lunes, 9 de abril de 2018

Vestigios del gótico en Aculco

A Francisco de la Maza se le atribuye la frase que afirma "el arte gótico vino a morir en México". No le falta razón pues, en efecto, cuando en Europa las formas ojivales de ese arte cedían ya su lugar a las expresiones del Renacimiento, en la Nueva España se construían todavía -bajo el ímpetu de la arquitectura de la evangelización- bóvedas de nervaduras como las de la iglesia del convento de Oaxtepec, rosetones como el de Yecapixtla, claustros como el de Actopan, perfiles almenados como el de Yuriria, torres como el Rollo de Tepeaca, ventanas como las de Yanhuitlán, gárgolas como las de Cuitzeo, etcétera, los que claramente mostraban su filiación total o parcial con la última etapa del gótico español. No hay que confundir esta herencia gótica -auténtica- con el falso neogótico del siglo XIX, que intentó revivir un estilo que ya para entonces sí estaba completamente muerto.

Este arte gótico final es conocido también como "gótico isabelino", pues surgió y fue impulsado en tiempos de la reina Isabel la Católica. Por su naturaleza de estilo de transición resulta difícil clasificarlo y definirlo, pues en él se mezclan elementos propios del gótico con nuevos elementos renacentistas y otros procedentes del mudéjar. Entre otras características, se advierte la preferencia del uso del arco carpanel, y particularmente del arco conopial, sobre el arco ojival del gótico anterior, aunque sin abandonar éste.

Todavía en fechas tan tardías como principios del siglo XVII llegaron a construirse obras de carácter gótico en México. De hecho, los vestigios de tal estilo en la región histórica a la que pertenece Aculco se pueden fechar quizá entre 1585 y 1620. Entre ellos vale la pena mencionar el arco del presbiterio de la parroquia de Jilotepec, la puerta de la capilla de la Tercera Orden del mismo lugar, los restos de la capilla abierta del mismo sitio, la portada y arco del presbiterio de San Francisco Soyaniquilpan, las columnas del claustro de Huichapan y algunas puertas de ese convento, y ciertas portadas del convento de Tecozautla.

En Aculco quedan apenas algunos restos de aquellos tiempos, que debieron corresponder a la primera etapa constructiva del convento franciscano. Algunos otros que sabemos existieron (como los pretiles almenados de la parroquia) desaparecieron con el tiempo y bajo nuevas formas arquitectónicas. Pero nos concentraremos en lo que subsiste, que no son más que un par de portadas góticas de piedra: una que permanece en su sitio y otra ya fragmentada que anduvo rodando por ahí y actualmente se encuentra bajo mejor resguardo.

La primera portada se encuentra en el acceso al coro del templo, mirando hacia el interior de esa curiosa torrecilla que antes he señalado en este blog, ubicada en un ángulo del convento. De factura sencillísima, se adorna únicamente con un abocinamiento que forma una doble arquivolta y en consecuencia un doble arco conopial. Su dintel, monolítico y bellamente curvado, se halla roto cerca del vértice. La jamba izquierda de la portada se halla semioculta por el muro poniente de la torrecilla, lo que es señal de su mayor antigüedad.

De la segunda aportada tan sólo se conserva el dintel, también monolítico. Es, sin embargo, de factura más tosca tanto en su labrado como por la falta del abocinamiento y la ausencia de curvatura del cerramiento. Su escotadura conopial es con todo más marcada y se adorna con los monogramas de Jesús y María, bastamente labrados. Muestra las huellas de una intervención que quizá afectó la altura del recinto en que se hallaba pues su parte superior se rebajó sin gran cuidado. La piedra fue finalmente desechada y por años se halló tirada al norte de la iglesia, donde antaño se levantó la capilla de la Tercera Orden. Ahí la fotografié hacia 1997. Más tarde fue llevada al claustro y ahí se encuentra actualmente.

