocida.

-Uno de la anunciación de Nuestra Señora.
Pudo tratarse de esta obra o una muy parecida:
Romance espiritual : historia sagrada, en que se declara el Mysterio de la Encarnacion del Hijo de Dios y Visitacion de su Santissima Madre a Santa Isabel

-Uno de ejercicios para un día de cada mes.
Curiosa variante -también jesuita- de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola:
Retiro espiritual para un día cada mes

-Uno su título Vida Espiritual.
Una obra del jesuita Jean de Bussiere que comienza con la frase "ninguna cosa tenemos tan propia como el tiempo, y de ninguna hacemos mayore desperdicios..."
Reflexiones santas o máximas grandes de la Vida espiritual.

-Cuatro libritos de novelas de varios santos.
Resulta plausible suponer que se trataba de varios tomos del Flos Sanctorum ("flor de los santos") del jesuita Pedro de Ribadeneyra:
Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Cuarta parte

jueves, 31 de marzo de 2011

La (casi) desaparecida Casa del Diezmo


La esquina de la Casa del Diezmo en la actualidad, en Google Street View.


La construcción que se ubica en la esquina noreste del cruce de las calles de Morelos y Matamoros, desde que recuerdo, nunca llamó la atención. Sus fachadas de piedra blanca de Aculco y un solo nivel de altura mostraban unos cuantos vanos angostos -varios de ellos tapiados- y sus planos se continuaban con los inmuebles vecinos sin interrupción, por lo que resultaba difícil precisar dónde empezaba y dónde acababa su solar. Ni siquiera la mampostería de de estos muros aparentaba ser demasiado antigua, quizá a causa del rajueleado aplicado en épocas recientes. Y si por fuera por lo menos mantenía en pie sus paredes, por dentro parece ser que casi nada antiguo subsistía ya.

Pese a esta sencíllísima apariencia, al pasar junto a ella no podía evitar el detener la mirada un momento, tratando de interrogar a sus piedras y hallar, siempre sin lograrlo, algo que la relacionara con su hermoso y tradicional nombre de "Casa del Diezmo".


La apertura de esta accesoria significó el ensanchamiento de un vano antiguo y la colocación de una trabe de concreto como dintel.


En efecto, en este sitio se encontraban los almacenes en que la Iglesia colectaba y guardaba las semillas que los vecinos de la jurisdicción parroquial de Aculco entregaban como diezmo, un impuesto que consistía en la décima parte de los frutos de la agricultura o de la ganadería obtenidos cada año, que servía para el mantenimiento del convento, el templo, los frailes y los ministros de cada población. Sin embargo, en la Nueva España el diezmo era cobrado directamente por los funcionarios civiles de la Corona, pues era ésta la encargada directamente de erigir, dotar y mantener las iglesias y parroquias.


Uno de los vanos antiguos que subsisten en el muro de la calle de Morelos.


Como siempre ocurre, más que para los pobres, este impuesto era molesto para los grandes propietarios, por lo que a partir de la independencia se esforzaron por erradicarlo, lo que finalmente lograron al derogar su obligatoriedad con las Leyes de Reforma. Permanece sin embargo hasta la fecha como uno de los mandamientos de la Iglesia, el quinto: "Ayudar a la Iglesia en sus necesidades, ofreciendo el diezmo anual", aunque naturalmente no es ya de un 10%, sino lo equivalente a un día de trabajo.


Campana mayor de la parroquia de Aculco.


Cuenta la tradición que la aculquense Casa del Diezmo sirvió, a principios del siglo XIX, para fundir la campana mayor del templo, bautizada como "Nuestra Señora de los Dolores", en 1822.


También junto a la calle de Morelos, junto al Hotel Chávez, sobrevive un vano tapiado de la antigua Casa del Diezmo.


Por lo menos hasta 1918 la Casa del Diezmo (que por obvias razones también era conocida como la Troje del Diezmo) permaneció en manos de la parroquia de Aculco, pero debe haberse convertido en propiedad particular pocos años después, quizá a consecuencia de la persecución de 1926-1929. Los inventarios levantados en aquel año señalan un magro ajuar y ninguna existencia de semillas u otros productos:

TROJE DEL DIEZMO.
1 Saranda para cernir maíz.
Varias tablas.
1 Mesa, rinconera.
1 Crucifijo, tamaño de una vara.
2 Percheros madera.


