viernes, 16 de octubre de 2026

La capilla de San Joaquín, un ejemplo notable de arquitectura neocolonial en Aculco

El pueblo de San Joaquín Coscomatepec se encuentra unos ocho kilómetros al oriente de la cabecera municipal de Aculco, poco más allá de la comunidad de El Tixhiñú. Es una población rural de asentamiento disperso, aunque sus principales edificios -la capilla, la escuela primaria, la secundaria, el telebachillerato y el Centro de Salud del IMSS-Bienestar- se concentran en su zona central. No existen, sin embargo, calles ni manzanas de trazo ortogonal, banquetas o una plaza central. Con todo y esta anarquía, al acercarse al pueblo llama la atención el camino cubierto de losas de cantera que se desprende de la carretera y, sobre todo, la preciosa capilla que, desde un altozano, domina el caserío, recortada contra el oscuro telón de fondo del cerro de Ñadó.

Esta capilla —ornamentada con cantera labrada, muestra del oficio de numerosos vecinos del pueblo— no es, como muchas otras que hemos reseñado aquí, una construcción del periodo virreinal, sino una obra moderna de estilo neocolonial que en nada desmerece frente a los antiguos templos de los demás pueblos del municipio de Aculco. Por el contrario, constituye un bello ejemplo de lo que puede hacerse cuando el buen gusto se acompaña del conocimiento de la tradición arquitectónica local.

Pero antes de visitar el templo hagamos un poco de historia para conocer el origen de este poblado.

San Joaquín Coscomatepec no aparece en las nóminas de pueblos pertenecientes a la doctrina de San Gerónimo Aculco durante los siglos XVII y XVIII. Lo mismo ocurre con su vecino, el muy cercano pueblo de San Antonio. Ambos aparecen con ese carácter, en cambio, casi sorpresivamente en la documentación del siglo XIX.

Esta ausencia me llevó a pensar, en un primer momento, que quizá tuvieron su origen en rancherías formadas dentro de los límites de alguna propiedad rural y que sólo tardíamente, acaso ya en el siglo XIX, adquirieron la categoría de pueblos. Su esporádica presencia en los libros sacramentales -a veces el primero como "rancho de San Joaquín"- parecía reforzar esta hipótesis. Pero su historia resulta ser un poco más compleja.

Un documento de 1706 parece arrojar luz sobre su verdadero origen. Aquel año, en el curso de un pleito relacionado con las tierras comunales de San Ildefonso Tultepec -pueblo entonces dependiente de Aculco y hoy perteneciente a Amealco-, el indio principal Juan Nicolás, quien declaró como testigo mediante intérprete porque sólo hablaba otomí, afirmó

haber visto de pocos años a esta parte, que los naturales de este dicho pueblo de San lldefonso, los más que vivían dentro de él se han salido a poblar a largas distancias, como por la parte del norte; tienen poblado y labrado muchas sementeras que hasta donde han labrado habrá de dicho pueblo como legua y media; y que por La parte del sur: entremedio de un rancho del dicho don Lucas Magos en el puesto que llaman La Mesilla se han poblado y labrado mucha tierra que habrá de distancia deste pueblo como una gran legua. Y que por las la parte de dicho rancho que es el paraje que dichos naturales nombran San Antonio, donde también se han poblado y labrado, que habrá de distancia dos leguas largas; y que por la parte del oriente de este dicho pueblo tienen poblado y labrado más de legua y media de distancia que es donde en su lengua otomí [sic pro náhuatl] se llaman el Cuescomate; siéndole preguntado que si sabía que el haberse poblado en grandes distancias de este dicho pueblo los dichos naturales eran pueblos aparte y tenían mercedes particulares: dijo que no lo sabe, que lo que ellos lean dicho a este testigo que por el derecho del dicho su pueblo los habían poblado y labrado (1).

La coincidencia de los topónimos San Antonio y Cuescomate, situados al oriente de San Ildefonso, con los actuales pueblos de San Antonio y San Joaquín Coscomatepec que están en la misma dirección; su poblamiento relativamente tardío, y la irregularidad de su fundación -que explicaría que tardaran en aparecer plenamente registrados- me llevan a concluir que se trata, en efecto, de los mismos asentamientos.

