lunes, 1 de enero de 2018

La capilla de Cabresteros

Cabestro es la cuerda que se amarra a la cabeza o al cuello de un caballo para llevarlo a pie o desde otro caballo. La metátesis cabresto (quizá por influencia de "cabra"), en que la "r" se desplaza en la palabra, es habitual en México y Centroamérica y justamente de esta variante tomó su nombre la localidad aculquense de Cabresteros, al noroeste de la cabecera municipal, no lejos de donde se encuentra la antigua hacienda de La Loma.

Precisamnte en Cabresteros existe una pequeña capilla dedicada a san Judas Tadeo, inaugurada en marzo de 1996. Lo singular de este templo es que, a diferencia de muchos de los edificios religiosos construidos en décadas recientes en otras comunidades de nuestro municipio, en éste se procuró mantener la tradición arquitectónica local, lo mismo en el uso predominante de la piedra blanca, que en la estructuración de los espacios y en el diseño de sus elementos arquitectónicos. El resultado fue una iglesia hermosa y sencilla, sin estridencias como las de la capilla nueva de Santa Ana Matlavat o desproporciones como la de El Colorado, por mencionar dos ejemplos recientes de mala arquitectura.

Mucho en la capilla de Cabresteros parece una evocación de las antiguas iglesias de Aculco. Tiene, como todas ellas, una sola nave que se cubre -como en la parroquia de san Jerónimo en Santa María Nativitas- con bóveda de cañón. El presbiterio, un poco más estrecho que la nave -como el del templo de Santiago Toxhié- está cubierto con una cúpula al modo de ese mismo templo o la capilla de La Concepción Pueblo. Su fachada de piedra blanca recuerda un poco la de la antigua capilla de Nenthé por su división en una red de calles y cuerpos por cornisas corridas y columnitas adosadas. El remate triangular está tomado de la parroquia de san Jerónimo, pero los dentículos que ornan su cornisa provienen de santa María Nativitas. La torre con base, campanario de tres cuerpos cúbicos con columnas esquineras y cupulín, recuerda en su perfil a casi todas las torres de los templos aculquenses.

Por otra parte, el frontón triangular sobre el arco de entrada, la ubicación de la torre al lado derecho, la orientación del templo con su fachada hacia el sur así como su altar de piedra, están entre sus rasgos propios que la distinguen de los otras capillas de Aculco.

En el interior, un arco al modo de los "arcos triunfales" de lña arquitectura virreinal novohispana separa el presbiterio de la nave. Cornisas, pilastras y arcos fajones de piedra que evocan los de la parroquia se despliegan a lo largo de ésta. El coro es sostenido por un par de columnas de cantera. El altar -un retablo en piedra- es lo único que rompe con la tradición, pues se trata de un relieve en forma de cruz a cuyo centro está la imagen del santo titular. Un par de imágenes marianas se yerguen a los aldos sobre sendas ménsulas y un cristo corona la composición.

La capilla de san Judas Tadeo de Cabresteros no fue obra de un arquitecto, sino de un capaz maestro de obras llamado Miguel Valencia. Sus principales valores están en la belleza alcanzada sin grandes alardes y en el deseo de sus constructores por integrarla con respeto a la arquitectura tradicional de Aculco (a pesar, incluso, de estar prácticamente aislada de otros edificios). No es una gran obra, es sólo una obra bella y digna, plenamente aculquense.

 

NOTA: Las cuatro fotografías que incluyo aquí las bajé hace algunos meses de internet, pero desconozco quién es su autor. En todo caso aclaro que no son mías.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Almenas contemporáneas

Hace casi exactamente un año les platicaba aquí acerca de las almenas, ese elemento arquitectónico que corona el perfil de algunas construcciones antiguas y que relacionamos inmediatamente con los castillos pero que tuvo gran difusión en el México virreinal, especialmente en iglesias y conventos del siglo XVI. Entre los ejemplos aculquenses estuvo precisamente el desaparecido almenado de la parroquia y subsisten almenados completos en la hacienda de Ñadó, así como almenas aisladas en el panteón, la hacienda de Arroyozarco y la capilla de Santa Ana Matlavat, entre otros sitios.

Como parte, pues, del repertorio de elementos contructivos coloniales, no resulta extraño que en construcciones modernas que han procurado integrarse al conjunto urbano de Aculco existan también almenas, algunas de ellas discretas y otras quizá demasiado ostentosas. Veamos pues, algunas de ellas.

