viernes, 11 de septiembre de 2026

La devoción al Señor del Santo Entierro de Aculco (1743)

En el interior de la parroquia de Aculco, el primer retablo que se encuentra del lado de la epístola (derecho) llama un poco la atención al visitante medianamente conocedor, pues difiere de los demás que existen en la nave. No tanto porque tenga un solo cuerpo, en lo que coincide con el retablo frontero, sino porque es el único que adopta, con cierta libertad, el orden dórico romano y despliega cuatro columnas en su frente. Resulta así más ancho que sus vecinos. Sus columnas, además, lucen un tanto achaparradas, pues no arrancan directamente del banco como el resto, sino que se apoyan sobre un cuerpo prismático alargado que alberga un nicho donde yace la imagen del Señor del Santo Entierro. En lo alto, tiene un entablamento con dentículos y un friso adornado con motivos vegetales dorados; sobre la cornisa se levantan vasos ornamentales en los extremos. En la parte inferior, dos grandes ménsulas sostienen la mesa del altar, actualmente recortada, y entre ellas aparece el monograma de Jesucristo, JHS.

Por su configuración, es evidente que este sobrio retablo fue fabricado expresamente para albergar esta imagen. En la parte superior, entre las columnas, una vitrina guarda la del Sagrado Corazón de Jesús, escultura que, según la tradición local, costeó ni más ni menos que el bandolero conservador Lindoro Cagigas. Parece que éste ha sido también desde antiguo su lugar. Por lo menos, así consta desde 1918, hace 108 años, cuando los inventarios que conozco ya la ubican ahí. Desde entonces, el altar ha perdido solamente dos elementos: un crucifijo, del que no sabemos dónde estaría colocado, y la corona de plata de la propia imagen del Señor del Santo Entierro.

El Cristo del Santo Entierro es una imagen procesional articulada, calculo que del siglo XVIII, que servía especialmente para los oficios de Semana Santa. Mientras que el Señor de Ramos -que representa a Cristo vivo y se guardaba en el Santuario de Nenthé- era quien protagonizaba el prendimiento y el viacrucis, la imagen del Santo Entierro se colocaba en aquella gran cruz verde de brazos ondulantes, que no he vuelto a ver desde que era niño, para representar la Crucifixión. De ahí se le bajaba la tarde del Viernes Santo para colocarlo en su preciosa urna portátil de madera dorada, de la que ya les hablé antes en este texto, y salir en la procesión del Santo Entierro. Después volvía a su nicho en el altar del Sagrado Corazón hasta el año siguiente.

En algún momento, quizá por influencia externa, se volvió popular la representación de la Semana Santa con personas y las antiguas esculturas procesionales fueron perdiendo importancia. Calculo que el Cristo del Santo Entierro no ha vuelto a ser "crucificado" desde hace unos cuarenta años.

Parece ser que el Señor del Santo Entierro del templo de Aculco gozó en el pasado de gran devoción. En su nombre, alguno de sus devotos instituyó, todavía en tiempos del Virreinato, una obra pía con cierta cantidad de "bueyes, vacas y cabras". Con los frutos que produjera aquel ganado debían celebrarse en el convento "distintas misas por honras del Santo Entierro de Cristo, Señor Nuestro y que se convirtiesen los demás frutos en culto de esta santísima imagen".

Sabemos de esta obra pía gracias a que, en 1743, la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México reclamó al indio Gaspar Asensio, encargado del manejo y administración de sus bienes, que no hubiera rendido cuentas de ellos ni de su crecimiento y se limitara a entregar la limosna para las misas. El documento es medianamente interesante, por lo que lo transcribo aquí, esperando no aburrir a mis lectores:

México, julio 9 de de 1743 años.
Líbrese despacho sometido al juez eclesiástico de San Gerónimo Aculco para que haga comparecer a Gaspar Asensio y le notifique que dentro de seis días ponga de manifesto todos los bienes que están de su cargo pertenecientes a la obra pía que se refiere, dando cuenta de lo que ha entrado en su poder y su distribución y en caso de resultar alcance contra el susodicho, con auxilio de la Real Justicia le ponga preso y haga todas las diligencias convenientes al seguro de dichos bienes. Así lo proveyó el señor D. Francisco Xavier Gómez de Cervantes, juez provisor y vicario general de este Arzobispado. Y lo rubrico.=

