En 1974, la conocida revista Artes de México publicó su número doble 177/178, dedicado a los "pueblos del [Estado] de Mexico", con la intención de mostrar los resultados del Programa Echeverría de Remodelación de Pueblos, que en ese año se concluyó y que tuvo como objeto dotar de servicios públicos a todas las cabeceras municipales del estado (y alguna otras poblaciones) y regenerar su imagen urbana:
Artes de México, con la inquietud propia de quienes por de veinte años han tratado de mostrar los valores artísticos, culturales y sociales de nuestro país, no podía dejar pasar inadvertida la regeneración que se está haciendo en los pueblos tado de México —ciento veintiséis poblaciones, en su mayoría cabeceras municipales— tanto en su aspecto social y funcional como estético. Muchos de ellos admirados de siempre por magníficas construcciones de todas las épocas, su participación en hechos históricos relevantes, su arte popular, sus fiestas, atractivos turísticos, como lagos, aguas termales o bellos paisajes: Aculco, Tenancingo, Valle de Bravo, Santiago Tianguistenco, Ixtapan de la Sal, Polotitlán, Sultepec, y tantos más, que antes abandonados, hoy nos muestran la sencillez, belleza y dignidad de nuestros pequeños pueblos.
Además de presentar un recorrido fotográfico por varias de estas poblaciones, organizadas por "rutas", la revista incluyó el discurso que el gobernador del Estado de México, Prof. Carlos Hank González, pronunció en Aculco en abril de 1974, donde precisó los fines y resultados del programa de remodelación, con algunas alusiones a nuestro pueblo:
Nuestra preocupación fundamental en el Estado de México es el problema demográfico, problema que acusa un crecimiento verda deramente aterrador; todos sabemos que en este aspecto nuestro país señala índices muy altos, de 3.4 y de 3.5, constituyendo, por ello, uno de los campeonatos mundiales que no debiéramos ostentar pero que sin embargo tenemos; para que ustedes deduzcan cuál es la preocupación del Estado, dicho incremento no se realiza al 3.5, que ya sería muy alto, sino al 7.4, más del doble de la media nacional, además, se produce de manera completamente desequilibrada; en la parte sur y en la parte norte crecíamos muy poco, no así en el Valle de México, donde tuvimos una expansión verdaderamente significativa durante el decenio de 1960 a 1970. En ese lapso, el Estado duplicó su población: 1.780,000 habitantes en 1960; 4.000,000 en 1970 y actualmente tenemos 5.000,000 de habitantes; el crecimiento en Naucalpan y Tlanepantla fue de 425% en el decenio; en Ecatepec fue de 540% y en Netzahualcóyotl superó el 1000% en diez años. Todo esto se relaciona con el Programa Echeverría. Hemos hecho un análisis bastante simple, pero lógico, de las causas que generan el éxodo del provinciano: ¿cuáles son las razones de que los habitantes huyan de los pueblos y se vayan a las ciudades? En contramos que son fundamentalmente tres: van en busca del trabajo, que no tienen en sus localidades; de educación para sus hijos y de salud y seguridad para sus vidas.
El provinciano siente siempre gran arraigo a su tierra, gran amor por su provincia; tiene ahí su familia, sus amigos, sus intereses espirituales, materiales, históricos y hasta sus muertos, que tanto pesan en el ánimo del mexicano; no quiere separarse de su tradición, de su pasado y de su familia, pero tiene que huir si no encuentra manera de vivir, de educarse o de cuidar su salud. Pensamos que si los habitantes de nuestra provincia tuvieran en su pueblo posibilidad de trabajar, de educar a sus hijos, y de cuidar de su salud, de asegurar su vida, no se irían. ¿Qué hacer para resolver esta situación, romper el éxodo del provinciano que deja abandonadas sus comunidades? Hay cientos de miles de pueblos fantasmas en la República, como Marfil, en Guanajuato o como San Bartolo Morelos, Sultepec y El Oro, en el Estado de México y en todos los Estados de la República; miles y miles de casas abandonadas que fueron construidas, muchas bien construidas y que están deshabitadas. Eso ocurría en Acúleo, Polotitlán, Ixtapan del Oro, Villa Donato Guerra y en muchas de las poblaciones de nuestra entidad; a cambio sufrimos verdaderos hacinamientos humanos en Netzahualcóyotl; Netzahualcóyotl no existía hace doce años, ahora tiene un millón de habitantes, quienes vivían en condiciones verdaderamente dramáticas, escalofriantes: sin agua, sin drenaje, sin luz, sin seguridad, sin salud, sin nada; ¿Por qué llegaron ahí esas gentes procedentes de toda la República? Llegaron buscando una manera de sub sistir, buscando trabajo y buscando un mejor modo de vida para sus hijos, para las futuras generaciones.