El par de almenas más antiguo entre las que podemos llamar "contemporáneas" se encuentra flanqueando el remate del acceso principal a la antigua Escuela Venustiano Carranza, hoy Casa de la Cultura. El inmueble fue construido en 1947 por el arquitecto Armodio de Valle-Arizpe, quien logró armonizarlo con su entorno y empleó en él materiales locales como la propia piedra blanca en que se labraron la cornisa y las almenas.

Tres décadas después se edificó en la orilla poniente del pueblo la Unidad Jorge Jiménez Cantú (inaugurada en 1978), que incluyó alrededor de una nueva plaza (la del "Oso Bueno"), un mercado (actuales oficinas administrativas del Ayuntamiento), el Auditorio Municipal, un jardín de niños y la escuela secundaria. Esta vez el arquitecto encargado del diseño también aprovechó los materiales locales -en especial la piedra blanca con la que se labraron sus muros, marcos de puertas y ventanas, así como las almenas que marcan el ritmo de sus contrafuertes- pero introdujo innovaciones como las bóvedas queretanas de ladrillo. El resultado fue un estilo que encontró aceptación y en el que continuaron edificándose varias obras de carácter oficial y privado por algunos años.

Hacia la misma época, don José Sánchez Lara construyó su casa particular en el terreno llamado Vidó, a orillas del arroyo que lleva el mismo nombre. Una vez más, la tradicional piedra blanca de Aculco fue elegida para adornar un inmueble que, por otra parte, varió el modelo tradicional de vivienda local al distribuirse alrededor de un patio poligonal y presentar un jardín enrejado al frente. En la casa de Vidó, los pilares de dicho enrejado están rematados en pirámides que evocan almenas, almenas pequeñas coronan su fachada y, sobre todo, son notables las cuatro almenas que se alzan en lo alto de su simpático torreón.

En Arroyozarco, a orillas de la carretera, en algún momento de la década de 1990 o 2000 se construyó esta barda de piedra blanca con almenas. Las ventanas estrechas como aspilleras de los cuerpos que se levantan a los lados del acceso subrayan su aspecto defensivo.

Más amable, en parte por el entorno pero también por su mejor y más sencillo diseño, es esta entrada a una propiedad a orillas del Carril de Cofradía. Llama la atención que, a la hora de edificar almenas o elementos con aire de almenas en Aculco, se haya preferido casi invariablemente la piedra blanca.

El Hotel Chávez, en la calle de Morelos, se remató con un almenado completo al concluirse la edificación de su tercera planta hacia el año 2010. En su momento critiqué este almenado por parecerme excesivo y falto de proporción, pero al paso del tiempo y a la vista de algunas intervenciones mucho más desafortunadas en otros inmuebles he terminado por verlo con más comprensión o quizá condescendencia. No dejo de pensar, sin embargo, que con la misma intención de colocar almenas, pero mejor diseñadas y distribuidas (no como "castillito"), el edifició ganaría en dignidad.

Esta construcción se encuentra al interior de una casa de la Plaza de la Constitución. Aunque la parte principal es antigua, el remate es muy reciente, aprovechándose en él una hornacina del siglo XVIII procedente de otro sitio que alberga ahora la imagen de Santiago Apóstol. En tres de sus esquinas se yerguen sendas almenitas que pese le dan la apariencia de torrecilla a pesar de su poca altura.

Finalmente, esta casa que se levanta en la calle de Santos Degollado, concluida apenas en 2016, incorpora elementos de cantera labrada sobre una estructura moderna para armonizarla con el ambiente urbano del pueblo. En los extremos de su fachada se alza un par de almenas de mampostería revocada.

 

***

 

Con este post doy por cerrado el año 2017, un año de extremos en el que tuve grandes alegrías, hermosos viajes, buenos logros, fuertes pérdidas y dolorosas penas. Espero que el año casi por concluir haya sido mejor para todos mis lectores y les deseo que el 2018 esté lleno de ventura. Feliz Navidad y feliz año nuevo a todos.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Mi madre

Mi madre Teresa Bayón y Arciniega ha muerto. ¿Qué más puedo decir?

Sé bien que este blog dedicado a la historia y el patrimonio de Aculco no es lugar para hablarles de ella, de lo que significó para mí, pues ambas cosas trascienden por mucho al estrecho ámbito de nuestro pueblo. Sólo quiero expresar que en cada texto que han leído ustedes aquí, en cada descripción, en cada historia e interpretación de una fotografía, hay mucho de su espíritu, de su forma de ver el mundo, hasta de su forma de hablar.