Pablo Antonio de Sotomayor, vecino y del comercio de esta ciudad, apoderado del síndico general de la Provincia de el Santo Evangelio por lo tocante a el convento de San Gerónimo Aculco, como mejor proceda por derecho y con las protestas necesarias y competentes dijo = Que a cargo de un indio nombrado Gaspar Asensio en aquella jurisdicción se hallan distintos bienes de bueyes, vacas y cabras destinados para la obra pía de que se celebren por el convento distintas misas en honra del Santo Entierro de Cristo, Señor Nuestro y que se convirtiesen los demás frutos en culto de esta Santísima Imagen.-

Dilatado tiempo ha estado dicho Gaspar Asensio corriendo con la administración y manejo de estos bienes sin que hasta ahora haya dado cuentas algunas de sus productos sino sólo contribuyendo con la limosna de las misas que le ha parecido. Pero no se sabe qué productos, digo, aumentos haya, cuando según la naturaleza de los bienes debe haberlos por ser por sí fructíferos y augible; Y es m con cuyo en derecho que en razón de administración se debe compeler a el ecónomo a que dé en forma cuentas de lo que ha sido a su cargo, y las mismas disposiciones legales enseñan que cuando es sospechosa la persona de el administrador se prenda y asegure, y es innegable que por sí es dicho Gaspar Asensio persona sospechosísima.-

Pero en la presente es inngeable que se ha hecho mas sospechoso dicho Gaspar Asencio, porque llevado de su cavilosísimo genio se ha inherido en pleitos conmoviendo a varios indios del pueblo de la Concepción para empresas muy arduas y costosas como es el litigio que hoy tienen sobre punto de aranceles maltratando y vejando a los que no le han querido seguir, y es verosímil y muy natural que para el fomento de sus cabilaciones heche mano de los bienes de esta obra pía y que quede extenuada, y aún destruida.

No puede ofrecerse duda alguna en la acción que le asiste a el convento mi parte no sólo para exigir los frutos pretéritos y corrientes, y para pedir las cuentas para que lo producido se convierta en su destino piadoso, sino para solicite el seguro e indemnidad del principal para lo futuro, para que no solo no decaezca, sino que antes se aumente dicho principal, en cuya atención se ha de servir V. S.justicia mediante de mandar se me libre despacho cometido a cualquier eclesiástico que sea requerido para que haga que dicho Gaspar Asensio dé las referidas cuentas, exhiba los productos y frutos de dichos bienes, y los que existieren se secuestren y depositen a satisfacción de mi parte. Para todo por la ninguna seguridad que [...] la persona el dicho indio se asegure en la prisión primero y ante todas cosas y se impongan graves penas para su cumplimiento por lo qual a V. S. suplico así lo mande pido justicia juro [...]. Pablo Antonio de Sotomayor.

Por cierto, este documento permite entrever que hay un trasfondo adicional en la mala administración de la obra pía del Santo Entierro: la actitud un tanto revoltosa de Gaspar Asensio, quien, como se ve aquí, animaba a los habitantes del pueblo de La Concepción a mantener un pleito por el pago de los aranceles -los pagos que los pueblos de indios hacían al convento o doctrina por la atención religiosa-, que seguramente sostenían con los frailes del convento de Aculco.

FUENTE:

El documento es consultable en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:939Z-RR96-9S?view=fullText&keywords=Aculco%2CEvangelio&searchForm=advanced&lang=es&groupId=M9ZY-DXB

viernes, 4 de septiembre de 2026

San Francisco Acazuchitlaltongo: el pueblito polotitleco que quería seguir siendo aculquense

En la historia colonial de Aculco, San Francisco Acazuchitlaltongo es posiblemente uno de los pueblos menos mencionados entre los que estuvieron bajo su jurisdicción. Hoy pertenece al vecino municipio de Polotitlán y, debido a ello, a su lejanía y a su escasa relevancia demográfica, recibe muy poca atención desde Aculco. Sin embargo, tiene una particularidad que debería hacerlo importante para nosotros: de todos los pueblos que en algún momento fueron separados de Aculco para incorporarlos a municipios vecinos, San Francisco Acazuchitlaltongo fue el único que exigió regresar a su antigua jurisdicción, aunque no lo consiguió.

Acazuchitlaltongo es una palabra que procede del náhuatl. Sus raíces son acazochitl, "flor de caña", una planta aromática; tlalli, tierra; el sufijo -ton, que se aplica como diminutivo, "pequeño"; y -co, sufijo locativo que significa "en". Como también existe el topónimo Acazuchitlán sin esos sufijos, su etimología podría decir: "en el pequeño Acazuchitlán" o bien, desanudando todo su contenido, "en la tierrita de la flor de caña".