Si bien se trata tan sólo de vestigios, huellas apenas del primer convento de Aculco, este par de portadas góticas resultan especialmente valiosas para su historia: nos hablan de una época, del carácter arquitectónico de un edificio fundacional y de su persistencia hasta el día de hoy. Son obras de auténtico gótico, estilo que entonces que agonizaba en América.

* * *

He querido dejar aparte de los casos anteriores este nicho por su procedencia ajena al pueblo, pues llegó a Aculco traído de Guanajuato. Como se observa en la fotografía, sobre el arco carpanel que forma la concha las molduras se curvan formando un arco conopial, composición frecuente en las portadas del gótico isabelino. La moldura más exterior por cierto, presenta un diseño parecido al del cordón franciscano, lo que puede quizá señalar su procedencia conventual. En la parte superior, la cornisilla sobre dentículos la vincula con el arte renacentista. Aunque la figura que alberga parece evocar una fuente y por tanto quizá una pila de agua bendita, no presenta un hueco que permita atribuirle dicho uso. Se encuentra en una casa particular de Aculco, suelta, no colocada todavía en un muro.

martes, 3 de abril de 2018

Seis campanas

Hace mucho tiempo que quiería escribir algo sobre las campanas de la torre de la parroquia de Aculco. Campanas que en su mayor parte ya no suenan, ignoro si debido a las reparación de la torre que lleva ya ocho meses, a la falta de alguien que sepa tocarlas o al simple desinterés. Hace unos días pude subir a la torre, tomar algunas fotografías y revisar sus inscripciones, que nunca había tenido oportunidad de leer por completo. Me encontré con algunas sorpresas: la campana más antigua no se encuentra en el campanario, ninguna de ellas se remonta a la época en que el edificio fue convento franciscano y la campana mayor (que yo creía de 1788, debido a lo asentado en algunas publicaciones) es más reciente, de 1822. Enseguida les reseñaré una a una estas campanas.

Vayamos a la primera de las seis campanas de la parroquia. Ésta no se encuentra en la torre, como las otras, sino en la espadaña de ladrillo que se yergue al lado de la cúpula del templo, hacia el sur. Es la más pequeña de todas, la más antigua y me parece a mí que la más hermosa. En el tercio lleva su nombre: "SEÑORA SANTA ANA", mientras que en el medio pie muestra algunos datos de su fabricación "S[IEND]O CURA D[O]N LO[REN]ZO DIAZ COSTERO ° AÑO 1769". (Don Lorenzo Díaz del Costero, de quien se conserva un retrato al óleo en la sacristía del templo, fue el primer cura párroco de Aculco tras la secularización de 1759, en que dejó de ser convento franciscano.) La parte media de la campana está adornada con una cruz formada por rombos que se yergue sobre una peana dibujada del mismo modo y flanqueada por dos pares de ornamentos en forma de palma. Este tipo de adorno en relieve lo veremos repetirse de manera muy parecida en otra de las campanas.

Continuemos hacia la torre donde nos esperan las otras cinco campanas. Detengámonos primero en la más grande, que se ubica justo al centro del primer cuerpo del campanario, sostenida de su recio yugo de madera por toscos lazos de cuero. El agrietamiento de parte de su cuerpo y una rajadura en su pie sugieren algún defecto de fundición. "NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES" es su nombre y data de 1822.

En ese mismo cuerpo hay un par de campanas menores más. La primera de ellas cuelga del arco norte y está dedicada a SAN JUAN NEPOMUCENO. Su fundición en 1788 indica que pertenece a la etapa de reedificación del templo llevada a cabo por el cura don Luis Carrillo en aquellos años, de la que he escrito antes en este blog. El medio de la campana está ornamentado también con una cruz formada por rombos y un par de "palmas".

La segunda campana menor de este cuerpo asoma al oriente. Su factura es mucho más burda que el resto, y da la impresión de no estar fundida en bronce como todas las demás, sino en hierro (por el óxido rojizco en el borde). Incluso las letras de sus inscripciones son toscas y es difícil descifrar si data del año 1834 o 1854. Su nombre es "SAN LUIS GONZAGA".