El Plan Echeverría pretende, fundamentalmente, hacer habitables nuestros pueblos, arraigar a la gente que aquí nace y a la que desee venir a radicarse y evitar la macrocefalia; para eso, hay que combatir las tres causas del éxodo: la falta de trabajo, la falta de escuelas superiores, la falta de seguridad y de centros de salud. El Plan Echeverría estableció, primero que nada, el cuidado de la vida del hombre. El mexicano se muere de enfermedades del aparato digestivo y de enfermedades pulmonares. La primera, es la causa del 50% de los fallecimientos; la segun da, del 23%. Cómo podemos evitar que se muera la gente por males del aparato digestivo. Las personas enferman porque benen agua sucia o alimentos contaminados; si logramos que beban agua limpia, que tomen sus alimentos confecciondos con agua limpia, se abatirá verticalmente el índice de mortalidad del mexicano, lo cual sólo requiere ponerle una red de agua potable, una red de drenajes y una toma domiciliaria en cada casa; esa es la base y eso es lo que no se ve: la infraestructura de este programa.
Hecha la red de agua potable y la de drenaje, arreglamos sus calles con piedra, como en Aculco; con adoquín, como en Valle de Bravo; con asfalto, como en Tenancingo; según la característica y la fisonomía del pueblo se pavimentan sus calles, sus banquetas, sus guarniciones; hecho eso, se remozan los edificios públicos importantes del lugar: el Palacio Municipal, el templo, la plaza, el jardín; se trata de regenerar las fachadas de todas las casas, primero, y la casa por dentro, después; ¿cómo?: con trabajo social que convenza a las gentes de mejorar sus casas en el interior. Además, procuramos poner en cada una de estas cabeceras municipales correo, telégrafo y teléfono y carretera pavimentada. Cuando ya tenemos esta infraestructura, podemos generar fuentes de trabajo distintas de las tradicionales. La vida de un pueblo, como Acúleo, es la agricultura y la producción de leche, fundamentalmente; pero es imposible multiplicar la superficie de la tierra cultivable; no hay más, toda está repartida, sumamente repartida en minifundios; tiene, además, muchos problemas que hemos tratado de resolver en cuanto a la propiedad. No es posible poner otro piso de suelos para duplicar la superficie agrícola, pero sí es posible industrializar, crear artesanías, propiciar la ganadería, y es lo que estamos tratando de hacer.