San Francisco Acazuchitlaltongo aparece por primera vez en 1551 con la grafía Acaxochitlatonco (más cercana a su nombre en correcto náhuatl), en un documento que los naturales de la provincia de Jilotepec enviaron al rey de España para quejarse por los daños que los dueños de ganados les estaban causando en sus sembradíos, casas y personas. Dicho documento señala que Acaxochitlatonco, junto con los pueblos de Tutelpeque y Acaualcinco, "están destruidos por los ganados del tesorero y del Secretario Antonio de Turcios, y han huido más de ochocientos macehuales y dejado sus casas y heredades" (0). Años más tarde se le vuelve a mencionar en una merced de tierras de 1591 concedida a don Vicente de los Ángeles, indio principal del pueblo de Jilotepec, como uno de los colindantes con las tierras otorgadas en esa cesión (1). En enero de 1609, otra serie de documentos informa que sus habitantes conservaban sin embargo memoria de una merced concedida al pueblo en 1554:

Gabriel Jiménez, Lucas de San Francisco, Nicolás de San Diego, Pablo Bernardino, Felipe Nicolás, Julián de San Francisco, y demás común y tributarios del pueblo de San Francisco Acaxuchitlantongo sujeto a la cabecera del dicho Jilotepec, de la doctrina de San Gerónimo Aculco [com]parecemos ante Vm. y decimos que por nuestros antecesores sabemos que el Exmo. Señor Virrey segundo de esta Nueva España, que lo fue D. Luis de Velasco, por los años de mil quinientos cincuenta y cuatro hizo merced al pueblo de un sitio de estancia para ganado menor en la parte que llaman Acaxuchitlantongo, cuyo pago está en la mediana de dos cerros grandes, y dos lomas tendidas [...](2)

Para explicar la ubicación de esta merced presentaron un "mapa" nuevo, que según certificó el escribano estaba trazado de esta manera: "se ve que el pueblo de San Francisco Acacuchitlantongo se halla en mediania de unos cerros y lomas tendidas se ven contiguos tres cerrillos, pequeños, un ojo de agua que manifiesta por el lado del poniente junto al camino, que viene de San Juan del Río para Jilotepec: esto es lo que contiene y no otra cosa". Aunque los documentos originales que respaldaban esa merced se les habían perdido y no pudieron hallarlos tampoco en el archivo del virreinato, por lo que tuvo que realizarse un procedimiento legal que incluyó la presentación de testigos para ser interrogados y un recorrido o "vista de ojos" por las tierras reclamadas con el fin de verificar su superficie y darles un nuevo sustento legal. Este recorrido y medición aporta algunos datos interesantes sobre el pueblo:

Para el efecto mande traer cordel de pita bien encerado y con una vara castellana de cuatro cuarta sellada mandé medir el cordel de cincuenta varas y tomando por centro a la iglesia vieja del pueblo, se hizo una medida cruzando en los cimientos de dicha iglesia vieja, y se halló tener de norte a sur, cincuenta cordeles cuarenta varas Castellanas, que hacen dos mil quinientos cuarenta varas castellanas. Se halló tener de oriente a poniente sesenta y seis cordeles diez y siete varas que contienen tres mil trescientos diez y siete varas Castellanas, con lo que queda concluído, y concluyo la la medida de centro cruzado, por no tener a la vista documento antiguo que nos señale el verdadero centro. Comenzamos a medir con el mismo cordel de cincuenta Varas, para saber la suma, que hay alrededor del sitio que poseen. Se empezó la medida por el rumbo de oriente tendiendo el cordel de sur a norte donde hace una esquina se midieron cuarenta y ocho cordeles treinta Varas que hacen la suma de dos mil novecientas y treinta varas. Pasando esta medida por un llanetillo y piedras sueltas, encinales, bajando por la loma tendida, a otro llanete a donde se dio vuelta por la parte del norte, de aquí se miró para el poniente siguiendo el rumbo laderiando por dicha loma tendida a dar a un arroyo aeco poblado de encinos pasando por otros dos arroyos que vienen de los cerros gran despor unos peñascos hasta otro llanete antes de llegar a otro llanete pedregudo que está cerca de un ojito de agua donde se ven unas piedras fijas atravesando la Loma tendida pedregosa, un arroyo seco, que van de la loma alta a dar a una piedra suelta quedaron medidas de oriente a poniente cincuenta y cinco cordeles setenta varas, que hacen, dos mil ochocientos veinte varas: de aquí se miró para el sur, a dar a un lindero que se haya en un llanete donde hace una jolla [hoya] atravesando un caminito pedregudo y que se haya en una jollita, laderiando la loma tendida tendida donde se ven palmas y pedregosas a dar a un arroyo hondo, a dar a una piedra fija; quedaron medidas, de norte a sur dos cordeles y cuarenta varas, que son ciento y cuarenta varas. Por el lado del sur, se miró de poniente a oriente, a un cerro grande, un arroyo seco que van de la loma tendida a San a un llanetillo que llaman el Hídolo que se ve poblado de encinos, palmas silvestres, siguiendo el rumbo, laderiando y hasta dar a donde se comenzó la medida quedando medidos de poniente a oriente setenta y seis Cordeles, ocho varas, con lo que se concluyó la medida , por los cuatro vientos al rededor: así como también la medida del centro, Cruzado , tomando por centro la iglesia vieja.