Subamos al segundo cuerpo de la torre. Ahí encontraremos un par de esquilones o campanas de volteo que, como su nombre indica, giran alrededor del eje de su yugo y requieren especial destreza para su repique pues su movimiento es peligroso. Parecen ser ambas todavía funcionales en su mecanismo de volteo, aunque estoy casi seguro que nadie las ha hecho sonar en décadas. La que mira al poniente es del año de 1788 y está dedicada a "SANTA BÁRBARA", abogada contra rayos y centellas, lo que hace posible que esta campana se tañera precisamente cuando las circunstancias meteorológicas amenazaban tormenta. Carece de badajo, ignoro si simplemente porque lo perdió o acaso porque se trata de una campana "castigada" por haber ocasionado la muerte de un campanero. La del oriente es del mismo año y está dedicada a "SANTA PRISCA".

Ojalá algún día vuelvan a sonar todas las campanas de la parroquia, porque si materialmente son un patrimonio que se conserva en buen estado, su repicar tradicional es un patrimonio inmaterial ya en vías de perderse.

Una nota histórica a este texto: naturalmente existieron campanas anteriores a las que hoy existen. En 1685, por ejemplo, se recibió al arzobispo Aguiar y Seijas em Aculco con repique de campanas en su visita pastoral. Cuarenta y cuatro años después, en 1729, don Diego Felipe García de la Cruz indicó en su testamento que se había comprado una campana: "cuarenta y tres pesos en dinero que valió la campana que compramos todos en veinte y un pesos y puse veinte y dos más que pusieron los naturales, que hacen cuarenta y tres pesos". Este testamento se encuentra anexo al libro de Informaciones Matrimoniales 1712-1808 del Archivo Parroquial de San Jerónimo Aculco.

jueves, 8 de marzo de 2018

La pátina del tiempo y la restauración: el caso de la torre de la parroquia de Aculco

A raíz de la restauración de la torre de la parroquia de Aculco, supe de algunos comentarios que criticaban la apariencia que ha adquirido de su primer cuerpo. "Parece queso de puerco", dijo alguno de los críticos, refiriéndose al aspecto parchado, con variaciones de color, que tiene ahora ese gran paramento cuya altura es prácticamente la misma que la fachada del templo y por eso resulta tan notorio.

En efecto, al ser restaurada esa área se tomó la decisión de tratar únicamente los aplanados de cal y arena donde se habían dañado irremediablemente o de plano se habían perdido. Esto ocurría especialmente en tres áreas: a) la parte más baja de la torre, donde la erosión había hecho desaparecer incluso una moldura de cantera que se repuso; b) la zona en que una gran cuarteadura se había intentado arreglar con un lamentable aplanado de cemento; c) la zona alrededor de la cruz y placa que conmemoran el cambio del siglo XIX al XX; y d) la parte alta más cercana al campanario, donde la pérdida del aplanado dejaba a la vista la mampostería de piedra con que está construida.

A estos nuevos aplanados se procuró darles un color cercano al de las áreas inmediatas sin reparar. Sin embargo, es natural que los nuevos aplanados se vean, precisamente, nuevos: carecen de la pátina que el tiempo, la lluvia, el musgo, han dado al aplanado antiguo. De ahí el aspecto que ha extrañado a algunas personas en Aculco.

Ahora bien, al dejarlo de esta manera, el arquitecto restaurador está aplicando a mi juicio tres criterios que son, de entrada, totalmente válidos: el primero, que las partes de un edificio histórico que no necesitan restauración no deben ser restauradas; segundo, que debe existir una diferencia visible para el observador entre las partes restauradas y las que no lo han sido; tercera,que aunque por motivos estéticos existía la posibilidad de dar a la parte antigua un acabado más cercano al de las partes restauradas, su conservación en el estado prístino en que se encuentra se justifica por la presencia de información que quedaría oculta o se perdería si hace de esa manera. En este último punto me refiero puntualmente a los ya muy tenues restos de decoración en forma de sillares pintados que alguna vez tuvo esta torre, que ya no serían visibles si se hace una igualación.