En las cabeceras municipales se puede ya invitar a un industrial para que venga a poner una industria. En un pueblo donde no hay agua potable, drenaje, electricidad, teléfono, carretera, es perder el tiempo, nadie nos va a hacer caso; llamar a un industrial para que venga a poner una fábrica en un poblado, tal como ahora están, ya es fácil y ya se logró; nuestros argumentos frente a los industriales son muy simples: si tienes tu fábrica en Naucalpan o Tlalnepantla, vas a comprar un terreno que te cuesta cuatro cientos o quinientos pesos el metro, aquí lo puedes adquirir en cuatro o cinco pesos; la construcción allá te va a costar como cien, aquí como cincuenta; y lo más importante de todo, a Naucalpan, Tlalnepantla, Vallejo, la Villa o cualesquiera de esas zonas industriales del Valle de México, igual en el Estado que en el Distrito Federal, el obrero llega en autobús después de viajar una, dos y hasta tres horas; nosotros hicimos un chequeo del itinerario de obreros y encontramos que muchos viven en Netzahualcóyotl; allá abordan el primer autobús que los lleva a la Merced, ahí el segundo, que los conduce a Chapultepec y en el bosque el tercero que los traslada a Tlalnepantla, Naucalpan, Tultitlán, Cuautitlán; eso es absurdo; cada autobús les consume como una hora, mientras pasa y después si se detiene; viajan como sardinas; a lo mejor le sacan la cartera, o lo empujan o se pelea; por fin termina el primer viaje y se inicia el segundo y el tercero, es decir, les recordamos a los industriales con qué ánimo de trabajar llega una persona cuando ha sufrido lo anterior. Además, qué le pasa al obrero cuando tiene que checar una tarjeta y que si llega con "X" minutos de retraso le descuentan tanto, y que si llega con más minutos de retraso ya no entró a trabajar ese día; con qué ánimo, repito, puede contribuir a la producción.
En Aculco les decíamos a los industriales: van a tener obreros que disfrutan casa propia; que de ahí van a ir a la fábrica caminando, platicando con sus amigos, silbando, para llegar siempre antes de tiempo; el lugareño es extraordinariamente puntual, los impuntuales somos los citadinos; el campesino siempre llega a tiempo o antes de tiempo; van a llegar fresquecitos a trabajar, tranquilos, contentos y felices; además, con el salario mínimo de Aculco viven dos veces mejor que con el salario mínimo del Valle de México, porque tienen casa, porque no gastan en autobuses, porque la comida es muy barata: aquí se produce la leche, la carne y la verdura y los frijoles y lo que hay que comer y no hay especulación, se puede comprar muy simplemente en forma económica. Las diversiones, son caras en la ciudad de México o en el Valle de México; para ir a una diversión, hay que salir de los palomares donde vivimos, tomar un autobús, un automóvil o un taxi; llegar a Chapultepec si se quiere ver árboles o ir a un cine o alguna otra forma de distracción. En Aculco, por ejemplo, si se trata del cine se va uno caminando, si de hacer un día de campo pues camina tres cuadras, como lo hicimos ahora que llegamos a la huerta; en fin, la diversión no cuesta nada, se vive y se vive bien y se vive con salud; es decir, el Plan Echeverría produce una infraestructura material, con el propósito, por una parte, de crear un "habitat" sano para el hombre y cuidar de su salud, de su existencia y de otra cosa que a nosotros nos preocupa profundamente: la vida familiar.
En las grandes ciudades, la vida familiar se vuelve difícil, cuesta energía ir a comer a la casa y regresar al trabajo, cuesta tiempo, transporte y lo frecuente es que el jefe de la casa salga por la mañana y regrese al anochecer, y a veces, que salgan el papá y la mamá y dejen abandonados a los hijos, sin querer, pero sin posibilidad de remediarlo. En los pueblos, la vida familiar, la conducta de los mayores y menores, debe ser buena, porque aquí, quien hace algo malo se enfrenta a todo el pueblo que lo califica o lo descalifica; en las ciudades, en el anonimato, la gente se pier de y la conducta deja de ser importante; el hombre generalmen te se aisla, a veces no sabemos quién es el vecino cercano, ni queremos saberlo porque a lo mejor no nos conviene hacer relación con determinada persona. En el pueblo hay vida familiar, hay vida social, hay vida gremial que permite conservar los valores y las tradiciones buenas de nuestro México.
Por otra parte, nosotros logramos con ésto arraigar aquí a las gentes, porque aquí pueden trabajar, porque aquí hay industrias. Esto se terminó de arreglar en noviembre del año pasado; ahora tenemos dos pequeñas fábricas que ya empezaron a trabajar; en esto, lo importante es que surja la primera; el mismo industrial platicando en su club de industriales o en el de Leones o en el de Rotarios, en las agrupaciones a que pertenece, conversa con sus compañeros y les platica cómo le va en Aculco.