El antiguo inmueble debe haber decaído después ya que, como mencioné líneas arriba, mostraba ya desde hace casi cuatro décadas muy pocas huellas de su antigüedad y función original. Pero aún esos pocos restos han ido desapareciendo en los últimos años, al construirse accesorias con grandes entradas que mutilaron sus vanos originales, y una planta alta que abre sus ventanas a la calle de Morelos. Con ello, lo mejor que restaba de la Casa del Diezmo, sus gruesos muros de piedra blanca, han perdido ya mucho de su original dignidad.


En los últimos años, la Casa del Diezmo no ha dejado de transformarse. Obsérvese la nueva planta alta y el vano tapiado que existe entre las accesorias, sobre el que se empotró la placa con el número "14B".

martes, 22 de marzo de 2011

Las estaciones del Viacrucis


Una de las estaciones del muro norte del atrio.


El visitante atento seguramente habrá advertido que, adosados a los muros interiores del atrio de la parroquia de Aculco, existe una serie de nichos que albergan una cruz en su interior. Aunque no falta quien los haya creído vestigios del cementerio que existió en este lugar hasta la década de 1950, se trata en realidad de las estaciones del Via crucis, es decir, representan los catorce momentos significativos que la tradición cristiana señala en el camino de Jesús desde su aprehensión hasta que fue sepultado:


Dos estaciones y el muro atrial en esta fotografía tomada desde la torre del templo en la década de 1940.


Primera Estación: Jesús es condenado a muerte.
Segunda Estación: Jesús carga con la cruz.
Tercera Estación: Jesús cae por primera vez.
Cuarta Estación: Jesús encuentra a su madre.
Quinta Estación: Jesús es ayudado por Simón el Cirineo a llevar la cruz.
Sexta Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús.
Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez.
Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
Novena Estación: Jesús cae por tercera vez.
Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz.
Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz.
Decimotercera Estación: Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de María, su madre.
Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.



Una de las estaciones originales.


Los monumentos que señalan las estaciones en el atrio aculquense son sumamente sencillos: están formados por un nicho practicado en el muro, reforzado por un enmarcamiento de madera, que alberga una cruz de cantera rosa apoyada en una larga peana del mismo material, en la que destaca por su tamaño y mayor ornamentación la "tablilla" del INRI. Sobrepuesto al muro y más amplio que el nicho, un marco de cantera blanca aplanada con cierre curvo, que se prolonga hasta el piso a través de una especie de pedestal-guardamalleta, produce un efecto de abocinamiento. Por su falta de ornamentación siempre he creído que son posteriores a la etapa barroca y que datan del siglo XIX, si bien la traza de los mencionados pedestales mixtilíneos podría indicar, quizá, una fecha anterior.


Estación de reciente factura, una de las construidas para completar las catorce.


Actualmente son visibles doce estaciones del Via crucis. Dos más, que se encontraban junto al muro de la antigua capilla de la Tercera Orden, quizá subsisten aún, ocultas por las buganvilias que fueron plantadas en 1974 junto a ese muro. De la docena que se puede contemplar no todas son originales, pues hace ya varios años se quiso completar su número y fueron construidas varias nuevas estaciones siguiendo con detalle el modelo de las antiguas. Se puede distinguir unas de otras por la calidad de los acabados y por la ausencia del enmarcamiento de madera en las más recientes.


Estaciones que se encontraban adosadas a lo que fue la fachada de la capilla de la Tercera Orden, actualmente perdidas.


ACTUALIZACIÓN 24 de octubre de 2011: Las mismas estaciones que estuvieron adosadas a la capilla de la Tercera Orden, en un dibujo de 1838.

Es de advertirse que en los sitios en que fueron construidas las nuevas estaciones no existían vestigios de la existencia de otras anteriores, lo que muestra cierta irregularidad en la disposición de las originales y que su número posiblemente, era de diez y no de catorce, como cabría esperar. Se puede aventurar una hipótesis para explicar ambas situaciones: quizá las capillas posas que se encuentran en los cuatro ángulos del atrio servían también como estaciones (con lo que quedaría completa la catorcena) y el mayor o menor número de monumentos colocados entre las posas respondería a la intención de adjudicar, a cada una, cierta estación de especial importancia o significado. Las estaciones se distribuían de acuerdo con el carácter procesional del atrio, de manera contraria a las manecillas del reloj; de tal manera, siguiendo nuestra idea, la estación de la capilla posa noreste pudo estar dedicada a la primera caída, la noroeste a la segunda caída, la suroeste a la tercera caída y la cuarta a la muerte de Jesús en la cruz. Es sólo una hipótesis que deberá demostrarse al analizar viejas fotografías y determinar cuál era en realidad el número original y disposición de las estaciones del atrio parroquial de San Jerónimo Aculco.