Con todo esto no quiero decir que los críticos carecen enteramente de razón, simplemente que existen criterios válidos para que se haya intervenido la torre de esta manera. De hecho, en la parte oriente de la misma, no visible desde el atrio, se uso un criterio distinto: ahí todo el color del paramento fue igualado. Pero esto se debió justamente a sus circunstancias particulares, ya que los daños al aplanado eran mucho mayores y la supervivencia de restos decorativos prácticamente inexistente.

Aunque para muchos no lo parezca así, conservar un muro con la pátina del tiempo, así sea parcialmente, tiene también un valor estético. Además, precisamente el tiempo terminará por hacer su trabajo y en algunos años igualará inexorablemente las partes viejas con las nuevas. Quizá sea en diez años, en 50 o en 100, ¿qué más da? Estas obras se hacen no para hoy, sino para los siglos.

En esta liga puedes ver un ejemplo de la aplicación de estos mismos criterios de conservación de las pátinas antiguas en un edificio histórico en España.

sábado, 24 de febrero de 2018

La restauración del Mesón de Arroyozarco

En diciembre de 2016, el Fondo de Apoyo a Comunidades para Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (FOREMOBA) seleccionó, entre otros proyectos a los que otorga recursos anualmente, el de la primera etapa de restauración del antiguo Mesón de Arroyozarco, que conocemos también como el Hotel de Diligencias. Este inmueble de fines del siglo XVIII, del que tantas veces he escrito en este blog, había caído en la última década en un estado de deterioro alarmante con la pérdida de cubiertas y entrepisos, lo que hacía necesaria una intervención.

Los trabajos de restauración tardaron bastente en iniciar. Cuando empezaron, con sorpresa descubrí que no las estaba llevando acabo el arquitecto Lázaro González Frutis, quien promovió la restauración, elaboró el proyecto que se presentó al FOREMOBA y gracias a cuyos buenos oficios se obtuvo una respuesta favorable de este organismo. Y la sorpresa del arquitecto debe haber sido mayor que la mía, pues me comentó que a él ni siquiera se le avisó que otra empresa se encargaría de la restauración. Es cierto que el Ayuntamiento de Aculco tiene total libertad para asignar el proyecto a quien mejor le convenga. Cierto también que la propia presidente municipal tuvo la iniciativa de acudir al FOREMOBA desde fines de 2015 o principios de 2016 para tratar el asunto de la restauración. Cierto asimismo que la elaboración y presentación del proyecto no lo comprometía de ninguna manera con la empresa de Frutis. Lo que me preocupa en realidad es que esta falta de cortesía limite la participación en futuros proyectos en Aculco de este arquitecto, a quien debemos sin duda las más trascendentes obras de restauración del patrimonio aculquense en los últimos ocho o nueve años.

Lo más importante, sin embargo, es que el Mesón de Arroyozarco por fin está siendo ya restaurado. Y no sólo eso, sino que el Ayuntamiento de Aculco ha estado promoviendo diligentemente la prosecución de la obra en nuevas etapas con diversas instancias estatales y federales. Si critiqué antes una descortesía, ahora no puedo más que elogiar de la manera más sincera la forma en que nuestras autoridades municipales se han propuesto sacar adelante la idea de recuperar un edificio tan valioso desde el punto de vista patrimonial, arquitectónico e histórico. Es de agradecerse mucho este interés de Aurora González Ledezma por darle nueva vida a un inmueble que hasta hace pocos años parecía ya condenado a la ruina.

Ahora bien, ahora que el Mesón está en vías de recuperación, creo que es muy oportuno insistir aquí en un par de cosas de las que ya he tratado antes aquí.