Así, San Antonio y Cuescomate o Coscomatepec habrían surgido a fines del siglo XVII o principios del XVIII, cuando indígenas de San Ildefonso se establecieron sin autorización en tierras pertenecientes al cacique Lucas Magos Bárcena y Cornejo. Por razones que desconocemos, los habitantes de aquel pueblo parecen haberse lanzado entonces a poblar y cultivar éstos y otros parajes alejados de su lugar de origen. De ahí que San Antonio y Cuescomate existieran desde entonces como poblaciones de facto -en otro testimonio se les denomina "puestos", acaso precisamente para evitar llamarlos pueblos-, aunque su reconocimiento jurídico como tales no llegara, al parecer, sino hasta el siglo XIX.

Por cierto, en aquellos primeros años todavía no aparece la advocación de San Joaquín unida al nombre de Cuescomate. Seguramente la tomó del rancho en cuyas tierras o inmediaciones se había establecido y del cual acabaría separándose, pues esa propiedad privada, llamada precisamente rancho de San Joaquín, continuó existiendo junto al pueblo hasta la época de la reforma agraria del siglo XX. La historia tuvo un giro irónico: en 1915 los habitantes de San Joaquín solicitaron la "restitución" de sus tierras presuntamente usurpadas por aquel rancho, cuando todo parece indicar que el origen remoto del pueblo se encontraba en la ocupación ilegal de tierras que originalmente habían pertenecido a esa propiedad (2).

Sobre la etimología de su nombre indígena, Coscomatepec es una palabra de origen náhuatl y deriva de cuezcomatl, "troje" o "granero para guardar maíz", y tepec, "en el cerro" o "cerro de". Puede traducirse, por tanto, como "en el cerro del cuezcomate" o "cerro de la troje".

Hecho este rodeo por la historia, volvamos por fin a la capilla.

Mientras que su vecino, el pueblo de San Antonio, posee una preciosa y modesta capilla antigua, San Joaquín, si es que la tuvo, no la conserva. San Joaquín no conserva ninguna, si es que alguna vez la tuvo. Su templo actual, levantado por el maestro de obra Anacleto Mondragón, comenzó a construirse en 1987 y fue concluido en 1999. La lápida que recuerda estas obras habla, sin embargo, de una "reconstrucción", aunque desconozco las características y la antigüedad del edificio anterior. La fachada de este nuevo templo mira hacia el noroeste, rumbo hacia el que se extiende su atrio al que se accede a través de un sencillo arco de cantera rosa. El edificio, aunque pequeño, consta de tres naves separadas por columnas toscanas recubiertas de cantera rosa. Las naves laterales con cubierta de losa de concreto plana y la central, más elevada, con una bóveda del mismo material. Las separa Su cabecera es recta y sobre el presbiterio se levanta una cúpula sobre tambor, que se apoya en pilares toscanos en lugar de columnas, sobre los que se despliega también el arco con casetones de aire neoclásico en el intradós.

El exterior de la capilla lo define la combinación de cantera labrada blanca y rosa en todas sus fachadas y ornamentos. Así, por ejemplo, la fachada principal se levanta sobre una escalinata de cinco gradas, consta de un solo cuerpo y un remate, y en ella, sobre un fondo de cantera blanca irregular concertada destacan los adornos en cantera rosa. Estos adornos son, en el cuerpo bajo, la portada central cerrada por un arco moldurado de medio punto sobre jambas entableradas con capitel toscano, y las laterales, algo más angostas, con jambas idénticas a la central de hecho unidas a ésta por su capitel, un poco más bajas y con cerramiento curvo muy rebajado. En éstas portadas laterales, además, por encima del capitel las jambas se prolongan hasta alcanzar una cornisa sostenida por un par de ménsulas lisas, mismo motivo que se repite encima al llegar a la cornisa corrida de este primer cuerpo, adornada con dentículos.