Esta fotografía muestra las dos últimas estaciones del Via crucis, que son las que muestran una disposición más irregular -se hallan casi contiguas- y sus características constructivas difieren ligeramente del resto, lo que parece explicarse por las remodelaciones y variaciones del nivel del piso.


ACTUALIZACIÓN 24 de octubre de 2011: La misma estación de la fotografía anterior, en este detalle de un dibujo de 1838.

 

miércoles, 16 de marzo de 2011

El Molino de Arroyozarco como locación cinematográfica


Cartel de la película "Eva y Darío".


Hacia el año de 1973, el Molino de Arroyozarco -que albergó en las segunda mitad del siglo XIX la fábrica textil "El Progreso" productora de casimires y otros productos de lana- se hallaba en un lamentable estado de conservación, quizá en el momento de mayor abandono que ha llegado a tener este enorme inmueble. Por fortuna, fue entonces cuando lo adquirió su actual propietario, el Dr. Jorge Girault, quien a lo largo de los años ha venido restaurando algunas de sus secciones y deteniendo el deterioro en el resto, aún cuando la nave principal de la vieja fábrica continúa destechado hasta la fecha, como lo ha estado quizá ya por un siglo.


El área del Molino de Arroyozarco que sirvió como locación, en su estado actual.


No sabemos si antes o después de esa compraventa, pero precisamente en aquel año, el Molino sirvió como locación para una rara película titulada "Eva y Darío". El filme, totalmente prescindible, utiliza un lenguaje que va de lo realista a lo simbólico y se centra en las dificultades sexuales entre los jóvenes protagonistas. Las ruinas del Molino de Arroyozarco son el lugar de sus encuentros y el sitio en el que intentan, sin lograrlo, consumar su unión. Esta escena, que se puede ver en Youtube presionando aquí, se acerca al surrealismo al mostrar a un actor haciendo el papel de Dios, parado en el hueco de una de las ventanas, a una serpiente como símbolo del mal arrastrándose entre las piedras caídas y un par de maderos clavados en forma de cruz.








Cuatro imágenes de "Eva y Darío": la nave de la antigua fábrica, los protagonistas con el cerro de Jurica y el vaso de la presa del Molino perceptibles a través de la ventana, "Dios" en uno de los vanos y los actores en otro lugar del inmueble.


Para nosotros, el mayor valor de esta película es simplemente el documental, ya que retrata el edificio en estado prístino -antes de las restauraciones y adecuaciones del Dr. Girault- y nos permite apreciar el lamentable estado del que fue rescatado, pero también algunas pérdidas como los aplanados del interior, que quiza tuvieron decoraciones murales policromas como las que son perceptibles todavía en el exterior. Incluso, la parte inicial de la obra nos ofrece una vista general del inmueble visto desde el vaso seco de la presa que, sin duda alguna, debemos contar entre las imágenes más hermosas de lugares de nuestro municipio llevadas a la pantalla grande.


Vista general del Molino de Arroyozarco.




FICHA TÉCNICA DE "EVA Y DARÍO"
(Tomada del sitio del CONACULTA)

Tipo de producción/Type of Production
Largometraje/Feature

Año de producción/Production Year
1972

País/Country
México

Duración/Running Time
85 min.

Dirección/Director
Sergio Véjar

Guión/Screenplay
Eduardo Luján, Sergio Véjar

Fotografía/Cinematography
Rosalío Solano

Edición/Editing
Carlos Savage

Sonido/Sound
Francisco Alcayde, Ramón Moreno

Música/Music
Raúl Lavista

Dirección de arte/Art Direction
Raúl Serrano

Compañías productoras/Production Companies
Estudios Churubusco Azteca, Tucsa

Formato/Format
35 mm

Reparto/Cast
Vania Véjar, Héctor Ibarra, Joaquín Cordero, Ana Luisa Peluffo, Lilia Michel, Leticia Perdigón, Cecilia Leger, Arturo Beristáin, José Martí, Mel Vallari, Ángel Di Stefani, Norma Lazareno, Manuel Cepeda, Antonio Cordero, Rocío Palacios, Guadalupe Barrera, Lupita Vidal Pelusa, David Cordero

Locación/Location
San Juan del Río, Querétaro; Distrito Federal (Zona Rosa, Estación Insurgentes del Metro, Patinerama)


Los jóvenes Eva y Darío son novios. En unas ruinas él trata de poseer a Eva sin lograrlo por que se le aparece Dios. Ella lo rechaza y él va con una prostituta y con un médico sin resultados. Por fin encuentra a Silva. Una mujer madura que le enseña que hacer el amor es parte de la realización del ser humano. Tras esa elección busca a Eva y vuelve con ella a las ruinas. Ahora sí puede hacerle el amor.

viernes, 25 de febrero de 2011

Santa Ana Matlavat: un posible punto de la peregrinación azteca

Vista de la capilla de Santa Ana Matlavat desde la parte posterior, como estaba en 1995.