Este programa lo empezamos en un pueblito cercano que se llama San Bartolo Morelos, que estaba en mucho peores con diciones que otros y por eso empezamos allí; un pueblo de 1,500 habitantes, lo terminamos de arreglar hace dos años, tiene ahora 700 o 800 plazas de obreros; es decir, hay más o menos mil quinientos habitantes en trescientas familias, hay dos y media plazas de obrero por familia; ahora el problema es de las señoras que me reclaman cada vez que voy, porque ya no hay criadas. Es un buen índice; nos permite entonces arraigar aquí a la gente que ya tiene trabajo en este pueblo de mil quinientos habitantes.
La educación en las cabeceras de municipio va del jardín de niños a la secundaria. En el Estado de México había seiscientos mil niños en las escuelas elementales hace seis años; hoy hay un millón de niños y en septiembre un millón doscientos mil niños; es decir, ya no tienen necesidad de moverse para estudiar la pri maria. Tenemos planteles de segunda enseñanza en cada una de estas cabeceras, los niños de las rancherías o de las delegaciones diar su secundaria, ya no tienen que desplazarse. Al terminar la secundaria, viene la preparatoria. Teníamos tres preparatorias, y ahora son setenta, diseminadas en todo el territorio del Estado, lo que permite agrupar, regionalmente, a los muchachos de las se cundarias, con varios propósitos: por una parte, nosotros pensa mos que el momento más peligroso en la vida del hombre es la adolescencia, de los trece o catorce a los dieciocho o diecinueve años, es el momento en que, con frecuencia, los muchachos salen de su casa para ir a estudiar la preparatoria a la ciudad más cer cana, o a la ciudad que se pueda, pero ya al margen de la vida familiar, del control y del consejo de sus padres y amigos. Si noso tros logramos radicar a los muchachos en sus propios hogares hasta que terminen la preparatoria, habrán de ir a estudiar la licenciatura, si lo desean, a alguna ciudad y en alguna universidad, pero ya pasaron ese tránsito de la adolescencia, tan difícil en la vida del hombre.
Por último, creamos una serie de estructuras para que sea posible la educación superior de los muchachos; teníamos cuatro escuelas normales y ahora hay treinta distribuidas en el Estado; teníamos cuatro mil ochocientos universitarios y tendremos, en septiembre, instalaciones para cien mil estudiantes de educación superior; ya no necesitan ir a ninguna parte para hacer sus estudios; la familia no deberá moverse de su pueblo para que sus hijos puedan estudiar.
Ahora bien si logramos fuentes de trabajo, si tenemos una forma de educar a sus hijos, habrá que cuidar que haya seguridad para la vida de las gentes. Ustedes saben que en muchos poblados hay inseguridad, porque la falta de comunicaciones, funda mentalmente, imposibilita la práctica de la justicia, ¿qué hemos hecho?, pues comunicar todo el Estado de México; hicimos un programa de carreteras muy ambicioso, había que invertir setecientos ochenta millones de pesos en seis años; nuestros paisanos nos juzgaron un poquito "tocados" del cerebro cuando presentamos nuestro programa de carreteras; el año pasado, sólo el año pasado, invertimos en ellas trescientos sesenta millones de pesos, y este año andamos en trescientos setenta millones. Es decir, en estos dos años prácticamente se hizo la inversión que proyectábamos para seis o más. Todo esto permite ir dando seguridad a las personas.
Atentos al cuidado de la salud, lo primero que vimos hoy al llegar a Aculco, fue una casita blanca con flores y unos jóvenes vestidos de blanco; un señor con bata que debe ser doctor y unas señoritas que son, sin duda, las enfermeras; es un centro médico en un pueblo de mil doscientos habitantes; no hay riesgo de en fermar y morir por falta de atención; allí está el médico y allí está el pequeño centro de salud; eso es en toda cabecera municipal.