El remate de la fachada es un cuerpo exento y elevado, mixtilíneo, que se le vanta sólo sobre la portada central, con un ojo de buey también mixtilíneo al centro, rematado en cruz y con dos pináculos a media altura. A sus lkados, sobre cada una de las portadas laterales, hay una hornacina con su venera en cantera blanca, terminadas en una moldura rectilínea, que albergan dos imágenes: San Judas Tadeo del lado del Evangelio y la Virgen de Guadalupe del lado de la epístola, labradas ambas en cantera naranja claro.

A los lados de la fachada se levantas las dos torres, sumamente austeras. Su primer cuerpo, ciego y sólo adornado por un par de angelillos, forma parte del plano del primer cuerpo de la fachada y no se distingue de ella. Por encima de la cornisa corrida se yerguen los campanarios con tres cuerpos de mayor a menor casi cúbicos de cantera blanca, con arcos e impostas moldurados del mismo material y cornisas de cantera rosa en el remate de cada cuerpo. Por encima del último cuerpo, un cupulín en forma de linternilla sostiene una cruz, rodeado de cuatro pináculos en los ángulos del cuerpo que lo sostiene. Estas torres, en su simplicidad, son quizá el elemento que mejor se vincula con la arquitectura religiosa local e inmediatamente evocan a la torre de la parroquia de san Gerónimo, o a la de Santa María Nativitas, pese a que estos edificios sólo tienen una torre. La disposición de las torres subraya el carácter horizontal de la fachada.

Las fachadas laterales están también recubiertas de cantera blanca concertada y en cada costado se abren tres ventanas casi cuadradas con cerramiento en arco muy rebajado, repisón y ménsulas por encima y como prolongación de de sus jambas, que sostienen una cornisilla.

La cúpula es quizá su elemento más característico. Apartándose un poco del modelo local de cúpulas hemisféricas sobre tambor cilíndrico de poca altura, ésta se yergue sobre un alto tambor octogonal sobre un tramo de planta rectangular, con ventanas rectangulares enmarcadas en cantera rosa que dan mucha luz al interior. Remata este tambor un entablamento corrido con triglifos en el friso, que marcan el nacimiento de las costillas de cantera rosa rematadas en róleos que marcan la división de la cúpula elíptica en doce gajos. Una linternilla cilíndrica en piedra más gris-amarillenta que blanca, con remate campaniforme que sostiene una cruz, remata el conjunto.

El interior del templo desmerece un poco, no tanto por la ornamentación como por las dimensiones del espacio: las naves alcanzan poca altura, especialmente las laterales, y las cubiertas de simple losa de concreto de éstas lucen demasiado simples y ramplonas, un tanto opresivas, como si la imaginación del arquitecto se hubiera detenido allí. Al presbiterio lo salva de esto la cúpula.

El altar mayor está labrado también en cantera. La parte baja es una mesa sostenida por cuatro arquillos frontales y dos laterales sobre columnas cilíndricas estriadas y rematada en cornisa. Sobre esta mesa se halla un banco que sostiene al centro un nicho aislado con cuatro columnitas de cantera en los ángulos, con arco al frente que alberga el sagrario, con puerta metálica dorada y trabajada. Este sagrario sirve de peana al santo titular, san Joaquín, enmarcado por un nicho muy simple con un par de columnas y un arco casi sobrepuesto. A sus lados, un par de ménsulas de cantera sostienen a la izquierda un crucifijo y a la derecha una imagen de la Virgen de Guadalupe, ambos de pequeño tamaño. Un arco de cantera rosa moldurado envuelve la composición.

Con sus virtudes y defectos, la capilla de San Joaquín Coscomatepec es un buen ejemplo de una construcción contemporánea de líneas tradicionales, perfectamente integrada al paisaje y al entorno cultural e histórico en el que se levanta y, sobre todo, muy hermosa. Su arquitectura recoge una tradición secular sin pretender imitar servilmente los edificios antiguos. Un ejemplo que sobresale en medio de las aberraciones arquitectónicas que abundan entre las capillas modernas del municipio, muchas de las cuales difícilmente podrían calificarse de otra manera que como auténticos horrores de la arquitectura.