No quiero decir más, quizá escriba algo cuando duela menos. Les dejo aquí tres fotos suyas en Aculco, un par de su juventud y la última que le tomé el pasado mes de abril.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Espadañas de Aculco

Una espadaña no es otra cosa más que la versión más simple de un campanario: un muro o arco que se eleva sobre el cuerpo de un edificio y tiene en él uno o más vanos para colocar campanas. Con excepciones notables, las espadañas solían ser un recurso arquitectónico menos caro y ostentoso que la construcción de torres en los templos novohispanos. Pero también en muchos casos, junto con las torres-campanario de las iglesias, se levantaban pequeñas espadañas con uso diverso, como las que se colocaban hacia el claustro del convento para regular con el tañido de sus campanas la vida de los frailes o monjas. En los antiguos edificios de carácter civil (como haciendas, casas de cabildo, fuertes, postas y mesones) las espadañas resultaban casi sin excepción la forma natural de colocar campanas en ellos.

La parroquia de Aculco tuvo desde el inicio del siglo XVIII como campanario principal el de su torre, actualmente en restauración. Pero también contó con un par de sencillas espadañas, una ubicada sobre el muro sur del presbiterio de la iglesia, mirando hacia el convento, y otra más localizada sobre la "torrecilla" que se levanta en el ángulo noroeste del claustro, viendo hacia el atrio.

La antigüedad de la primera de ellas (más en ubicación que en sus materiales, pues parece haber sido reconstruida tardíamente), es casi segura: si bien no aparece en el famoso dibujo de 1838, esto se debe quizá sólo a la perspectiva, pero en cambio es visible en fotografías de entre 1901 y 1903. Además, su ubicación coincide con la espadañas en muchos otros conventos mexicanos, con lo que su uso se puede relacionar con las llamadas al rezo de las horas canónicas cuando los franciscanos habitaban aún este lugar. La segunda espadaña tampoco se puede observar en el dibujo de 1838, pero en su caso no podría haberse encontrado entonces ahí ya que los faldones del tejado de la "torrecilla" cubrían el pretil sobre el que más tarde se levantó. Sólo las fotografías de la década de 1950 en adelante nos lo muestran con mayor claridad y su vida no fue muy larga, pues se demolió hacia 1974.

La antigua capilla de Nenthé tuvo asimismo un par de espadañas mixtilíneas coronando los extremos de su fachada. Por la composición de ésta y la forma en la que siguió el modelo de la parroquia, me parece que tales espadañas eran un agregado posterior a la construcción original de 1702, pero formaban con ella un conjunto muy agradable lamentablemente ya perdido.

Del siglo XVIII aunque con modificaciones decimonónicas parece ser la gran espadaña de dos vanos que ocupa todo el ancho en la fachada de la capilla (ahora parroquia) de la hacienda de Arroyozarco. Muy probablemente ya existía en 1768, según se deduce de algunos documentos de la finca relacionados con los inventarios de los bienes de los jesuitas, sin embargo su frontón triangular y los remates neoclásicos indican una remodelación realizada acaso en la segunda mitad del siglo XIX.

Excepcional en Aculco por haberse encontrado en una construcción de tipo civil fue la pequeña espadaña barroca de la llamada "Casa de Hidalgo", que se levantaba sobre el pretil de la segunda planta de esta casa. Seguramente desapareció después de 1912, cuando los terremotos de noviembre de ese año dañaron esta área del inmueble y obligaron a su demolición.

Muy posterior, aunque formando parte todavía de lo que podemos considerar la arquitectura tradicional antigua de Aculco, la capilla del rancho de San José edificada en 1922 muestra su fachada con dos espadañas que muy probablemente se inspiraron en las de la vieja capilla de Nenthé, no tanto en el detalle como en su disposición general. Enmarcadas en cantera, las coronan sendos pináculos de barro muy parecidos a los que adornan el reloj público del pueblo.

Cronológicamente le sigue la espadaña de la capilla de la hacienda de Cofradía, obra de las décadas de 1940 o 1950. Aunque es por tanto bastante tardía, se debe destacar la intención de su constructor por armonizarla no sólo con el casco de la finca, sino con la arquitectura aculquense en general: combina los aplanados encalados, los detalles en cantera y las cornisas de ladrillo, mientras su perfil curvo evoca lejanamente el de Arroyozarco y los remates neoclásicos a sus extremos son casi idénticos a los de la capilla de aquella hacienda.