Este texto revela la existencia de una "iglesia vieja" de la que quedaban sólo los cimientos. ¿Habría también ya entonces una iglesia nueva o el pueblo simplemente carecía de templo? La ruina de las iglesias viejas en aquellos años, en casos como el del no tan lejano San Ildefonso Tultepec, se debía a las campañas de congregación que habían vaciados los pueblos para concentrarlos en los más grandes, por lo que podría tratarse de una situación análoga. Por otra parte, la existencia de un llano al que llamaban "el Hídolo", es decir, el Ídolo, quizá indica la existencia de alguna escultura o imagen prehispánica en el punto.

De la medición de sus tierras, resultó que les faltaba aproximadamente una cuarta parte de las tierras que aseguraban haber recibido del virrey Velasco. Sin embargo, decidieron en aquel momento no reclamar a quienes se habían introducido sino que simplemente se les reconociera la extensión que poseían pacíficamente, con en efecto se hizo. A pesar de ello, hacia 1675 el pueblo se hallaba nuevamente en conflicto con sus vecinos al parecer debido a que se le señalaba como un lugar despoblado y que por tanto podía ser sujeto a nuevas reparticiones. Para demostrar que no era así y que se hallaba habitado, los naturales pidieron en diciembre de aquel año una visita que se certificara la celebración de misas y la existencia de casas:

Digo que dicho día diez y seis del corriente llegué yo dicho teniente a dicho pueblo referido a ser citacion a los indios pobladores de él, y en él hallé al padre predicador guardián ministro del pueblo y convento de San Jerónimo Aculco, fray Antonio de Arteaga, el cual habiendo yo dicho teniente llegado y tocado las campanas en señal que llamaban a misa se revistió dicho padre para decir misa como con efecto la dijo cantada. Y así la oí [...]jente españoles y indios en una iglesia vieja destejada dentro la cual se hizo en jacal de zacate y una ramada de ramas verdes a este efecto = Y así mismo para lo que se pide hay hoy al presente cantidad más de doce ranchos de jacales de paja y dentro de ellos vi veinte indios que todos dijeron ser naturales de este dicho pueblo de San Francisco Acaxuchitlatongo. Todo lo cual certifico ser así [...]

Es interesante ver aquí que en 1675 no se había reconstruido o terminado de reconstruir la "iglesia vieja" que había en 1609 (aunque según parece ya había algo más que sólo los cimientos que se mencionaban entonces) y por eso se le tuvo que levantar en su interior un jacal para celebrar la misa. Por otra parte, en el mismo expediente se menciona que los vecinos de San Francisco cultivaban entonces "maíz, chile y otros géneros para el sustento de sus casas".

Poco más de 20 años después, vuelve a aparecer -aunque mencionado sólo por su advocación de San Francisco- en la enumeración que hizo fray Agustín de Vetancurt hacia 1697 de los pueblos que estaban entonces sujetos a la doctrina de San Gerónimo Aculco:

Aculco [...] Tiene doce pueblos de visita con sus iglesias; dos de Nuestra Señora, de San Pedro, San Miguel, Santiago, San Lucas, Nuestro Padre San Francisco, San Ildefonso y Santa Clara, donde se alternan dos misas. (3)