 

Fuentes:

1. AGN, Tierras, vol. 1794, disponible en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:3Q9M-CSDL-J451-Q?view=fullText&keywords=cuescomate%2CAculco&searchForm=advanced&lang=es&groupId=M98L-WBX

2. Aunque la restitución no procedió, en agosto de 1929 el pueblo de San Joaquín obtuvo la dotación de 213 hectáreas, 62 áreas tomadas del rancho del mismo nombre. DOF, 19 de noviembre de 1929.

viernes, 2 de octubre de 2026

Benjamín Rodea Castillo, un empresario aculquense

Don Benjamín Rodea Castillo nació en Aculco en 1917. Fue hijo de los señores Facundo Rodea Sanabria -originario de Jilotepec- y de la aculquense María Senorina Castillo Garrido, hermana ella, por cierto, del diputado Isauro Castillo Garrido, de quien les hablé hace poco tiempo en este blog. Los padres de Benjamín eran ambos maestros, pero don Facundo también se dedicó al comercio y tuvo algúna incursión menor en la política, ya que el mismo año de 1917 se le eligió diputado suplente por el 10o. distrito del Estado de México y en 1921 fue presidente municipal de Jilotepec. Un dato anecdótico es que don Facundo estuvo casado en primer matrimonio -del que enviudó- con la señora Laura Rodea y con ella tuvo en 1896 un hijo al que también había llamado Benjamín. Supongo que este pequeño falleció en la infancia.

Los padres de Benjamín emigraron a la Ciudad de México con sus hijos y en esta capital su madre continuó dedicándose a la enseñanza, mientras que el padre trabajó como empleado. Mujer con inventiva, la maestra Senorina presentó a la SEP, en 1931, un aparato para la enseñanza del Sistema Solar o "artefacto para representar el sistema planetario" (Boletín de la Secretaría de Educación Pública, México, tomo X, núm. 5, marzo de 1931, p. 31.). Se le tenía por una gran recitadora y llegó a ser -a finales de la década de 1940- directora de la Escuela Ezequiel A. Chávez, en la colonia Santa Maria la Ribera. En 1949 celebró sus 30 años de labor docente, aunque su cédula profesional como profesora de educación primaria por la Escuela Nacional de Maestros data de 1948. Esta aparente contradicción no resultaba excepcional en la época, pues era común que personas con cierta preparación, pero sin estudios magisteriales formales, ejercieran como maestros. El dato importante es que ella sí llegó a obtener dicha cédula.

El matrimonio Rodea Castillo vivió muy cerca de la Escuela Normal de Maestros, en la calle de Lauro Aguirre número 160. También muy próxima a ella vivía la familia de la señorita Rosa Bandera Hernández, con quien Benjamín Rodea contrajo matrimonio civil en 1943 y religioso el 22 de febrero de 1944 en la inmediata parroquia de San Antonio de las Huertas.

Benjamín siguió la inclinación magisterial de sus padres, pero con un mayor enfoque a los materiales educativos: inventó varios aparatos "para objetivizar la enseñanza de distintas asignaturas" (como el Block eléctrico, patente 42172 del 21 de diciembre de 1942), pero, sobre todo, descubrió una técnica para fabricar pizarrones sobre masonite (esto es, tableros de fibra de madera comprimida) y láminas de acero. A partir de este descubrimiento, fundó en 1940 la empresa Pizarrones de México, S.A., que contaba con una planta en Naucalpan y llegó más tarde a ser la fabrica más importante de pizarrones de América Latina. La empresa no se limitaba a producir y comercializar pizarrones, sino también otros artículos escolares e incluso libros, como el Atlas Anatómico Objetivo. Con el tiempo, Benjamín incluyó como socios a sus hermanos y a los de su esposa.