A escasos siete kilómetros al norte de la cabecera de Aculco y dentro de su territorio municipal, se encuentra el antiguo pueblo de Santa Ana Matlavat. Sitio al que en documentos del siglo XVIII se le llama también Santa Ana de la Cañada, debido al gran tajo que nace cerca del cerro de Jurica, en Arroyozarco, y que extendiéndose de oriente a poniente se interpone a medio camino entre aquellas dos poblaciones.

El pueblo de Santa Ana, no obstante su reducido tamaño (hacia 1712 su población no llegaba quizá a los ocho indios tributarios según la Composición de Tierras que se conserva en el Archivo Histórico Municipal), es uno de los más antiguos de la región. De ello da fe en primer lugar el ábside ochavado y almenado de su capilla, indudablemente del siglo XVI, que quizá fue en su origen una capilla abierta aislada. Pero es sobre todo su posible relación con la ruta de la peregrinación de los aztecas hacia el Valle de México lo que podría remontar su origen a unos novecientos años en el pasado.

El glifo de Matlahuacallan como punto de estancia de los aztecas durante su peregrinación hacia el centro de México, Códice Azcatitlán, l. 6 (detalle).

En efecto, Paul Kirchhoff identificó a Santa Ana Matlavat con el Matlahuacallan ("lugar de los matlahuacales", es decir, redes con armazón rígida) o Tematlahualco ("lugar de los poseeores de redes con [las que se lanzan] piedras", esto es hondas) que mencionan las crónicas del éxodo mexica, tales como los Anales de Cuautitlán. El notable etnólogo alemán fue incluso más allá, al pensar que este pueblo podría ser el mismo de Acahualcingo o Acahualtzinco que otras relaciones históricas mencionan en lugar de aquellos parajes. Tras estudiar diversos documentos, en particular mercedes de tierras otorgadas en las últimas dos décadas del siglo XVI en esa zona, es seguro afirmar que se trató de sitios distintos, y que San Jerónimo Acahualcingo se situó escasos kilómetros más hacia el noroeste, muy cerca de San Antonio Polotitlán. Esta discusión no es intrascendente, pues en Acahualcingo, los aztecas “ataron por primera vez la cuenta de sus años”, es decir, comenzaron a medir sus ciclos de 52 años a la manera mesoamericana. Un hecho que simboliza el abandono de las costumbres de los grupos del norte de donde procedían y la adopción de las costumbres más refinadas del centro de México. En su Memorial breve de la fundación de Culhuacan, el cronista indio Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin registra este hecho en el ome acatl xihuitl, año 2.caña, el 1091 de la cuenta occidental, "Nican ypan in yn icceppa yancuican oncan quilpillico yn inxiuhtlapohual huehuetque mexica azteca teochichimeca oncan yn Acahualtzinco ynahuac S[an] Juan del Río.”. Es decir, "aquí en este [año] cuando [por] primera vez primeramente lo atan el su amarre de años los ancianos mexis aztecas teochichimecas allá en el Acahualtzingo cerca de San Juan del Río".

Cruz pasionaria en el remate de la fachada.

Mencionamos líneas arriba que la raíz etimológica principal del nombre Matlavat parece ser matlatl, "red". Sin embargo, creemos que otra posibilidad es la palabra matlactli, que en náhuatl significa "diez". Eso explicaría el numeral 10 representado con círculos en la base de piedra de la cruz pasionaria que corona la fachada de la capilla de este pueblo. Pero si observamos el peculiar labrado de esta base, notaremos que también podría referirse por sus formas al glifo calli, "casa", que agregado al numeral nos daría una fecha calendárica mesoamericana: matlactli calli xihuitl, esto es, "año 10.casa". ¿Es éste el nombre original del pueblo de Matlavat, Matlactli-calli? ¿O la piedra en cuestión es una simple fecha, como las que al modo prehispánico fueron labradas en varios conventos del siglo XVI. En este último caso, y tomando en cuenta los ciclos de 52 años del calendario indígena, podría referirse a los años de 1541 ó 1593 y señalaría quizá la fecha de edificación de la primitiva capilla.