La capilla del Perpetuo Socorro que se ubica en la avenida Manuel del Mazo tuvo asimismo un par de pequeñas espadañas, obra menor de la década de 1970 que sin embargo no quiero dejar de mencionar, especialmente porque ese detalle del edificio desapareció hará unos veinte años, cuando se edificó su torre.

Sólo después de publicada la primera versión de este texto recordé otra espadaña que fotografié hace siete años al hacer algunas tomas desde una casa de la Plaza de la Constitución en dirección poniente. No he podido identificar la casa en que se encuentra esta sencilla espadaña, pero debe tratarse de alguna de las que tienen fachada hacia la avenida Hidalgo, antes del cruce con la calle de Nicolás Bravo. No sé si es moderna o antigua, ni se pueden observar bien sus características en esta fotografía.

Esta bonita espadaña de perfil mixtilíneo construida en piedra blanca como la arquería que la soporta, se encuentra. creo, en Santa María Nativitas. La fotografía es de @ogan70 y fue tomada de Instagram. El conjunto, de construcción reciente, resulta muy armonioso.

Muy reciente es una espadaña de ladrillo visto y sencillo estilo neoclásico de una casa particular que se puede observar desde la Plaza del Ojo de Agua. Tiene un solo vano, se remata en un frontón triangular y sobre éste lleva una veleta de hierro. La flanquean dos remates de barro cocido que recuerdan los adornos de algunas de las espadañas antiguas que hemos reseñado. Aunque no tiene naturalmente la pátina que sólo dan los años, ni es todavía un elemento tradicional de Aculco, quiero creer que algún día esta hermosa espadaña logrará alcanzar ambas cosas.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

La torre de la parroquia de san Jerónimo en restauración

Desde haces cerca de dos meses, la colocación de andamios en la torre y campanario de la parroquia de san Jerónimo nos indicó que los trabajos de restauración de este importante elemento arquitectónico, pospuestos por varios meses, habían comenzado ya. Esta semana el Arq. Lázaro Frutis, a cargo de esta restauración, me envió una serie de fotografías de la obra, las que nos permiten darnos una idea general de su avance y características. Hoy se las comparto precedidas de otras fotos y comentarios míos.

La torre se levanta a la izquierda de la fachada principal del templo, un poco remetida de su plano, y por algunos de sus elementos, como el zócalo moldurado, se puede asegurar que por lo menos la base se construyó de manera simultánea con aquélla. Es decir, entre 1674 y 1685. Sólo su zócalo y las piezas esquineras de esta base se realizaron en cantería, el resto es de tosca mampostería de tezontle. En su origen tuvo por todo adorno el curioso relive con una cruz flordelisada y los monogramas de Jesús y Cristo que ya antes reseñamos en este blog, que seguramente fue recuperado del templo del siglo XVI. Más tarde se le adosaron algunos sepulcros (de los que sólo queda una lápida de mediados del siglo XIX) y finalmente en 1901 se empotró en ella una cruz (exenta en su origen) con una palaca alusiva al cambio de siglo. En algún tiempo su enlucido estuvo decorado con sillares simulados con pintura que aún son ligeramente perceptibles.

Sospecho que el primer cuerpo del campanario se realizó asimismo cuando se labraba la fachada principal del templo, hacia 1685-1702, pues sus columnas esquineras son casi idénticas (aunque con capiteles un poco más esquemáticos) a las del primer cuerpo de ésta, e incluso el achaflanado de los arcos pretendió emular quizá el efecto de la doble arquivolta del acceso principal. Sin embargo, algo pasó y este primer cuerpo quedó inconcluso en su decoración. Esto no es sólo evidente por la austeridad del conjunto, sino que algunas piedras quedaron con sus relieves a medio labrar, como la que sirve de pedestal a las columnas de las esquinas noreste y noroeste, así como la arquivolta del arco poniente. Los propios capiteles de estas columnas -labrados al parecer in situ- tienen cierto aire inconcluso especialmente en la parte del ábaco. En la parte interior se escribieron con pintura roja los nombres de santos, apóstoles y evangelistas.