En aquellos años, el principal comprador de materiales escolares era naturalmente el gobierno federal y lo hacía en gran cantidad, por lo que la empresa alcanzó un gran éxito entre las décadas de 1940 y 1960. Una crónica de 1962 refiere algunas de estas compras y menciona de paso los esímulos que recibía del gobierno esta empresa:


Están instalando unos pizarrones "mágicos", de novísimo diseño y de un acabado que es sorprendente. Y hacia uno de esos planteles fuimos con el objeto de contemplar de cerca esta originalidad del pedagógico elemento. Allí vimos esos pizarrones "magnéticos", y los llaman así porque observamos que las letras, el gis, los mapas, figuras geométricas y el mismo borrador se adhieren al pizarrón, y el que los utilice puede con facilidad ir moviendo los útiles a su antojo y conforme los necesite. De color azul agua, estimulante, muy agradable, se escribe en ellos nítida y silenciosamente, y además tienen una dureza extraordinaria, de tal manera que los niños nunca los podrán maltratar. Supimos también que estos novedosos y útiles pizarrones, fueron contratados con la firma "Pizarrones de México", industria nacional que viene distinguiéndose en la fabricación de distintos materiales pedagógicos, sus pizarrones mágicos, para usarse en las construcciones educacionales modernas. Grande fue nuestra satisfacción al contemplar estos elementos tan valiosos a la educación, pues no olvidamos que el señor Presidente de la República, licenciado Adolfo López Mateos, ha demostrado siempre un primordial interés por el fomento educativo de nuestro país, habiéndose traducido en el presente caso por medio de un estímulo para esta industria mexicana, que fabrica novedosos e interesantes pizarrones de singular calidad. En el presente, en todas las escuelas primarias y secundarias que construye el Departamento del Distrito Federal , se instalan estos novedosos y útiles pizarrones; con ellos se satisface una necesidad de los nuevos lineamientos de la enseñanza, lo cual se traducirá en una mejor educación. Así , estas escuelas del Departamento del Distrito Federal, estarán equipadas en ese aspecto al igual que las estadounidenses y europeas, pudiendo considerarse desde ahora y sin hipérbole, como las mejores del país, habiéndolo entendido de esta manera el propio Regente de la ciudad, el licenciado Ernesto P. Uruchurtu, cuyo afán por el constante mejoramiento de la ciudad ha recibido el unánime aplauso de la sociedad.
 
Fuente: revista
Hoy, 17 de febrero de 1962, p. 43.

En 1957 y 58, Benjamín patrocinó la misión político-educativa dentro de la campaña de Adolfo López Mateos a la presidencia de la República, que se desplegó con el lema "Fomentando la educación iluminaremos más la senda por la que ya México marcha". Participó después en la fundación de Dirección General Publicitaria de Fomento Educativo Nacional, que se convirtió más tarde en el Consejo Nacional de la Publicidad. Ahí, en 1960, se ocupó de la campaña de restauración de escuelas bajo el lema "Mejores escuelas harán de nuestros hijos mejores mexicanos".

Don Benjamín Rodea no visitaba Aculco con frecuencia. Pero una de sus visitas quedó consignada en la columna "Multicosas" de Bernardo Alcántara, en el periodico Aculco del 30 de septiembre de 1959: "Después de muchos años de no venir a Aculco, el domingo pasado nos visitó el Sr. D. Benjamín Rodea Castillo, Gerente de la importante negociación "PIZARRONES DE MÉXICO", y nos dijo que lo había encontrado tan simpático y atractivo que espera visitarlo con más frecuencia, ya que es el pueblo donde él nació". Aquella visita de Rodea tuvo además otro resultado: la donación de pizarrones para la escuela secundaria del pueblo, como relata el número de enero de 1960 del mismo periodiquito local. Unos pizarrones verdes, recuerda mi padre, que llamaban la atención en una época en que lo habitual era que fueran negros:


La esposa del Señor Presidente de la República Obsequia Preciosos Pizarrones a la Secundaria
"Pizarrones de México" en la Secundaria
 