Glifos calendáricos con la cifra 10.casa del Codex mexicanus. Compárense con el pedestal de la cruz pasionaria.

Como ya dijimos, sospechamos que el templo de Santa Ana Matlavat debió ser en su origen una capilla abierta aislada -tipología arquitectónica descubierta y estudiada por el arquitecto Juan Benito Artigas- que se refiere a los templos de las primeras etapas de la evangelización que contaban con un presbiterio techado que se abría hacia el atrio, el cual funcionaba como nave descubierta, y que no eran anexos de una casa conventual o una iglesia techada. Lo creemos así pues el presbiterio -con su ábside ochavado, almenas en el remate, ventana triangular en el testero y cubierta plana sostenida por vigas sobre grandes zapatas- parece ser obra del siglo XVI y anterior a la edificación de la nave, fachada principal y torre.

Ábside ochavado y almenado de la capilla.

Sobre éstas últimas, hay que señalar que se cuentan entre las más sencillas de todos los templos virreinales del municipio. La nave, con una sola ventana en el muro de la derecha, se apoya en tres contrafuertes en cada costado y está cubierta de teja. La fachada principal adopta una curiosa forma piramidal a causa de los contrafuertes inclinados a cada lado y el piñón escalonado del remate, coronado por la cruz pasionaria ya mencionada. A la altura del coro, se abre una sencillísima y pequeña ventan con cerramiento curvo, protegida en la parte superior por una tosca moldura. El acceso se abre bajo un arco apenas moldurado apoyado en impostas soportadas por las poco adornadas jambas. Encima, un cornizuelo descentrado recalca la ingenuidad del conjunto. Es notable la puerta, casetonada y con cruces en sus dos hojas. La torre se desplanta sobre un basamento de la misma altura de la portada, sobre el que se escalonan tres cuerpos de mayor a menor, separados por cornisas, abiertos en sus lados por arcos, con remates quizá de intención ya neoclásica en el segundo cuerpo y un orbe con cruz en la cúspide.

Vista general de la fachada principal. Obsérvese su silueta "piramidal".

Ventana del coro y acceso a la capilla.

Torre de la capilla.

En el atrio, limitado apenas por un murete de poca altura, se encuentra la cruz atrial, sobre un basamento escalonado, resaltado al frente, que, como ocurre con la fachada, le asemeja a una pirámide. En la cara que mira hacia la capilla se abre la hornacina característica de este tipo de monumentos en los pueblos mazahuas y otomíes de los estados de México y Querétaro.

Vista frontal de la cruz atrial.

Aunque no aparece en estas fotografías, al interior de la capilla existe uno de los dos retablos barrocos que sobreviven en el municipio. Se trata de un altar lateral, incompleto, con una hornacina y un par de columnas salomónicas, todo dorado y policromado. Según la tradición, procede de la parroquia de San Jerónimo y fue traído aquí a mediados del siglo XIX, cuando la moda neoclásica reemplazo su decoración original y los despojos que se hallaban en mejor estado de conservación fueron repartidos entre las capillas de la jurisdicción parroquial.

Muro lateral de la nave, apoyado en contrafuertes. Nótese la ausencia de vanos de iluminación.

Frontera a la antigua capilla de Santa Ana Matlavat se comenzó a edificar hace ya varias décadas un nuevo templo de mayo capacidad. Tratando de imitar las formas coloniales sin cuidar las proporciones, técnicas y materiales constructivos, el resultado no podía ser demasiado bueno. Así, su torre de cantera rosa con machones esquineros de mal colado concreto aparente indican descuido en su concepción y construcción; la cúpula acristalada, con su esmirriada e inútil linternilla, es un engendro a medio camino entre la arquitectura tradicional y la contemporánea; la fachada inconclusa con tres accesos es todavía una incógnita y el muro atrial, de arcos invertidos de tabicón con el resalte de los castillos de concreto aparente es ejemplo de un neobarroquismo pobre, ramplón y triste. No podían faltar para complementar el lamentable conjunto el abigarrado grupo de postes de luz y de teléfono, cables, transformadores, botes de basura y tinacos.



Dos vistas de la capilla nueva de SAnta Ana Matlavat.

NOTA: La mayor parte de las fotografías de Santa Ana Matlavat son de Víctor Manuel Lara Bayón.

FUENTES: Kirchhof, Paul. “¿Se puede localizar Aztlán?” en Monjaras-Ruiz, Jesús et al. (recopiladores). Mesoamérica y centro de México. México, 1985. INAH. Pág. 331.