martes, 25 de junio de 2019

Los otros clérigos insurgentes que acompañaron a Hidalgo en Aculco

Una de las particularidades del proceso de independencia de México, especialmente si lo comparamos con la independencia de los países sudamericanos que ocurría simultáneamente, fue la relevancia que adquirieron en él los sacerdotes y religiosos insurgentes. Mientras que en los virreinatos del Perú, Nueva Granada y del Río de la Plata la rebelión contra el gobierno español fue encabezada por criollos laicos pertenecientes a las élites de la sociedad, como el propio Simón Bolívar, en la Nueva España nació del llamado de un cura de pueblo, Miguel Hidalgo, que con el estandarte de la Virgen de Guadalupe arrastró a decenas de miles de indios, mestizos y criollos a un combate que en muchos momentos tomaba el aspecto de una "guerra santa".

Quizá bajo el mando de Allende o de otros militares criollos el movimiento habría seguido una tendencia más civil, pero lo cierto es que siempre tuvo un fuerte componente religioso, mantenido después de Hidalgo por Matamoros, Morelos, José María Cos, etcétera. Un sacerdote adverso a Hidalgo describía así la forma en que muchos miembros del clero lo siguieron:

Es grande el número de individuos del clero secular y regular que siguen a Hidalgo en su cruel sistema de revolución; si no fuera tan público y notorio como es el gran número de sacerdotes que ha tenido, y tiene de su parte. Puedo, y aun debo asegurar a vuestra señoría ilustrísima, sin que me quede el más leve escrúpulo en mi conciencia, que según lo que yo advertí en la villa de San Miguel el Grande, si por ejemplo, había en la villa cincuenta sacerdotes; de éstos, los cuarenta, aprobaron la insurrección y contribuyeron con palabra y ejemplo al fomento de ella, tomando algunos las armas, y agregándose a la gavilla de Hidalgo; y otros admitiendo el nombramiento de vocales de las juntas de guerra, y policía que el despótico Aldama estableció.(1)

Según diferentes conteos, hubo entre 400 y 1,027 eclesiásticos insurgentes entre 1810 y 1821.(2)

Por todo lo anterior, no resulta extraño saber que en aquel primer ejército insurgente que el 5 de noviembre de 1810 llegó a Aculco, Hidalgo no era el único clérigo. Lo acompañaba una buena cantidad de sacerdotes y frailes, de los que cuatro fueron tomados prisioneros por los realistas tras su derrota dos días más tarde y por ello conocemos con precisión sus nombres y otros datos. Los partes detallan que ninguno de ellos tenía "empleo militar", es decir que no actuaban como soldados sino como capellanes de la tropa. Ellos eran, según el general Calleja (3):

1. El presbítero y doctor en Teología José María Castañeta y Escalada. Nació alrededor de 1765 en Guanajuato. Se unió a Hidalgo en Valladolid (Morelia). Estuvo prisionero en el convento de san Francisco de Querétaro, San Juan de Ulúa y España. Mientras se hallaba en San Juan de Ulúa, en 1816, escribió una oración titulada "Día diez y seis dedicado á celebrar el triunfo de la constancia y sigilo sacramental de San Juan Nepomuceno", que Carlos María de Bustamante publicó en 1826. En 1834 pronunció una Oración cívica en la Alameda de la ciudad de México en la que se describió como "patriota antiguo". Murió hacia 1840 (4).

2. El doctor José María (o Mariano) de Abad y Cuadra. Nacido en Salvatierra, acompañó también a Hidalgo desde Valladolid. Fue enviado prisionero al convento de san Francisco de Querétaro tras la Batalla de Aculco. Se le procesó en aquella ciudad e intentó acogerse al indulto, por lo que se mantuvo en suspenso mientras las autoridades en España contestaban a la consulta que se les hizo al respecto. El indulto no le fue concedido y se le condenó a un destierro de diez años en Manila, Filipinas, pero no pudo emprender el viaje y falleció en Veracruz en diciembre de 1814 (5).

3. El presbítero fray Manuel Orozco, franciscano originario de Querétaro. Residía en el convento de Celaya cuando se incorporó a los insurgentes.Fue enviado con los otros prisionero al convento de san Francisco de Querétaro.

4. Fray José María Esquerro, sacerdote agustino oriundo de Guadalajara, era vicario en Cuitzeo de la Laguna (6).

Tres meses después, fray Simón de Mora, religioso del Colegio de Propaganda Fide de la Santa Cruz de Querétaro, informó al inquisidor Ruiz de Molina haber tenido una conversación en la hacienda de la Calera con su dueño, el padre don Juan Verástegui. En ella, el sacerdote le comentó:

El ejército [realista] va cometiendo muchos desórdenes, despreciando las iglesias... un soldado entró en la casa de un pobre y vio allí la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe; y dijo ¿para qué tienen aquí esta puta o alcahueta?... los sacerdotes que trajeron prisioneros de Aculco venían tirando de los cañones que yo mismo los vi; y ahí los tiraron en un obraje, como si fueran...

Al llegar a ese punto, fray Mora interrumpió a Verástegui tratando de contradecirlo, al percatarse de su inclinación a la insurgencia. En su informe aseguró que lo dicho por él era sin duda "una calumnia contra el señor Calleja, que se le puede probar al padre con todo el ejército, y aun con los cuatro sacerdotes prisioneros". (1)

El abogado Juan Nepomuceno Mier y Altamirano, fundador de la Academia Literaria de Querétaro (que había tenido parte en la conspiración de esa ciudad) se encargó de la defensa de estos cuatro eclesiásticos, que por lo que se ve en los dos primeros casos (de los otros dos no se conoce sentencia) no fue demasiado efectiva.

 

NOTAS

(1) Hernández y Dávalos, Juan E. Colección de documentos para la historia de la Guerra de Independencia de México, tomo 1, no. 47.

(2) Santos Villarreal, Gabriel Mario. “Religión y Política. Sacerdotes en la Independencia de México”, marzo de 2010.

(3) Bustamante, Carlos María, Campañas del general Calleja, Imprenta del Águila, México, 1828, p. 23.

(4) Herrejón Peredo, Carlos. Del sermón al discurso cívico, 1760-1834, El Colegio de Michoacán/El Colegio de México, México, 2003, p. 364.

(5) Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, Volumen 1, 1909, p. 204, y Hurtado Gálvez, José Martín. Los queretanos en la conspiración de 1810, Gobierno del Estado de Querétaro, Querétaro, 2007, p. 244.

(6) González Obregón, Luis (introducción y suplementos), Los procesos militar e inquisitorial del padre Hidalgo, Ediciones Fuente Cultural, México, 1953, p. 219.

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