Hay un refrán muy antiguo que dice: "El que no llora, no mama", y realmente que se ha cumplido una vez más, y para satisfacción nuestra, a favor de este Aculco querido. Todos conocen el dinamismo, la enorme capacidad mental que se encierra en la distinguida persona de nuestro paisano el señor D. benjamín Rodea, autor y realizador de los extraordinarios y útiles "PIZARRONES DE MÉXICO", considerados por quienes esto entienden, como un prodigio y una revolución dentro del material escolar, y clasificados como los mejores del mundo. Pues bien, bastó abrir la boca, que D. Melitón Alcántara, Presidente del Patronato de la Escuela Secundaria “VENUSTIANO CARRANZA” llorara tantito al Sr. Rodea, exponiéndole el lamentable estado de los pizarrones de su Secundaria, para que éste, que ha entrado de lleno en el grupo de personas amantes y finos en todo lo que a progreso y mejoramiento de Aculco se refiere, sin guardar a que el lloro se convirtiera en sollozo, hiciera un espontáneo ofrecimiento de 11 hermosos pizarrones que dieran categoría a las aulas de la Secundaria de Aculco. Pero no paró ahí la cosa. El señor Rodea que, precisamente por ese dinamismo, y esa personalidad de que hablábamos arriba, está en contacto muy cercano con la señora Eva Sámano de López Mateos, habló del ofrecimiento hecho con la esposa del Sr. Presidente de la República, y fué la misma señora esposa del Presidente quien, en un gesto de distinción que tanto honra a Aculco, hiciera saber al señor D. Benjamín Rodea que ella misma quería hacer el obsequio de los pizarrones a nuestra Secundaria. Sus múltiples compromisos y ocupaciones imposibilitaron a nuestra distinguida donadora asistir personalmente al acto de colocación de dichos pizarrones, y nombró como su representante a D. Benjamín Rodea, para que, al mismo tiempo que lo hacía portador de una carta, él en su nombre hiciera la entrega oficial. Fué, pues, D. Benjamín, quien en el momento de colocación de los pizarrones en las Aulas de la Secundaria, dió lectura al contenido de la carta firmada por la señora del Presidente de la República, siendo muy aplaudida.
“ACULCO” se complace en resellar este gesto tan distinguido de la Primera Dama de la República hacia nuestro pueblo, al mismo tiempo que reitera su profundo agradecimiento a nuestro amigo D. Benjamín Rodea, por cuyo conducto y a cuya iniciación se debe el que la Secundaria de Aculco, luzca muy orgullosa sus magníficos pizarrones que tanto facilitan el trabajo escolar, por sus múltiples aplicaciones que son producto del esfuerzo y del talento de su prodigioso ingenio. ¡MUCHAS GRACIAS, D. Benjamín Rodea y que su noble trabajo se vea siempre coronado con grandes éxitos.

La cercanía con los políticos de que tanto presumía don Benjamín terminó, sin embargo, por pasarle factura. Uno de sus socios en Pizarrones de México era ni más ni menos que Ezequiel Padilla, importante político guerrerense que fue diputado, senador, procurador general de la república, embajador, catedrático de la UNAM, secretario de Educación Pública y secretario de Relaciones Exteriores, entre otros cargos, y supo mantenerse sorprendentemente vigente desde el Maximato callista hasta el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Al parecer, la sociedad entre Rodea y Padilla fue fructífera hasta mediados de la década de 1960, cuando terminó de manera bastante abrupta:


El Sen. Ezequiel Padilla y su Hijo Edgardo Acusados de Varios Delitos
Lío Derivado de un Negocio Industrial que estableció en Sociedad con un Individuo
 