También organizamos ejidos colectivos, pero en vez de llamar les comunas les llamamos "calpullis", nombre azteca de la orga nización colectiva para el trabajo. Tenemos un ejemplo cerca de Aculco, en el Ejido El Rosal: ¿Qué estamos haciendo allí?, bueno, allí tienen gallineros con doce mil gallinas y veinticuatro mil pollitos de engorda; están haciendo una granja para cerdos con ciento cuarenta y dos vientres; tienen una fabriquita de vidrio; es decir, hay ya trabajo para todos, no tienen por qué irse; arreglaron cada quien sus casas y ahora habitan un pueblito precioso.
¿Cuál es el objetivo final?: combatir la macrocefalia, evitar el éxodo combatiendo el abandono de los pueblos, arraigando a las gentes y así impedir, por una parte, que se despueble el campo mexicano, que se creen hacinamientos humanos con todas sus tragedias y sus problemas y, por la otra, que el territorio del Estado de México se consolide, esté permanentemente poblado, equilibradamente habitado, que se logre conservar los valores éticos de nuestro pueblo, que son muy grandes, que se logre preservar la tradición familiar mexicana, que es excelente y que, en realidad, es una escuela formadora de hombres y mujeres responsables, amantes de su tierra, arraigados a su pueblo.
Porque nosotros creemos que lo más importante que existe en un país, no son ni la riqueza petrolera, ni la aurífera, ni ninguna otra, sino la cantera humana que integra el pueblo, que consti tuye una nación; creemos que en la medida que seamos capaces de superar los valores humanos, de educar mejor a nuestros hijos, de formar mejor a las nuevas generaciones, realmente estare mos consolidando los cimientos de una nación que soñamos fuer te, poderosa y libre, porque la integran hombres conscientes de su libertad, hombres conscientes de su poder, de su fuerza y segu ros de que la paz sólo se consigue cuando existe la fortaleza suficiente para guardar la libertad y para hacernos respetados y respetables, al mismo tiempo que respetuosos de los pueblos y de los países que con nosotros conviven en nuestra época, en nuestro tiempo.
El Plan Echeverría es esto que en síntesis he tratado de bosquejar a ustedes y que me he permitido explicarles, porque no qui siera que se fuera a confundir con fachadismo, con escenografía cinematográfica; ya que se está atacando la raíz misma del pro blema. De momento es suficiente con que resolvamos la cuestión de vivir; hay que vivir, pero hay que vivir bien, hay que vivir con limpieza en el espíritu, en el cuerpo y en el pensamiénto y hay que vivir con alegría y con certidumbre de que el destino del hombre, como el destino de los pueblos, lo hacemos todos los días de toda nuestra vida, cada uno de los hombres y cada uno de los pueblos.
Sin duda el discurso de Hank era en exceso optimista y el tiempo terminó por destruir muchas de las esperanzas puestas en el Programa Echeverría. La concentración poblacional en los alrededores de la Ciudad de México continuó; proyectos como el "calpulli" de El Rosal fracasaron en pocos años: la industria, salvo excepciones, continuó por décadas concentrándose en los municipios urbanos; la mayoría de los pueblos remodelados terminaron por desechar esa imagen tradicional que les dio la remodelación y se convirtieron en lugares deprimentes, nada distintos de cualquier suburbio popular de la capital. Aculco, en este último sentido, tuvo algo de suerte: prácticamente todo lo que le dio la remodelación de 1974 se conserva, aunque ciertamente nunca atrajo industria, ni tuvo un "centro médico" digno, pues lo que vio Hank en su visita era el Hospital Concepción Martínez, de fundación privada. Pero, sobre todo, la remodelación le dio a los habitantes Aculco cierto sentido de la conservación, de que Aculco era distinto, de que era un pueblo bonito y que así debía mantenerse. Sin duda eso ayudó a que nuestro pueblo, con todas sus pérdidas patrimoniales, deterioros y despropósitos en sus construcciones históricas que he reseñado por muchos años en este blog, mantenga aún su imagen tradicional, sobre todo si lo compraramos con casi todos los pueblos del Estado de México que aparecen en esa edición de Artes de México.







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