Con todo, no debió pasar demasiado tiempo antes de que se continuara la construcción del campanario, ya que los dos cuerpos siguientes muestran el mismo estilo y un inteligente diseño de las columnas esquineras de modo que reptien la "superposición de órdenes" de la fachada de la iglesia. Sin embargo, es evidente que intervinieron por lo menos dos manos en la realización de sus relieves en cantera: una más torpe que labró, por ejemplo, las arquivoltas que dan al poniente, y otra más capaz, que talló con ingenua maestría las arquivoltas del sur y oriente (la que muestra unos dragones es la más interesante), así como los ocho arcángeles sin alas pero vestidos a la romana, que en pequeños nichos ocupan las esquinas del cuerpo final.

El informe de los daños causados por el terremoto de 1912 indica que "el campanario estaba cuarteado en las claves de los cuatro costados", por lo que debió ser reparado antes de 1914. En algún momento una de las jambas del arco oriente del tercer cuerpo requirió también un refuerzo, que se hizo con cemento y alambrón. A esto hay que sumar el deterioro de las cornisas, caídas en tramos a causa del temblor, de la humedad o del simple descuido. Desde el piso era posible distinguir también fisuras en las bóvedas del campanario. Una gran grieta mal cubierta con cemento era también visible en la base de la torre, provocada aparentemente en la década de 1970 cuando se removió uno de los sepulcros adosados. En este estado dio inicio la ya necesaria restauración, ala que corresponden la serie de fotografías que siguen.

martes, 31 de octubre de 2017

¿Se reconstruyó la fachada de la parroquia tras el terremoto de 1912?

En su ensayo "La vicaría de Aculco" -publicado en 1954 en el número 22 de los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM- la historiadora de arte Elisa Vargas Lugo propuso una extraña teoría acerca de la fachada del templo parroquial de este pueblo: ante lo que ella juzgó como desorden en la ubicación de sus elementos arquitectónicos y notorias diferencias de calidad en el labrado de la piedra, supuso que se encontraban así debido a una inadecuada reconstrucción llevada a cabo tras el terremoto del 19 de noviembre de 1912. Una propuesta ciertamente interesante, aunque demasido elaborada. Pero dejemos que ella misma lo argumente:

Precisamente el terremoto de 1912 nos va a servir de explicación para comprender por qué la fachada [...] aparece parchada con tantos elementos absurdos y armada mediante tan pobres soluciones de composición. Sin duda antes del terremoto la fachada tenía otra apariencia más homogénea. Debe haber conservado aún su estructura ornamental del siglo XVII en armonía con las capillas posas. Podemos afirmar, por lo tanto, que la iglesia y la torre sufrieron gran deterioro a causa del terremoto, y que los elementos que se salvaron de la catástrofe se combinaron como mejor se pudo para levantar otra vez la fachada, haciendo esfuerzo por copiar lo desaparecido, resultando esta nueva hechura de lo más heterogénea, en cuanto a que quedan en ella, mezclados, elementos de innegable valor artístico con otros de gran pobreza y debilidad [...]

La fachada está dividida arbitrariamente por cinco cuerpos desproporcionados -sin duda resultado de la ignorancia de los reconstructores-, separados por comisas ligeramente molduradas. El último cuerpo constituye propiamente el remate. Dos hileras' sucesivas de columnas a los lados de la portada, pareadas en los cuerpos primero, tercero y cuarto, rematan el quinto cuerpo con una sola columna; el segundo cuerpo está ocupado solamente por un zócalo absurdo, limitado por las cornisas. Las columnillas son todas chaparras y todas de capiteles "corintios", a semejanza de las de las capillas posas. En el primer cuerpo son de fuste enteramente liso; en el tercero una tiene el fuste liso y la otra en bajorrelieve, en helicoide, como salomónico incipiente, y en el cuarto y quinto cuerpos son de fustes labrados a la manera francamente salomónica. Este ordenamiento gradual y clasicista del movimiento barroco es típico del siglo XVII; esto y la insistencia en las formas salomónicas nos hace pensar que la fachada fué construída en dicha centuria, ya que sólo así, y no como simple coincidencia, se entiende este orden en una reconstrucción del siglo xx. Es decir, es evidente que los reconstructores modernos quisieron conservar la fachada como había sido, como la habían visto, lo que lograron sólo en parte. [...]