En 1712, en el expediente de composición de tierras de San Gerónimo Aculco, aparece nuevamente entre los pueblos de su "agregación" (4). Y también como parte de su jurisdicción eclesiástica cuando se erigió como parroquia en 1759. Luego, su pista se nos pierde por casi por siglo hasta 1852, cuando San Antonio Polotitlán obtuvo su separación de gobierno respecto de Aculco y San Francisco Acazuchitlaltongo -junto con otros territorios antes aculquenses- fue incorporado al municipio naciente. Los habitantes de San Francisco Acazuchitlaltongo protestaron pues deseaban seguir perteneciendo a la municipalidad de Aculco como hasta entonces. El asunto no se resolvió por varios años, sin embargo, el 1o. de enero de 1865 la superioridad determinó que el poblado pertenecería definitivamente a Polotitlán. (5)

Resulta un tanto curioso que, mientras otras demarcaciones aculquenses pidieron unirse a Polotitlán, San Francisco Acazuchitlaltongo lo rechazara. Creo que esa negativa debe entenderse en el contexto de la larga historia de conflictos por la tierra entre pueblos y haciendas en el campo mexicano. Polotitlán había nacido no como uno de los antiguos pueblos de indios, casi siempre con alguna raíz prehispánica, sino como un experimento de colonización interior promovido por hacendados, rancheros y propietarios de la zona. Si se revisa la nómina de las localidades que se incorporaron al nuevo municipio, se verá que casi todas estaban ligadas a la gran propiedad. No parece extraño, entonces, que el único pueblo antiguo se resistiera a formar parte de una nueva entidad creada por quienes habían sido sus "enemigos históricos".

Pero la historia entre Aculco y San Francisco Acazuchitlaltongo no termina ahí. Durante la Reforma Agraria, una porción de las tierras ejidales entregadas a San Francisco Acazuchitlaltongo -la cuarta ampliación de su ejido- está dentro del municipio de Aculco. Así que si el pueblo mismo de San Francisco ya no es parte de nuestro municipio, sí lo es -parcialmente- el Ejido de San Francisco Acazuchitlaltongo (6).

Hoy en día, San Francisco Acazuchitlaltongo sigue siendo un poblado muy pequeño, situado en el rincón noreste del municipio de Polotitlán, casi sobre el límite entre los estados de México e Hidalgo. Conserva el mismo patrón disperso y sin traza regular que debió de tener desde tiempos coloniales. Aunque ya ninguna casa resulta reconocible como antigua, las largas bardas de «piedra sobre piedra», los nopales y los fresnos de calles y caminos forman un conjunto que revela claramente la antigüedad del asentamiento.

Ni siquiera el templo parece conservar mucho de su estructura original. Es un pequeño edificio de una sola nave, con la fachada orientada al poniente, bóveda y cúpula de concreto. La fachada, recubierta de piedra negra, tiene por único adorno una portada de recinto, con una cruz labrada en la clave. Sobre ella se levanta una espadaña de dos cuerpos y tres claros, con un par de campanas, la menor de las cuales quizá sea antigua. Lo único que sin duda se remonta al virreinato es la antigua imagen titular de san Francisco, estofada y policromada, de mediana calidad y algo maltratada, pues tiene varios dedos rotos.

 

NOTAS:

0. AGI; México; 96, R. 1; fs. 1r-10v.
1.AGN, Mercedes; v. 17; exp. 432; fs. 121r-121v.
2. Títulos del Pueblo de S. Francisco Acaxochitlantongo en Jurisdicción de Xilotepec, 1774. Tierras, vol. 981, AGN. Disponible en: "Mexico registros," imágenes, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:3Q9M-CSD2-63SJ-2?view=explore : 31 ago 2026), Imagen 521 de 813; . Número del grupo de imágenes: 007984295
3. Fray Agustín de Vetancurt. Chronica de la provincia del Santo Evangelio de México, México, imprenta de doña María de Benavides, 1697, p. 87.
4. Composición de tierras del pueblo de San Gerónimo Aculco. Sección Tierras. Caja 1. Expediente s/n. Archivo Histórico Municipal de Aculco. El documento es una copia de 1783 del original de 1712.
5. Confirmación de la pertenencia del pueblo de San Francisco Acazuchitlaltongo al municipio de Polotitlán. Jilotepec, enero 1º de 1865. Sección Milicia (por error). Caja 2. Archivo Histórico Municipal de Aculco.
6. El pueblo de San Francisco Acazuchitlaltongo recibió su primera dotación de 644 hectáreas en 1934, tomadas de la hacienda de Arroyozarco y del rancho de San Francisco (donde hoy en día se halla la ganadería de toros bravos de Arroyo Zarco).