MEXICO, D. F., febrero 24 (AEE).— Benjamín Rodea Castillo acusó al senador Ezequiel Padilla y a su hijo Edgardo Padilla Couttolenc, en la Procuraduría del Distrito Federal, por los delitos de fraude, abuso de confianza, homicidio en grado de tentativa, amenazas y otros, según acta que radica en la mesa 22 de la mencionada dependencia.
Rodea Castillo acusó a Ezequiel Padilla de haberse apoderado mediante argucias, de la empresa Pizarrones de México, que en la actualidad tiene un valor de dos y medio millones de pesos. Puntualizó que Ezequiel Padilla y su hijo entraron en sociedad, expulsándolo y quedándose con el negocio.
El denunciante afirma que fue atacado el día 29 del pasado enero por Gabriel Herrerías, incondicional del senador, y que pudo repeler la agresión.
Señaló que para visitar al senador Padilla, será necesario que la Cámara de Senadores se erija en gran jurado, debido a la impunidad de que goza Ezequiel, y que para ello enviará una copia de su acusación al cuerpo legislativo.
Si la Cámara —dijo— se abstiene de conocer el caso, el querellante se reserva sus derechos para acusar a Padilla cuando termine su periodo en la misma. Rodea Castillo informó que durante la sociedad con Padilla no le cubrieron $750,000.00 que invirtió en montar las oficinas de la empresa y un taller que costó más de $100,000.00. Agregó que tampoco le cubrió su sueldo mensual de $15,000.00, ni las utilidades, que fueron de más de $125,000.00.
Puntualizó que interpuso juicio laboral en la Junta de Conciliación y Arbitraje, y que ha sido presionado y amenazado de muerte para que se desista del juicio.
 
Fuente:
El Informador, 25 de febrero de 1966

Un mes después de que se denunciara la maniobra de Ezequiel Padilla y su hijo para despojarlos de todos sus derechos en Pizarrones de México, el senador denunció a su vez a don Benjamín y a su esposa por el delito de abuso de confianza por la suma de veintitrés mil pesos. El matrimonio tuvo que comparecer ante el juez, ante quien insistieron en que ellos eran las víctimas.

El pleito se prolongaría por años. Ezequiel Padilla y su hijo, además, supuestamente desmantelaron la empresa y vendieron la mayor parte de sus instalaciones a espaldas de sus socios. El fraude se estimaba en tres millones de pesos de la época (unos 35 millones de pesos actuales). En 1970 la parte acusadora obtuvo de un juez de Tlalnepantla una orden de aprensión contra Padilla y las autoridades detuvieron en efecto a su nieto, también acusado, Alejandro Gómez Padilla. Del resultado final del caso no tengo información.

Don Benjamín cambió en 1971 su residencia a Querétaro, donde fundó y urbanizó el fraccionamiento -más bien modesto- de Los Ángeles de Santa Rosa, en Santa Rosa Jáuregui, y creó una industria alimentaria, Alimentación Familiar Apetitosa, S.A.de C.V., que fue centro de capacitación para mujeres campesinas y planta piloto para un programa nacional. La empresa tenía oficinas en la Ciudad de México, en la calle de Lago Merú número 45, colonia Granada.

Rodea, además de sus facetas como inventor e industrial, fue también, a su modo, un hombre de letras. En 1965 escribió el ensayo "Tardía respuesta a un amigo", sobre los temas de enseñanza, personalidad, honradez, felicidad y éxito. Cuatro años después publicó un libro sobre su pleito con Ezequiel Padilla, titulado Maquinación de fraude de un senador, caso Benjamín Rodea Castillo vs Ezequiel Padilla, "Pizarrones de México", S.A., de 1965 1969. Insistió sobre ese tema en sus siguientes libros: En lucha desigual contra un político (1966), Injusticias por doquier (1978), y Mi peor error, creer en el sistema (1983). Finalmente, en 1991 escribió un curioso volumen titulado Método Entusiasmo, del que se llegaron a imprimir casi 20 mil ejemplares, el cual ofrecía "desarrollar simultáneamente las energías físicas, morales e intelectuales; crea y protege la 'buena suerte'; propicia el rechazo a los vicios y se logra mucha fuerza y larga vida". Era, a decir suyo, "su último esfuerzo dentro de la modernización educativa".

Hasta ahora no he podido localizar la fecha de fallecimiento de este notable aculquense. Quizá alguno de sus descendientes o familiares pueda ayudarme con este dato y, de paso, contarnos algo más sobre él.