Hay tres elementos en la fachada que despiertan vivamente nuestro interés: los zócalos de las columnas del primer cuerpo, que nada tienen que ver plásticamente Con éstas y que seguramente fueron hechas, junto con las del tercer cuerpo, para la reconstrucción de 1914; las gárgolas que están colocadas a los lados de la fachada y la escena en relieve que sirve de remate. Los zócalos están hechos a base de preciosos relieves empleando como motivos vides y granadas, ambos, frutos simbólicos de la Sangre Preciosa de Cristo, en combinación con follaje. [...] También en las gárgolas y en la escena en relieve de la parte superior, encontramos aún cierto espíritu artístico del siglo XVI, en combinación con las formas del barroco moderado del XVII. [...]

El relieve que hemos mencionado es la obra artística de máximo interés en la vicaría de Aculco, no sólo por su calidad escultórica sino por el contenido de su tema y concepción; no es nada más un simple pasaje religioso, sino que es expresión viva, propia y significativa del ser criollo, que en esos años buscaba expresarse en alguna forma para tratar de afincarse históricamente. Esta obra (lárn. 8) representa una escena de la vida de Santa Rosa de Lima, santa criolla, peruana, terciaria de la orden dominicana, en el momento en que el Niño Jesús, durante una de las numerosas apariciones con que según sus biógrafos favoreció a la santa, le pide que sea su esposa y ésta, extasiada, le responde: Tu esclava soy Señor mi Jesús. Desde luego nos ha extrañado grandemente la presencia de una escena perteneciente al santoral dominicano en una fundación franciscana. [...] Otra solución a este enigma sería, tal vez, la posibilidad de que este relieve y las gárgolas, que como dijimos presentan igual manufactura, hubieran sido traídos a Aculco, procedentes de alguna iglesia cercana, no franciscana, después del terremoto, para colocarlos en lugar de la ornamentación que éste destruyó.

Pero, 63 años después de escrito este texto, ¿puede sostenerse aún la teoría de Elisa Vargas Lugo? En realidad no. Si bien existen pocos testimonios gráficos del estado de la fachada de la parroquia antes del terremoto de 1912 -básicamente un dibujo de 1838, dos fotografías de entre 1901 y 1903, y una fotografía más, cercana a 1910-, en ellos se observa con toda certeza que los elementos arquitectónicos se mantuvieron en su sitio y no fue necesaria ninguna reconstrucción general de la misma a raíz del sismo, como supuso la autora. Es más, los textos de los geólogos que profundizaron en el estudio del temblor en 1913 (publicados ya en este blog) nada dicen de la fachada del templo y en cambio sí describen los daños -más bien menores- en la torre y bóvedas. La lápida colocada en 1914 y retirada en 2015 (que seguramente propició el error de Vargas Lugo) se refería a la reparación de esos daños un año y medio después del temblor, no a una reconstrucción extensa que habría tomado más tiempo.

La explicación del error de la historiadora tiene tres vertientes. La primera es su falta de comprensión hacia el carácter verdaderamente popular y rústico del arte barroco de la región, en que la inserción en la corriente artística predominante de la época no se dio a través de verdaderos arquitectos, ni siquiera capaces maestros de obra, sino de entusiastas operarios que intentaron reproducir formas cultas sin llegar a entenderlas plenamente ni en su sentido estético ni en el estructural. La segunda es la participación de muchas manos distintas en la construcción de la fachada, pues con toda seguridad sólo unos cuantos de los trabajadores eran canteros calificados y a ellos se les encargaron los elementos que se juzgó merecían un trabajo más cuidadoso; así, lo que Vargas Lugo considera elementos sobrevivientes de la fachada original y los que conjetura adiciones o reproducciones del siglo XX son en realidad todos de la misma época (fines del siglo XVII y principios del XVIII, según documentos) y difieren simplemente en su calidad. La tercera vertiente tiene que ver con los daños que en efecto mostraba en 1954 la fachada del templo, pues tanto los nichos con sus santos decapitados, como los escudos franciscanos, como el deteriorado relieve de san Jerónimo estaban ocultos con aplanados que le daban al conjunto un aspecto de parchado deplorable. La historiadora no pudo ver muchos de esos elementos que dotan de mayor sentido a esta fachada y que narran también su historia constructiva.

En suma, la fachada de la parroquia de Aculco -con mutilaciones y alguna adición- es básicamente la misma desde hace 300 años. Y sus defectos respecto del arte culto de la época son, desde el punto de vista histórico, una de las cosas que la vuelven más interesante.