-La primera: estas obras deberían complemetarse con otras orientadas al mejoramiento profundo de la imagen urbana de Arroyozarco, de modo que se convierta en un marco adecuado para sus edificios históricos. No hablo de cosas muy elaboradas, sino de una imagen rústica y típica, propia del lugar. Así como la cabecera municipal de Aculco ha sido -en términos generales- ejemplo del compromiso con la conservación de la imagen urbana, Arroyozarco es hoy en día el ejemplo más deplorable de lo contrario. Todavía es tiempo de corregir esa situación y lograr en pocos años que Arroyozarco se convierta también en un punto agradable de recorrer y no sólo para visitar puntualmente el Mesón restaurado. Hacer de Arroyozarco un importante punto turístico del municipio.

-La segunda: entre la restauración del Mesón y la mejora de la imagen urbana, debe promoverse también la incorporación de Arroyozarco a los puntos incluidos en el Camino Real de Tierra Adentro como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Tendría todo para lograrlo, ya que se encuentra ya en la lista indicativa para su incorporación y lo que lo impidió en el pasado fue precisamente la falta de programas para la recuperación de los edificios históricos y su entorno.

Finalmente, les presento algunas fotografías del estado previo del Hotel de Diligencias y de las actuales obras de restauración.

lunes, 19 de febrero de 2018

¿Dónde estás, san Agustín?

En algún momento entre finales de la década de 1960 y principios de la 1970, dos antiguas imágenes de santos procedentes del interior de la parroquia de Aculco fueron colocadas en los altares de las capillas posas del atrio. Yo sólo llegué a conocer una de ellas: se trataba de un san Agustín tallado en madera, probablemente de principios del siglo XVIII, que se hallaba en la capilla posa suroeste, que se ubica junto a la torre del reloj. La otra imagen era -según me han dicho- de santa Águeda, más no la conocí pues fue destrozada por un ebrio. Tengo mis dudas de que se tratara en efecto de esta santa, pues un fragmento que se conservó correspondía a un pan que llevaba en la mano como attributo, cuando lo que aquella suele portar son sus pechos rebanados en recuerdo de su martirio. Como sea, esta imagen estuvo colocada en la capilla posa noroeste.

En estas fotografías tomadas en 1973 se observa la imagen de san Agustín. De carácter barroco pese a su sencillez, portaba como se observa el hábito negro de su orden (otras veces se le representaba como obispo) y había perdido ya los atributos característicos: una iglesia en la mano izquierda, un báculo o un corazón flamígero en la diestra y tal vez, aunque es más improbable, la mitra episcopal sobre la cabeza. Como se aprecia, era una escultura de valor histórico y artístico, y dejarla expuesta en ese sitio no fue la mejor manera de conservarla. Ni siquiera la destrucción de la imagen de santa Águeda hizo que se procurara resguardarla mejor.

Poco más de veinte años después le tomé la fotografía que aparece aquí, que incluí en el libro Aculco histórico, artístico, tradicional y legandario (1996). Se advierte que la escultura se había deteriorado, perdido parte de sus acabados y algunos dedos de sus manos. Aunque no son tan visibles en la fotografía, grandes grietas causadas por la humedad se habían abierto en su cuerpo. Fue por aquella época, quizá en 1999 o 2000, cuando don Jorge Lara Morales (quien ayudó por muchos años en el templo) decidió por fin que no era un lugar propio para una imagen de madera tan antigua y la llevó al curato. Pero a partir de entonces le perdí la pista y nunca la he vuelto a ver más en ninguno de los rincones del antiguo convento. ¿Seguirá ahí? ¿Se habrá conservado? ¿O la podemos dar ya como perdida para siempre?

¿Dónde estás san Agustín?

 

ACTUALIZACIÓN: 31 DE JULIO DE 2018

Gracias a la amabilidad de Daniel Cano tenemos ahora la certeza de que ambas imágenes que estuvieron en las capillas posas (la de san Agustín y la muy dañada que yo recordaba como santa Águeda, pero que me aclara el propio Daniel es santa Eduviges de acuerdo con lo que le contó el señor Jorge Lara Morales), se conservan en el interior del ex convento a la espera de una restauración que les permita recuperar algo de su belleza. Acá las fotos que me envía este amable lector.